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El escalón Bárcenas

miércoles 14 de agosto de 2013, 01:49h
Francisco Álvarez-Cascos y Javier Arenas, ex-secretarios generales del PP entre 1989 y 2002, Luis Ortiz, empleado de caja, y Cristóbal Páez, sustituto de Bárcenas en la Gerencia del partido, declararon ayer ante el juez Pablo Ruz. Y hoy le toca el turno a la actual secretaria general de la formación, María Dolores de Cospedal. Las declaraciones de altos y ex-altos cargos del PP, una vez completadas hoy, precisan una valoración detenida. Aunque, en primer lugar, debe quedar muy claro que todos ellos acuden a la Audiencia Nacional en calidad de testigos, en una instrucción judicial que exige llevarse hasta sus últimas consecuencias, caiga quien caiga. Si en la investigación del caso Bárcenas se sustancian comportamientos irregulares, los afectados no deben esperar a ser culpables judicialmente para hacer frente a sus responsabilidades políticas. La ética de la responsabilidad política y la cultura de la dimisión son piezas claves en los valores de un sistema democrático, y no deben verse como una catástrofe, sino como el mecanismo esencial para conjurar males mayores que comprometan no ya solo a las personas sino a las propias instituciones.

Pero, ante todo, en esta maraña hay que llegar al fondo del asunto, para que se sepa la verdad de manera taxativa antes de realizar presurosas condenas en juicios paralelos, que no dejan de encerrar intereses espurios. Parece que la oposición con su empecinamiento en la dimisión de Rajoy -que, si se demostrasen determinados hechos, es indudable que tendría que producirse- está poniendo el acento precipitadamente en algo posterior, en algo que podrá demandarse una vez se hayan demostrado los hechos. Da la impresión de que la oposición quiere a toda costa saltarse el escalón Bárcenas, el primero e imprescindible, para alcanzar de una zancada el último, la dimisión del presidente del Gobierno, que parece ser el único y exclusivo peldaño que verdaderamente le interesa.

En el complejo entramado de este caso, no hay que olvidar la impresentable catadura de Luis Bárcenas, cuyas declaraciones como imputado -y hoy habitante de la cárcel de Soto del Real- han estado plagadas de incongruencias, “olvidos”, dobles versiones, cambios y palmarias contradicciones, así como envueltas en una indudable voluntad chantajista, y cuya inmensa fortuna, presuntamente amasada de forma irregular, es un pozo sin fondo, donde hay que internarse hasta qué todo esté completamente diáfano, y que sobre el señor Bárcenas y sus presuntos delitos caiga todo el peso de la ley. Hasta ahora Bárcenas se ha complacido sobre todo en sembrar la máxima confusión, que debe ser dilucidada sin fisuras, entre sus turbios manejos individuales y el cargo que desempeñó. La ciudadanía espera, sin duda, que la escalera se suba sin dilaciones pero peldaño a peldaño. Y el primero es el propio Luis Bárcenas.
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