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El discurso de Susana Díaz: bonitas palabras

jueves 05 de septiembre de 2013, 00:45h
Susana Díaz pronunció ayer su discurso de investidura como candidata a la presidencia de la Junta andaluza. Lo hizo bajo la atenta mirada de José Antonio Griñán, gracias a quien llegará a presidir el Gobierno andaluz, habida cuenta de que las cacareadas primarias por parte del PSOE se pusieron en marcha en Andalucía deprisa y corriendo. Hasta tal punto, que resultaron poco menos que una pantomima, dando la impresión de que, ante su dimisión, al señor Griñán le interesaba contar con una sucesora de absoluta confianza. No parece, sin embargo, que la elección haya sido la más adecuada. No ya solo porque Susana Díaz ha estado ligada desde siempre al partido, donde ha ido escalando posiciones -aunque su experiencia de gestión es escasa- sin haber desarrollado ninguna profesión ni actividad al margen de ello, característica que no es precisamente bien considerada, sino todo lo contrario, por parte de los ciudadanos. También porque su discurso hace prever que nada cambiará en Andalucía, pese a que ha anunciado “un tiempo nuevo”.

La intervención de Susana Díaz ha sido saludada con ditirambos por sus correligionarios como si estuviéramos ante el descubrimiento de una estadista de talla que ahora tendrá oportunidad de demostrar su clarividente visión. Así, por ejemplo, Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, ha dicho que “es el primer discurso político del siglo XXI que he escuchado”. Aunque los elogios resulten una enternecedora muestra de buen compañerismo, la verdad es que el discurso de Susana Díaz ha estado tan lleno de buenas intenciones y bonitas palabras como carente de propuestas específicas ante los muchos retos a los que debe enfrentarse la Comunidad andaluza. Y no es el menor el de restaurar la confianza en una Junta donde el peso de la corrupción está tan presente.

Porque la señora Díaz -que, eso sí, se ha apresurado a confirmar el mantenimiento del pacto con Izquierda Unida- ha dicho que se avergonzaba de la corrupción. Pero no ha se ha referido al fraude de los ERE, un escándalo de primer orden en el que, como se está comprobando en la instrucción de la juez Mercedes Alaya, no solamente estaban implicados “cuatro golfos”, como los socialistas se empeñan en mantener. Esta ausencia de un asunto de tan grave envergadura quita credibilidad a su discurso.
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