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En torno a Egipto todavía

Víctor Morales Lezcano
domingo 18 de agosto de 2013, 18:27h
A raíz del golpe de estado que diera el ejército de Egipto el 3 de julio, apunté en este periódico que la cuestión palpitante reside en impedir que una guerra sectaria infecte el país del Nilo de norte a sur, desde el Sinaí y el canal de Suez hasta el nacimiento del río más legendario que ha habido en los últimos tres mil años de civilización. El encadenamiento de los hechos en Egipto ha conducido al acantonamiento de posiciones antagónicas. La cofradía musulmana que respalda socialmente al depuesto presidente de la república (Morsi) ha proclamado su voluntad de resistencia a lo que considera un atropello político, jurídico y humanitario versus la voluntad popular mayoritaria en las urnas; mientras que el primer ministro del gobierno interino que ha emergido del golpe de estado ha declarado sin empacho que los miembros del gobierno, las fuerzas armadas, la policía y el gran pueblo de Egipto están unidos para combatir “el complot terrorista, malintencionado, urdido por los Hermanos Musulmanes”. En términos orteguianos, los antagonistas se han encerrado en sus respectivas fortalezas, o sea, en sus creencias sociales más profundas.

Cuando, durante el 14 de agosto, nos fueron alcanzando las noticias de la matanza de El Cairo y sus numerosos heridos, perpetrada por el dispositivo gubernamental para desalojar a los incondicionales del ex presidente Morsi, del campamento improvisado por ellos en, y en torno a, la mezquita de Rabaa al-Adawiya, envié a El Imparcial un lacónico réquiem, que llevó por título Estaba escrito.

El sesgo sectario de muchas disposiciones ejecutadas por los responsables del partido musulmán Libertad y Justicia, o el descontento acumulado que enardeció el movimiento social Tamarrod -francamente adverso a la cofradía de los Hermanos Musulmanes y al ex presidente de Egipto- sirvió de respaldo ¿lícito? al general Al-Sissi para dar la orden de desalojar a sangre y fuego Rabaa al-Adawiya, y sirvió también a los miembros de la Cofradía para ofrecerse en holocausto fatídico, cuenta tenida de la superioridad militar de sus verdugos. Todo el transcurso de acontecimientos subsiguientes -y no solo en El Cairo- hasta alcanzar el Viernes de la Ira hace presagiar lo peor en Egipto. Y no solo allí y ahora sino en una región que, al norte, nos brinda el aquelarre de un conflicto bélico empantanado (Siria), mientras que en Mesopotamia (Iraq) se perpetúa la descomposición civil de una nación árabe y de un Estado pulverizado luego de la guerra que desencadenaron Estados Unidos y sus aliados hace una década. El turno de la némesis ambulante que recorre el Oriente musulmán ha elegido esta vez el escenario egipcio para ejercitar su castigo en un pueblo que parece ignorar la existencia de la concordia. Occidente, mientras, emerge atrapado en sus pudibundas filigranas diplomáticas, lo que no aflige en un ápice a los príncipes saudíes (véase la cotización del barril de petróleo Brent en estos días), ni mucho menos a la Rusia de Putin, codiciosa de obtener acomodo en la región.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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