La comunidad internacional ante la sangría egipcia
domingo 18 de agosto de 2013, 09:13h
La gravísima situación por la que atraviesa Egipto se agrava por momentos. El Nilo se cubre de sangre y la nación lleva camino de convertirse en una inmensa morgue. Pero lo sucedido hasta ahora puede quedarse en anecdótico, aunque evidentemente trágico, si el país de los faraones se instala definitivamente, y todo apunta a ello, en la violencia más desatada. Una violencia que únicamente conduce a una guerra civil que, como en Siria, hundirá al país más y más en una espiral de complicadísima salida. Además de demostrar una inadmisible brutalidad asesina, el Gobierno egipcio cometió un enorme error al desalojar a sangre y fuego los campamentos de apoyo al destituido presidente Mohamed Morsi. ¿Pensaba el ejercito que los Hermanos Musulmanes se iban a quedar impasibles ante la matanza? Muy al contrario, ahora están revestidos con la aureola del martirio, y, tras “un viernes de la ira”, donde la sangre volvió a correr profusamente, se preparan para “una semana de la ira”.
Ante la cada vez más inquietante deriva en la que Egipto está sumido, no parece que la comunidad internacional se haya apresurado a dar una respuesta realmente acorde con la gravedad de las circunstancias. Hasta ahora, poco se ha hecho más allá de las obligadas condenas de la violencia que resultan más bienintencionadas que efectivas. Los Gobiernos europeos convocaron, cada uno por su lado, a los embajadores egipcios para manifestarles su preocupación por la masacre y la Unión Europea (UE) y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se limitaron a pedir contención a las dos partes en conflicto, pero sin adoptar ninguna medida concreta. De parecida tibieza ha hecho gala Barack Obama.
Ahora, Alemania y Francia han anunciado que tienen intención de revisar sus relaciones con el país árabe e instan al resto de los miembros de la UE a que hagan lo mismo. Y para ello creen oportuno una reunión de los 28 ministros de Asuntos Exteriores de la UE. Aunque para dicho encuentro no se concreta nada. Pero la cuestión es que mientras la comunidad internacional piensa qué hacer, las partes en conflicto no desaprovechan la ocasión, sino todo lo contrario, para incrementar la cruenta espiral. Ante la “semana de la ira”, que amenaza con ser un nuevo baño de sangre, el Gobierno egipcio se plantea ilegalizar a los Hermanos Musulmanes.
La realidad egipcia es sin duda muy compleja y pone de relieve el hondo y da la impresión que irresoluble choque entre el islamismo teocrático y el impulso laico y modernizador, que corroe a prácticamente todo el mundo árabe, así como el fracaso de la primavera árabe ante la cual se echaron cuando menos ingenuamente las campanas al vuelo. Parece ahora, cuando esa primavera no solo se ha marchitado sino que está manchada de sangre, que esa alegre ingenuidad no sabe cómo hacer frente a sus más que preocupantes derivas.