RESEÑA
Anónimo: Una mujer en Berlín
domingo 11 de agosto de 2013, 12:26h
Anónimo: Una mujer en Berlín. Introducción de Hans Magnus Enzensberger. Traducción de Jorge Seca. Anagrama. Barcelona, 2013. 328 páginas. 18,90 €
A diferencia de una novela de cualquier estilo, leer un diario es siempre adentrarse en un universo personalísimo y subjetivo que nos deja al desnudo los pensamientos y sentimientos de la persona que lo redacta. Todos lo que se hayan enfrentado a la lectura del celebérrimo diario de Ana Frank han sufrido casi en su propia piel las sensaciones y vivencias que nos relataba la niña judía sobre la persecución nazi en Ámsterdam.
En esta ocasión, Una mujer en Berlín añade un punto más de dramatismo ya que se desconoce la identidad de la redactora del diario que se recoge en sus páginas. De ella solo vamos a saber lo que nos transmite con sus palabras, y se puede afirmar con rotundidad, que no es poco.
Nos encontramos en Berlín, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, los rusos van cercando y ganando terreno a las últimas tropas nazis que tratan de defender, casi a sabiendas de que la contienda está perdida, la capital y símbolo del poder del país gobernado por Adolf Hitler. Como ha cambiado el significado de la frase que tanto se repetía antaño: “Todos esto es gracias al Führer”. Nuestra protagonista nos comienza a relatar las penurias de los últimos días antes de la entrada de los rusos en Berlín. El hambre, el frío y el miedo durante los bombardeos son una constante en la vida de ella y de sus vecinos.
Pero si el tiempo previo a la caída de la ciudad había sido duro, como en todas las guerras, ahora quedaba enfrentarse a lo peor de todo, la llegada de los vencedores. Soldadesca rusa que después de meses en el frente llega al destino final, a la conquista del último de los bastiones que haría que el enfrentamiento armado llegase a su fin. Rendición, victoria y necesidad irracional de someter a vejaciones al vencido.
Se barajan muchas cifras sobre el número de violaciones y agresiones sexuales que sufrieron las berlinesas, pero no hace falta buscar una cifra exacta. Basta con leer el frío relato de la rutina sexual que vivió la protagonista de este libro y sus compañeras en esos duros días de la postguerra.
Es francamente duro leer como los cuerpos de las mujeres de Berlín fueron el sacrificio que sació la sed depredadora rusa, como ellas sufrieron, más que la mayoría de los hombres de la ciudad, los desmanes del desenlace del plan lunático de Adolf Hitler. Padecieron más porque mientras se lee la rutina diaria a la que se enfrentaron, se piensa, con toda lógica, que quizás sería mejor haber recibido una bala certera en la frente antes que tener que convertirse en un juguete al servicio de la tropa, casi como una meretriz que recibe a cambio en vez de dinero alimento y protección.
Un diario duro y cruento, pero que no nos trata de vender ninguna cosa que no fuese cierta. Su autora, bajo el plomizo cielo berlinés, con el sonido de la guerra percutiendo sus oídos, comenzó un relato que ella sospechaba que nunca vería la luz. Por suerte, el destino ha hecho que llegue a nuestros días y podamos hacer nuestras las vivencias de esta “Fräulein” que no se rindió, sino que luchó por sobrevivir a la situación en la que se encontraba y que era consecuencia de decisiones de terceros que nunca pensaron en el pueblo que gobernaban sino en sí mismos.
Por Jorge Pato García