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Egipto: el arte, la belleza, el enigma, en peligro por el terror

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 18 de agosto de 2013, 15:58h
Si hay un país en el mundo que deslumbra por su belleza, por la mágica atmósfera que se respira nada más pisar tierra, por el enigma, por su Historia, ése es Egipto. Cuando los griegos y los romanos andaban escarbando huertas para plantar alcachofas y sobrevivir, los egipcios escribían, hacían cábalas matemáticas y construían impresionantes monumentos.

Antes de Homero, de Sócrates, de Da Vinci, por supuesto, hace más de 4.000 años, a orillas del Nilo, el río más bello y poético del mundo, se construyó la que fue la civilización más inteligente y avanzada de la Historia de la Humanidad. Aunque ahora anden los mayas dando la tabarra con sus pirámides y predicciones catastróficas. Que, además, se han equivocado.

Los jeroglíficos suponen la primera escritura auténtica y descifrable de la Historia. Los templos, además de bellos y enigmáticos, fueron construidos por genios o, como creen algunos, por extraterrestres, pues todavía nadie se explica cómo en aquella época se pudieron levantar tales descomunales catedrales de piedra, de belleza, de perfección.

El templo de Luxor, por ejemplo, con sus más de setenta majestuosas, altivas y alineadas columnas de decenas de metros se construyó hace más de 4.000 años. ¿Por quién? ¿Cómo? El bosque dorado que penetra en lo alto del cielo supone uno de los lugares más bellos y asombrosos del mundo.

Pero eso da igual. El arte esplendoroso de su arquitectura, la magnitud de su cultura, el misterio de sus tumbas, la grandeza y perfección de las pirámides, la altivez de la esfinge, con sus túneles inescrutables, suponen un enigma que tardará siglos en resolverse: La pirámides, Alejandría y su biblioteca arrasada, Luxor (la antigua Tebas) con Karnak al fondo entre esbeltas esfinges, la necrópolis del valle de los Reyes y de las Reinas, la majestuosidad de Abu Simbel, dominando el desierto al borde del lago Nasser tras ser rescatado de las aguas, el Museo egipcio, con Tutankamon que mira de reojo cuajado de oro y piedras preciosas, Philae, al borde de las aguas…

Pero, sobre todo, el Nilo, poético, manso, ancho, suave como la seda, callado, liso como un espejo es el más espectacular y deslumbrante del mundo. El río que riega todo el país, que lo parte en dos como un cuchillo de norte a sur (o de sur a norte), con sus brotes de limo, ahora reducidos al límite al construir el lago Nasser. Pero da igual.

Y toda esa belleza, todo ese maravilloso legado, se desvanece cada día por el maldito y asesino islamismo radical. De hecho, el turismo, que suponía el 90 por ciento de los ingresos del país, se ha quedado en nada. Y la pobreza se extiende como la pólvora. La pólvora de los tanques está aniquilando Egipto. Entre los Hermanos Musulmanes, el Ejército golpista y asesino y Al Quaeda, en la sombra, están destruyendo uno de los países más bellos de la Tierra.

La diplomacia mundial se devana los sesos para recomponer la situación. Pero la cacareada primavera árabe se ha convertido en un infierno. El futuro de Egipto es más que incierto. Como el de Túnez, Libia, Siria, Argelia y demás países en los que los “expertos” occidentales pensaban que iban a llevar la democracia, la prosperidad y la paz. Y mucho cuidado con Marruecos, que está al borde del precipicio islamista.

El extremismo radical se ha colado por todas las rendijas. Y nadie va a ser capaz de frenarlo. La CIA, de nuevo, ha hecho el panoli. Como la UE y todos los países que se entusiasmaron con la primavera árabe. Se lo creyeron, sin darse cuenta que ya era demasiado tarde.

La Historia es cruel. Y Egipto puede sufrir en sus carnes de hermosa y dorada piedra milenaria, de magia, de impresionantes monumentos, de esfinges enigmáticas y espléndidas, de obeliscos que besan las nubes, la barbarie islamista. Al fin y al cabo, no es cosa de Mahoma. Él llegó después, con su Corán y su maldita y manipulada sharia. El cáncer del mundo del siglo XXI. La tercera guerra mundial asoma su negro hocico destructivo y asesino a orillas de las aguas del Nilo. Precisamente, en el país más bello de la Tierra. En el paraíso.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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