Pobre pensionista
María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
lunes 02 de septiembre de 2013, 19:54h
Escuchar hablar a la ministra de Empleo y Seguridad Social es como intentar que un niño de seis años entienda el último libro de Stephen Hawking. Tras una intervención no muy extensa en la que he puesto todo mi empeño y atención por desentrañar lo que escondían unas palabras mal conjuntadas y demasiado repetidas, Fátima Báñez respondía en directo a las múltiples preguntas que periodistas con sentido común y, lo que es más importante, con capacidad de explicar las cosas en cristiano le han ido haciendo para tratar de sacar algo en claro de su discurso. Y tranquiliza saber que una no es la única que se estaba haciendo ciertas (y obvias) preguntas, es decir, que no era yo la única que estaba pensando que la traducción simultánea del 'speech' de Báñez debería decir lo contrario de lo que sus palabras afirmaban con un esbozo de entonación alegre.
Porque decir que a partir de ahora, si la reforma sale adelante, las pensiones no bajarán nunca más porque siempre subirán como mínimo un 0,25 por ciento con respecto al año anterior puede parecer una gran noticia. Al menos, un buen titular: “Las pensiones ni bajarán ni se congelarán nunca más”. Y, a continuación, la letra diminuta. Subirán un mínimo de un 0,25 por ciento pero… ¿y si el IPC ese año ha aumentado un 3 por ciento? ¿Y si esto ocurre durante varios años consecutivos? ¿Cómo se compensará a los jubilados esa pérdida de poder adquisitivo?
Pero voy más allá. Se le llena la boca a la ministra al afirmar que estas medidas buscan un reparto equitativo y que “a iguales ingresos, se cobren prestaciones similares”. Otro bonito titular, pero también tiene truco. Supongamos que un individuo, al que llamaremos Manolo, se jubila mañana y su esperanza de vida es de 15 años. Imaginemos también que el hijo de Manolo gana lo mismo que su padre hasta que se jubila dentro de muchos años y que, cuando llega ese momento, su esperanza de vida es de 20 años. Añadamos también a la ecuación al nieto de Manolo y presupongamos que también cobrará el mismo sueldo y que cuando se retire aún le quedarán por vivir unos 25 años. Pues bien, la “justicia” de la que habla la ministra consiste en que si a Manolo le corresponde cobrar un total de 180.000 euros en esos 15 años en los que se espera que viva, es decir, 1.000 al mes; su hijo cobrará la misma cantidad repartida en 20 años, es decir, 750 euros al mes; y su nieto, 600. Aplicando subidas de precios y otros parámetros aparte, esto es lo que propone el Gobierno.
Y, sinceramente, ya que nos va a tocar trabajar más años, con menos derechos laborales, con impuestos cada día más elevados y prestaciones en declive, el panorama que nos ha mostrado esta tarde Báñez es desolador. A iguales ingresos, pensiones parecidas. O sea, que no sólo vivimos peor que nuestros padres y trabajamos más que ellos por sueldos inferiores los que tenemos la enorme suerte de no estar en el paro, sino que además ya nos están diciendo a unos 30 años vista que en cuestión de jubilaciones la canción va a ser parecida.
Ahora la reforma de las pensiones tiene que pasar por el filtro del diálogo social. Vamos a ver si ese diálogo sirve de algo (los sindicatos ya han anunciado que las negociaciones serán difíciles) y han pedido que no se imponga esta reforma porque creen que implicará una pérdida de poder adquisitivo para los pensionistas. Evidentemente... Pérdida en activo y ahora también, cuando nos toque descansar. Creo que me voy a exiliar. A Marte, por lo menos. Seguro que si para entonces vive alguien allí se explica mejor que Báñez e incluso congeniamos como buenos vecinos.
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Subdirectora de EL IMPARCIAL
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