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Dachau, ¿campo electoralista?

sábado 24 de agosto de 2013, 09:14h
La izquierda alemana -y tras ella la europea- se ha lanzado sobre la yugular de Angela Merkel. El cargo en su contra: visitar el campo de exterminio nazi de Dachau cercano a Múnich y expresar su sentimiento de vergüenza y conmoción por los horrores cometidos en un lugar ya infame para la memoria de la humanidad. El ataque contra la canciller alemana se sustenta en la acusación directa de hacer electoralismo y en una insinuación indirecta de estar apoyando implícitamente la política de Israel.

Examinadas de cerca, ambas acusaciones caen en el ámbito de un fácil electoralismo, pero por parte de los acusadores, aguijoneados por las encuestas desfavorables con vistas a los próximos comicios. Dachau constituyó el prototipo de campo de exterminio que sirvió de modelo a otros muchos inmediatamente posteriores construidos por los nazis para el Holocausto, siendo el único que mantuvo sus macabras funciones durante toda la dictadura de Hitler. Se da la circunstancia de ser el único campo que no había sido visitado por ningún canciller germano -incluyendo a los jefes de Gobierno de la socialdemocracia- como gesto de compromiso y desagravio, pese a estar próximo a la emblemática ciudad de Múnich. La visita Merkel era una asignatura pendiente que la canciller ha realizado legítimamente y que venía haciéndose esperar desde hacía mucho tiempo. Invitada por Max Mannheiner, superviviente de Dachau y Auschwitz, este ha considerado un honor la ceremonia, al igual que el presidente del Comité Internacional de Dachau, Pieter Dietz de Loos.

¿Electoralismo? Lo cierto es que en el seno de una campaña electoral un gesto de estas características adquiere un máximo relieve y no puede considerarse ilegítimo que un político proporcione plena visibilidad a sus convicciones en un momento de confrontación en las urnas. Otra cosa es que la izquierda se atribuya a sí misma el monopolio de la repulsa contra el terror nazi y distribuya carnets de indignación negando a cualquier otro ciudadano el sentir una profunda animadversión hacia lo sucedido en el Holocausto: una actitud que esconde un conocido oportunismo en la izquierda no solo alemana.

Vincular, finalmente, los actos de homenaje y honra a las víctimas de la siniestra Solución Final de los nazis con un apoyo a los Gobiernos de Israel, no deja de ser una suposición traída por los pelos y de retorcidas intenciones. Una cosa no tiene por qué implicar la otra. Habría que reflexionar hasta qué punto en el rechazo de sectores europeos contra el Estado de Israel no actúa un larvado e inadmisible antisemitismo.
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