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Occidente ante el constitucionalismo israelí

Fernando Zamora Castellanos
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fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
jueves 22 de agosto de 2013, 20:18h
En medio del pesimismo que duda de la posibilidad de solucionar la permanente guerra del mundo musulmán con Israel, días atrás el Secretario de Estado estadounidense John Kerry anunció la buena noticia del inicio de nuevas negociaciones para la paz del medio oriente. Un tema que nos concierne. El futuro de una democracia occidental desarmada -como lo es por ejemplo la de Costa Rica-, está indudablemente ligado al destino de los regímenes verdaderamente constitucionales del mundo. Y ese destino dependerá de la suerte que corra el consenso occidental de valores que los ha sustentado. Por ello nos urge la consolidación internacional de la cultura constitucional. Devaluada ésta, se encontrará seriamente comprometida la posibilidad de que el mundo se desarme. De ahí que un aspecto fundamental de esto es la coherencia y convicción de la voz de nuestro hemisferio en el mundo. En el pasado, uno de los elementos fundamentales del poderío occidental, radicó en la fuerza moral de nuestra política exterior.

Pero decisiones recientes en este campo, como por ejemplo, el revés que en el 2006 Costa Rica le propinó a una nación tan amiga como Israel, al retirar su Embajada de Jerusalén y trasladarla a Tel Aviv, resultaron acciones polémicas que minaron la potencia de la voz costarricense en el mundo.

Por la trascendencia que tiene en relación con la paz, conviene analizar esto último. Una nación que resguarda los valores del constitucionalismo occidental, ¿qué posición debe asumir en relación a Israel? ¿Qué parámetros deben regir nuestra política exterior para Oriente medio? Lo primero que debemos respondernos es la cuestión, ¿qué es Israel y qué significa esa nación para los valores occidentales? Esa pregunta tiene respuesta en dos vertientes, pues la patria de Moisés podemos explicarla como nación y además, como el único sistema verdaderamente constitucional de Oriente medio.

Para el mundo ¿qué representa el pueblo hebreo como nación? En proporción poblacional, o sea, comprendiendo a Israel en un sentido amplio, -lo que incluye al pueblo judío fuera de sus fronteras-, la nación hebrea es la cultura que más ha impactado al planeta. Porque más que una Patria, ellos son una portentosa cultura. Han sido mucho más que población, territorio y gobierno. Durante su historia han sufrido embates inimaginables. Por largas diásporas perseguida y carente de espacio vital, sin amparo de territorio ni gobierno alguno, y a pesar de ello, una nación firmemente anclada. Son sincronía de espíritus. En medio de adversidades tan abrumadoras, solo un pueblo aferrado a sus propios ensueños pudo preservar y sigue preservando de tal forma su cultura. Temple homogéneo para el esfuerzo y el sacrificio. Marcha conjunta en pos de ideales comunes. ¿Qué particular fuerza ha sostenido esa entereza extraordinaria? Tales heroísmos colectivos solo son posibles cuando esa identidad nacional está ligada al sentido de lo espiritualmente trascendente. Lo que ahora por cierto, en Costa Rica irrita a algunos. Sobre el impacto de dicha nación al progreso, lo resumimos con un dato inobjetable: pese a que representan el 0,02% de la población mundial, poseen 129 premios nobel.

Ahora bien, la otra pregunta es, ¿qué representa, para el mundo, Israel como Estado? Es el único Estado, en toda aquella basta región, cuya filosofía política se sustenta en los valores del constitucionalismo occidental. Una democracia parlamentaria, regida por un sistema de frenos y contrapesos, con una debida separación de poderes y sufragio universal en un sistema de pluralidad de partidos. Es el Estado del Oriente medio en el que las mujeres votan, -y pese a que en Occidente tal libertad nos parece obvia-, contradice abiertamente lo permitido por los reinos de los Califatos. A pesar de la manifiesta hostilidad del mundo musulmán desde el establecimiento del Estado judío en 1948, -hostilidad traducida en guerras y múltiples agresiones- Israel concedió nacionalidad a los árabes que habitaban en su territorio. Con la libertad de voto incluida. Derecho que les niegan los reinos árabes a sus propios habitantes. Pese a que Israel no es un estado “laicista”, -pues reguarda los valores espirituales del judaísmo-, es un régimen constitucional respetuoso de la libertad de consciencia y culto. El único país en el medio oriente donde la población que abraza creencias diferentes ha crecido. Solo para citar un ejemplo, allí la población cristiana se cuadruplicó, mientras que en el resto del oriente medio, las convicciones disidentes son proscritas hasta su inanición. En esencia, -en un área tan basta-, es el único Estado plenamente constitucional.

A las anteriores razones, debemos sumar la histórica amistad que ha unido a naciones como Israel y un Estado desarmado occidental como Costa Rica. El libro “Del volcán Irazú al Monte Sión”, del Dr. Benjamín Núñez, -Exembajador en Israel y Exministro de gobierno de Don José Figueres-, es un poema a esa amistad. Tuve la suerte de conservar un ejemplar dedicado del libro. En la dedicatoria, Núñez alude al hecho de que defender a Israel también fue parte del espíritu de la revolución encabezada en 1948 por Figueres.

Así las cosas, si advertimos que Israel abarca una superficie de apenas un sexto del uno por ciento (1/625) en relación al resto del territorio islámico de la región, resulta inaceptable la amenaza de estratos poderosos del mundo musulmán que aspiran a la extinción de la nación judía. Por ello, de mayor preocupación es el hecho de que Rusia decidiera respaldar el programa nuclear iraní, tal y como desde el 2007 lo informó la cadena BBC. Es cierto que el agresivo sistema de defensa israelí recibe una pertinaz lluvia de críticas, muchas de ellas de buena fe. Pero la pregunta fundamental es, ¿permanecería Israel si bajase la guardia? Aunque una ingente inversión en sumas militares siempre es negativamente sospechosa, -hasta donde tengo entendido-, no conozco judíos que llamen a una Jihad para matar infieles. Es presupuesto de estricta defensa. Por este tipo de motivos, la respuesta a la pregunta de fondo de este artículo es que toda nación que resguarde los valores del constitucionalismo occidental, debe apoyar la existencia de Israel. Y tratándose de una nación como Costa Rica, con una tradición de amistad como la que nos ha unido, es inaceptable la bofetada que le dimos en el 2006, al retirar nuestra embajada de Jerusalén y trasladarla a Tel Aviv. Sin duda, la política exterior de la primera administración del Dr. Arias Sánchez, -la del Plan de Paz para Centroamérica-, fue una de las páginas ilustres de nuestra historia. Es lamentable que en su segunda administración, nuestra política exterior careciese de la misma visión.

Fernando Zamora Castellanos

Abogado

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