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¿Intervención en Siria? ¿Y después qué?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 05 de septiembre de 2013, 21:32h
Obama quiere intervenir militarmente en Siria. Hollande dice que también. El resto de países, excepto Reino Unido, Rusia y China, que se niegan, se pone de perfil, no sabe no contesta o se hacen los locos porque están con el natural y lógico ‘No a la guerra’ aunque tampoco quieren molestar demasiado a la superpotencia norteamericana.

Putin, que le está cogiendo el gustillo a eso de meter el dedo en el ojo al Premio Nobel, envalentonado además tras la jugada con el espía Snowden, se opone radicalmente a una guerra, o como se quiera llamar, si no es con el aval de la ONU, que sabe perfectamente necesita de su consentimiento. Es decir, como Mourinho con Vilanova o, como hemos dicho siempre, el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.

Así pues, juegos políticos con un asunto feo y serio que no pasaría de eso si no fuera porque muere gente inocente. Muere mucha gente y se desplaza mucha gente y se refugia mucha gente que espera que alguien haga algo y que lo haga lo antes posible. Ni EEUU ataca ni la ONU da su consentimiento ni los expertos que esta organización puso sobre el terreno se dan la menor prisa por emitir un veredicto sobre si las más de 1.400 personas gaseadas son culpa de Bachar el Asad.

El problema demanda grandes dosis de diplomacia y de explicación. Obama quiere atacar, pero los norteamericanos no saben por qué, ni cuánto les va a costar, ni por cuánto tiempo, ni en qué afecta a los intereses de EEUU. Francia también quiere intervenir y lo que digan los franceses le da igual. Cameron quería, pero su Parlamento le ha dicho que no. Quizá porque todavía tengan en mente las represalias que grupos terroristas afines a Al Qaeda tuvieron en Londres tras la foto de las Azores. En España, quién sabe si es por la misma razón, pero el tema parece que no va con nosotros.

Por otra parte, habría que plantearse por qué esa desmedida preocupación por el uso de armas químicas. Claro que es repudiable ver a un niño convulsionando o muerto por gas sarín, pero no es menos abominable verlo tendido con un tiro en la cabeza. ¿Si se mata con balas está bien y pueden pasar dos años sin que nadie intervenga, pero si es un arma química hay que lanzar misiles de inmediato? ¿Cuál es el límite? Además, no menos importante es saber qué consecuencias puede tener y a quién se va a ayudar con una intervención militar en Siria. La cadena de preguntas puede ser interminable.

Y digo yo: ¿Los rebeldes son amigos de las causas justas o son milicias amigas de terroristas? Si el castigo al régimen es quitar a El Asad con ‘una colleja’, ¿quién lo va a reemplazar? ¿Se invade hasta que haya elecciones democráticas? ¿NO se invade y se les deja solos? ¿Está preparada Siria para una transición pacífica hasta unas elecciones democráticas? ¿Y si ganan democráticamente los primos de los hermanos musulmanes? ¿Se da un golpe de Estado como en Egipto cuando se compruebe que era peor el remedio que la enfermedad?

Al final, no se ve la solución al problema. La ONU demuestra su incompetencia para resolver problemas internacionales. El sátrapa de El Asad se hace fuerte viendo a medio mundo discutir por lo que pasa en su país. Putin disfruta. Obama quiere seguir jugando a que EEUU está en la obligación de ser el sheriff del mundo y los demás, perfil bajo. Aquí en España no me preguntes de eso ahora, que estamos pendientes de que nos den unas Olimpiadas.

Javier Cámara

Periodista

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