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Egipto al borde de la guerra civil

jueves 15 de agosto de 2013, 00:48h
El desalojo y ataque a sangre y fuego a las acampadas de los partidarios de Morsi por parte del actual Gobierno egipcio no solo ha sido una acción brutal e inadmisible, que merece la más clara condena, sino también un gravísimo error político –de consecuencias muy peligrosas- cometido por el ejército que a comienzos de julio derrocó a Mohamed Morsi por medio de un golpe de Estado. Un golpe de Estado con no poco de singular y que en su día pareció contar con el apoyo de buena parte de la población ante la escasa sensibilidad democrática de Morsi, que dio rápidamente muestras de sus tendencias faraónicas y de su incapacidad de gobernar para todos los egipcios, y no únicamente para sus correligionarios de los Hermanos Musulmanes, quienes le jalearon a favor de que la Sharia dominara el panorama, en una cada vez mayor deriva fundamentalista.

Nada justifica en lo más mínimo, sin embargo, la furia ejercida contra los seguidores del expresidente, que ha causado decenas y decenas de muertos y más de mil heridos, y ha sumido al país del Nilo en una espiral de enfrentamientos, que no presagia nada bueno. Las autoridades venían advirtiendo de que si persistían en su actitud disolverían las acampadas pro-Morsi y una comisión internacional trató de mediar sin éxito entre las partes enfrentadas. Pero a todos ha sorprendido la violenta acometida de las fuerzas de seguridad en el desalojo.

Tras los sangrientos sucesos en las acampadas, se han producido cada vez más colisiones entre manifestantes pro-Morsi y fuerzas de seguridad en El Cairo y otras ciudades. A causa de lo ocurrido, el vicepresidente egipcio, Mohamed el-Baradei, ha presentado su dimisión por estar en desacuerdo con el mortífero método empleado, y se ha decretado el toque de queda en la capital y otras provincias, así como el estado de emergencia durante un mes. El violento desalojo de los campamentos, además de ese reguero de víctimas, solo ha conseguido crispar más la situación e intensificar sin límites la hostilidad entre el ejército y el Gobierno y los partidarios del depuesto Morsi, que ya han anunciado que continuarán en su apoyo al expresidente y tomarán represalias por la matanza de los campamentos. Con su torpeza asesina, el ejército egipcio ha proporcionado mártires a los Hermanos Musulmanes y a todo el islamismo, sobre todo al radical.

La comunidad internacional ha reaccionado condenando la violencia y haciendo un llamamiento a la calma. Existe una gran preocupación de que Egipto se vea abocado a una guerra civil que, además de lo esto supone, conlleve imprevisibles consecuencias para el país y para la zona. Habrá que estar muy atentos al desarrollo del conflicto que, con razón, ha despertado una creciente inquietud en todo el mundo.
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