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¿Subsidios para pobres o para ricos?

jueves 15 de agosto de 2013, 18:07h
Cada vez se ve con mayor frecuencia en México que cuando un automovilista detiene su vehículo en una estación de gasolina, no pocas personas se le acercan a vender todo tipo de golosinas, alimentos y refrescos. Otros se acercan a limpiar los parabrisas o de plano a solicitar limosna: todos, en el mejor de los casos desempleados, si no es que por su condición de vejez, niñez o invalidez, convocan el donativo caritativo de quien, por el hecho de poseer auto, económicamente se ve o es superior a ellos.

Anuncios recientes del gobierno han señalado que en los últimos años volvió a subir el número de pobres en el país, aun cuando las estadísticas no registran el desempleo, mismo que se disfraza de vendedores ambulantes o bien de vividores de la beneficencia, ahora sí que pública, y que vive de los donativos en cruceros, gasolineras e iglesias al final de los servicios religiosos.

El gobierno mexicano inició hace quince años un programa focalizado al combate a la pobreza. El programa consiste en dar leche a lactantes, becas a los menores, empleo temporal a los padres, cartillas para salud y apoyos para los adultos mayores. En conjunto, estos apoyos suman un gasto importante que se canaliza directamente a los beneficiarios. Este subsidio presupuestal, ha reconocido recién el gobierno, no ha logrado en casi dos décadas eliminar ni, al parecer, disminuir el número de pobres en el país.

Pues cuando usted lea estas notas, el nuevo gobierno federal priista habrá iniciado la negociación con el Congreso para introducir una reforma en el sector energético, una de cuyas medidas centrales tiene por propósito eliminar el subsidio a las gasolinas que representa tres veces el monto del presupuesto que el propio Gobierno Federal destina al combate a la pobreza.

Es decir, cuando un pobre pide “una ayuda” al conductor del automóvil, éste, el dueño del auto, está recibiendo un subsidio-regalo del gobierno equivalente al 40% del valor de la factura. Así, en un tanque de 60 dólares, le obsequia al automovilista 24, en tanto que el marginado social que le pide limosna a éste, en el mejor de los casos, sólo recibirá del gobierno un subsidio equivalente a 6 dólares y medio.
De ese tamaño están las inequidades en México.

¿Cuándo cambiarán las cosas, si es que cambian?

*Director. Instituto Universitario Ortega y Gasset México. Comentarios: [email protected]
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