www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El zarismo de Putin

viernes 09 de agosto de 2013, 02:06h
La decisión del presidente Barak Obama de cancelar la cumbre prevista con el mandatario ruso Vladimir Putin, a propósito del G-20 en Moscú, es un serio toque de atención de la Administración norteamericana que puede desembocar en un cambio de actitud más profundo hacia la política desplegada por el Kremlin en los últimos años.

El aparente motivo de disputa, originado por el amparo al espía Edward Snowden, resulta ser la gota que colma el vaso de desavenencias cada vez de mayor calado. Las declaraciones oficiales de la Casa Blanca han subrayado, sin duda, la decepcionante decisión rusa de conceder asilo a Snowden.

Independientemente de que se consideren las filtraciones de éste como un acto de traición y espionaje, o, por el contrario, un gesto en defensa de la intimidad individual frente a los abusos de los servicios de inteligencia, parece estar fuera de toda duda que el refugio dado por Vladimir Putin no obedece precisamente a un amor por la libertad de expresión y los derechos civiles, muy comprometidos por el poder moscovita. La operación de asilo de Edward Snowden se asemeja más a la protección del Krelim al espionaje y a las filtraciones de información comprometedora para su enemigo estadounidense durante la Guerra Fría.

Este retorno de Moscú a la mentalidad de confrontación propia de la aparentemente superada Guerra Fría es lo que auténticamente ha comenzado a disparar las alarmas de la Administración de Obama. Desde hace tiempo, ésta encuentra una nula colaboración de Rusia en cuestiones cruciales como la carrera de armamentos, especialmente de índole nuclear, negándose a contribuir al control del desarrollo de misiles intercontinentales con carga atómica por parte de Irán. Del mismo modo, la Administración norteamericana ve en el Kremlin el principal sostén del criminal régimen de Bashar al Assad en Siria, y, por lo tanto, la razón última que está prolongando la sangrienta guerra civil que asola este país. Los actuales mandatarios rusos no se distinguen tampoco por promover dentro de la nación y en su área de influencia los derechos humanos.

Sin duda, la particular mentalidad de Vladimir Putin está embebida en un nacionalismo zarista que le empuja a mantener en política internacional aspectos trasnochados de la confrontación de la extinta Unión Soviética frente a Occidente. Es obvio que las relaciones no se pueden romper, y, de hecho, las negociaciones continuarán en Moscú al nivel de secretaría de Estado. Pero urge que Putin modifique su caduca y anacrónica visión del tablero internacional, sustituyendo su actual rol de viejo zar por otro a la altura de los tiempos, basado en la cooperación internacional.

Es legítimo que la Administración de Obama presione en esa dirección y prevenga un retorno aún más grave a confrontaciones que evocan la Guerra Fría. Mucho mejor si la ciudadanía rusa reacciona para reemplazar al trasnochado zar que es Putin por un gobernante más acorde con los nuevos tiempos que afronta Rusia.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.