Cuando Nasser se reía de los Hermanos Musulmanes
viernes 23 de agosto de 2013, 20:25h
La pasada semana, por cuestiones profesionales, tuve que hacer una pequeña investigación sobre la figura del ex presidente egipcio Gamal Abdel Nasser y encontré una joya en YouTube de las que confirman que ahí abundan las maravillas tanto como pueden abundar las mayores tonterías del mundo, es decir, que YouTube es igual que Twitter y por lo tanto que cada uno haga el uso que quiera, pero sin indignaciones, por favor. En el vídeo, el por entonces vicepresidente del gobierno del general Naguib, llegado al poder, cómo no, tras un golpe de estado disfrazado de “revolución nacionalista” hablaba de los Hermanos Musulmanes y no en los mejores términos.
La grabación debe de ser de 1953 o 1954, es decir, antes de que una rama del ejército intentara matar a Nasser y le echara la culpa a los Hermanos, que andaban por ahí de enredo, provocando una inmediata ilegalización que duraría hasta 2011. El ejército, el partido de Nasser y la organización panislámica se habían puesto de acuerdo en 1952 para derrocar a la monarquía parlamentaria establecida tras la independencia unilateral de Gran Bretaña de 1922. Las tres partes se necesitaban y todos eran amigos. Estas cosas pasan a menudo: el enemigo era el rey Ahmed Fuad II, los resquicios coloniales en manos de los británicos, entre ellos el Canal de Suez, y por supuesto el estado de Israel.
El caso es que Nasser, que no era el hombre más moderado del mundo y desde luego no el más consecuente, después de valerse de los Hermanos Musulmanes supo pronto que no podría llegar a ningún sitio con ellos. Por supuesto, Nasser era musulmán y panarabista y de hecho lideró el movimiento de los no alineados y fue decisivo en la promoción de la Liga Árabe... pero creía en un estado republicano formado por ciudadanos y no siervos de Alá y por lo tanto rechazaba la “sharia” o “ley islámica” y consideraba arcaico el planteamiento radical de sus antiguos compañeros de lucha.
El vídeo en cuestión es interesante no ya porque se vea ahí el germen de las posteriores discusiones que acabarían con la organización ilegalizada, sino por el tono con el que Nasser se burla de ellos. Lo primero que dice es que se reunió con su líder para ver a qué acuerdos podían llegar, qué querían hacer y el líder en cuestión dijo: “Queremos que todas las mujeres lleven el hijab”. El hijab es simplemente el velo islámico que cubre la cabeza de las mujeres por completo, el cuello y en algunos casos incluso buena parte de la cara. Lo curioso es que Nasser ofrece ese ejemplo como una muestra de absurdo y de hecho todo su auditorio estalla en risas y aplausos, en plan, “¿pero cómo vamos a hacer eso, a quién se le ha ocurrido?”.
Como he insistido, Nasser era musulmán y no sé yo si decir “moderado” porque con Nasser toda calificación categórica resulta complicada, pero en los años 50 tenía muy claro que el hijab obligatorio era una imposición inaceptable y al declararlo con tanta sorna da a entender que ni siquiera lo aceptaba como uso habitual, como costumbre, que lo consideraba algo de tiempos muy lejanos.
Es una pena que casi sesenta años después, la tortilla se haya dado la vuelta de esta manera y el hijab< parezca ahora “lo mínimo” que puede hacer una mujer si quiere considerarse una buena musulmana o, directamente, si quiere convivir en la sociedad sin problemas. ¿Qué ha pasado en estos 60 años para que el islamismo se haya radicalizado de esta manera? Lo desconozco, pero ese discurso rescatado nos aleja de la visión del mundo musulmán como algo anclado en la Edad Media y que necesita pasar por su Renacimiento, Ilustración, etc. Con sus terribles errores, Egipto en los años 50 desde luego no tenía nada de medieval teniéndolo casi todo de islámico.
Lo que sí tenía y lo sigue teniendo es un ejército que toma las decisiones: que quita a los británicos y pone a un rey, que quita al rey y pone a un general, que quita al general y pone al vicepresidente al que antes intentaban matar, que cuando el sucesor del carismático líder no les gusta, lo matan delante de todo el mundo, como sucedió con Sadat, y que cuando el sucesor del sucesor da problemas, algo que tardó 30 años en suceder porque Hosni Mubarak, como buen sátrapa, sabía algo de relaciones públicas, lo quitan y ponen a otro y así sucesivamente.
Incluso después de la prohibición de 1954, los Hermanos Musulmanes siguieron participando en la vida política de forma clandestina y disfrazados de “independientes”. Su éxito en las elecciones de 2012 fue una sorpresa, sí, pero sobre todo una decepción: ¿Cómo un partido ridiculizado por sus mínimos había llegado a ser elegido por sus máximos sesenta años después?, ¿qué fue mal en la sociedad egipcia para llegar a la conclusión de que los antiguos defensores de la sharia podían salvarla del caos económico y social?
No lo sabemos y da igual. Golpe de estado y a empezar de cero. La historia de Egipto. La triste historia de Egipto. A mí también me emociona la narrativa Tahrir, pero asúmanlo: allí manda quien el ejército quiere.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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