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crónica económica

Ronald Coase, entre la economía y el derecho

martes 03 de septiembre de 2013, 23:27h
Ha muerto el economista Ronald Coase, cuyo pensamiento llevó a integrar economía y derecho, dos aspectos del interactuar humano que nunca debieron de haberse separado.
Cuando Ronald Coase viajó a los Estados Unidos en los años 30’, cuando estudiaba en aquél London School of Economics de Lionel Robbins y Friedrich A. Hayek. Visitó las fábricas de Ford y General Motors, y se preguntó por qué decían los economistas que Lenin estaba equivocado cuando decía que se podía llevar la economía como una gran empresa. Coase se debió de maravillar al observar la implacable lógica de la cadena de montaje, diseñada por brillantes ingenieros, y que de un modo racional y económico producía bienes deseados y tecnológicamente muy avanzados.

A partir de ahí se planteó por qué en el mercado se crean las empresas. En principio no es necesario que recurramos a ellas. En cada punto de la cadena de producción, los dueños de los bienes intermedios pueden contratar capital y trabajo para continuar la producción, y vender el producto intermedio a otro particular, que añadiría su paso en la cadena de producción, o, si es el estadío final, al consumidor último.

Pero no, creamos pequeños centros de planificación de recursos, las empresas, que integran varios de esos procesos productivos que, de otro modo, estarían engarzados dentro del juego de cantidades y precios que llamamos mercado. ¿Por qué? El problema, dijo, son “los costes del mercado”, como los llamó él, o los “costes de transacción”, como se ha acuñado en la ciencia económica. Él lo explica en el artículo The nature of the firm, con estas palabras: “se debe alcanzar un punto en el que la pérdida debida al mal uso de los recursos se iguale a los costes de la transacción de intercambio en el mercado abierto, o a la pérdida si la transacción fuera organizada por otro empresario”. Si el recurso al mercado no tuviese costes, no habría empresas. Pero como el mercado es costoso en información e incertidumbre, los empresarios deciden integrar varios procesos en una empresa, bajo su dirección.

La solución de Coase resuelve el problema de por qué se crean las empresas, pero no por qué Lenin no tenía razón. La explicación a esta cuestión la había dado Ludwig von Mises en 1920, bajo el título Cálculo económico bajo una comunidad socialista. Quizás de este artículo hablemos en otra ocasión.

Coase tenía aún talento para alcanzar otra idea seminal. Retomó un viejo problema, el de las externalidades; es decir, el uso de nuestras acciones con nuestra propiedad (Pedro) puede imponer costes sobre la propiedad ajena (de Juan). ¿Cómo damos solución a esta cuestión? Arthur C. Pigou, un economista de Cambridge, Reino Unido, llegó a la solución de que el Estado impusiese una multa a Pedro.

Coase planteó la cuestión de otro modo en The problem of social cost, y le dio otra solución distinta. Vamos a recurrir a un ejemplo que ha puesto Juan Ramón Rallo: “si el propietario de la vivienda posee un derecho de propiedad preferente para decidir si la empresa puede contaminar o no (es decir, si la empresa puede invadir su vivienda con polución o no), la fábrica le ofrecerá al propietario una compensación económica para que le permita seguir operando y contaminando: si la compensación ofrecida supera los costes subjetivos de la contaminación, la compañía seguirá funcionando; si no lo hace, la compañía cerrará sus puertas. Y al contrario, si es la compañía la que tiene el derecho preferente a decidir si puede contaminar o no, el propietario de la vivienda le ofrecerá una suma de dinero para que deje de hacerlo: si esa cantidad supera los beneficios que la compañía obtiene por contaminar, detendrá sus operaciones; si no, las mantendrá”.

Para que se alcance esa solución, tienen que pasar dos cosas: La primera, que la propiedad esté delimitada. Y dos, que los costes de transacción (que, de nuevo, aparecen), no sean tan elevados que hagan que el negocio no se efectúe.

En una segunda vuelta de su argumento, llega a la conclusión de que, si esos costes de transacción desaparecen, cualquier distribución de la propiedad es eficiente, pues se podrían llegar a acuerdos que internalicen las externalidades, y que sean por tanto eficientes. Es el llamado teorema de Coase.

Ninguna de sus dos grandes ideas dejó de tener problemas. Pero las dos abrieron caminos muy feraces que otros pensadores han transitado para un mejor conocimiento de la ciencia económica y, por tanto, del hombre. Descanse en paz, Ronald Coase.
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