Un fallo cardiorrespiratorio lo convirtió, como él dijo de Cela, en un "cadáver exquisito".
El miércoles 28 de agosto se cumplen seis años del fallecimiento de
Francisco Umbral. Ha pasado más de un lustro sin desayunar junto a las columnas periodísticas del maestro Umbral. Sus columnas impresionistas, de sintaxis muy suelta, de gran calidad lírica y estética le valieron para convertirse en uno de los columnistas más influyentes de las últimas décadas.
Nació en el
barrio de Lavapiés, el 11 de mayo de 1932 bajo el nombre de Francisco Alejandro Pérez Martínez. Pasó sus primeros cinco años en la localidad de Laguna de Duero, en Valladolid empezó a escribir en la revista Cisne. Su carrera periodística comenzó en 1958 en El Norte de Castilla. Posteriormente en 1961 se trasladó a Madrid como corresponsal del suplemento cultural y chico “todoterreno” de El Norte de Castilla. En Madrid frecuentó la tertulia del Café Gijón, en la que recibiría la amistad y protección de los escritores
José García Nieto y, sobre todo, de
Camilo José Cela, gracias al cual publicaría sus primeros libros. Fue un columnista muy destacado en los diarios
El País, entre 1976 a 1988, en
Diario 16, en el que empezó a escribir en 1988, y en
El Mundo , en el que escribió desde 1989 la sección Los placeres y los días.

El legado de Francisco Umbral nos dejó más de 110 libros y 135.000 artículos. Entre sus obras literarias destacan;
Mortal y rosa (1975),
Museo nacional del mal gusto (1975),
El hijo de Greta Garbo (1977),
Trilogía de Madrid (1984) o
Las ninfas (1975) entre otras.

En el año 2003, sufrió una grave neumonía que hizo temer por su vida. Murió de un fallo cardiorrespiratorio el 28 de agosto de 2007 en el hospital de
Montepríncipe.