Atacar a Siria
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 06 de septiembre de 2013, 20:13h
El uso de gas venenoso por el régimen sirio de Bashar el Assad contra los insurrectos ha movido a los Estados Unidos de Barack Obama a preparar un ataque contra Siria. En la reunión del G-20 en San Petersburgo, Obama no ha conseguido que le apoyen más países que los que tenía antes de esa cumbre. Es particularmente estúpido que el caso de Snowden, el analista de la CIA que obtuvo asilo político en la Rusia de Putin, haya condicionado que los presidentes de Estados Unidos y de la Federación Rusa pudiesen verse a solas para tratar el conflicto de Siria; al final del serial televisivo, se vieron. Los estadistas mundiales, desde luego más los norteamericanos que los rusos, tienen que moverse en asuntos como la paz o la guerra condicionados por los noticiarios de sus países, y por las encuestas electorales.
Mientras tanto, Siria se hunde en una sima violenta.
Siria ahora, como Irak hace unos pocos años. Destinos paralelos.
En este año de 2013, Irak ha sido clasificado como uno de los países más inestables del mundo, con una organización estatal fallida.
Siria era un perfecto Estado totalitario. En realidad funcionaba como un declarado estado de excepción. Sea cual sea el efecto del ataque norteamericano -¡el secretario de Estado Kerry declaró en el Congreso que Siria sería atacada durante 60 días, con posibilidad de 30 días más, pero esa operación sería hecha sin ningún soldado atacante!- Siria se añade a la lista de países islámicos cuyas frustraciones contra Occidente aumentan cada vez más.
Es otra manifestación de la nueva era que aún no tiene nombre. Actuando a tientas y sin ningún plan a medio plazo -¡ah! como añoramos los “planes” de la posguerra- , Estados Unidos y Europa están rehaciendo el mundo de antes de 1917. Para cuando terminó la Primera Guerra Mundial, no sólo desaparecieron los imperios ruso, austro-húngaro y alemán, sino también el imperio turco. El llamado principio de las “nacionalidades” (predicado por el presidente Wilson en Europa, pero no en su país) sirvió para que surgieran las patrias checa, húngara, yugoslava, etcétera; ingleses y franceses, a su vez, alentaron “las nacionalidades árabes” para desintegrar al también derrotado Imperio Otomano.
De ese resurgir nacional son fruto Irak, Siria y Egipto, además de otros estados “árabes”.
En vísperas del ataque norteamericano, ¿quiénes cuentan ahora?
Damasco y Bagdad, Siria e Irak, como anteriores mitos de independencia árabe, son una sombra de su pasado. Egipto, fundador de una llamada “República Árabe Unida” con Nasser, hierve en cólera y humillaciones, pero está paralizado internacionalmente.
A pesar de sus recientes disturbios, Turquía aparece como el modelo para devolver la dignidad, no a la “nación árabe o turca”...sino al Islam en su conjunto. Turquía apoya decididamente a los Estados Unidos en sus planes represivos contra Siria. A su rebufo, Arabia Saudi, Emiratos y Kuwait se disponen a ocupar su sitio en una reordenación política del espacio islámico. Y ahí está enfrente la República Islámica de Irán, el gran enemigo de todos ellos, y de Occidente.
¿Cómo va a dejar Estados Unidos de atacar a Siria? Es imposible.
Europa vive como un viejecito sin memoria, que da consejos morales. Es patético escuchar a Van Rompay y Barroso condenar el uso del gas sarín por parte de Assad, hacerlo con duras calificaciones, para a continuación mostrar la inexistencia de una política europea con Siria. Gran Bretaña, en teoría más libre haciéndola, está igualmente condenada a propinar amonestaciones meramente literarias, pues Cameron paga hoy las críticas de los conservadores contra Blair, cuando el laborista apoyó una acción parecida en Irak. Alemania, felizmente desprovista de cualquier responsabilidad militar, juega al pacifismo mientras transcurre plácidamente su campaña electoral.
De esa parálisis, aparentemente, sólo se libra Francia (y Dinamarca por unas especiales características). El presidente socialista francés, Hollande, puede comprometer su apoyo a Obama porque no necesita la aprobación de su parlamento para ello.
Los nuevos tiempos suponen que los parlamentos “nacionales” son un obstáculo populista. Europa debería ejercer su poder con su Parlamento Europeo, pero de esa asamblea gigantesca y plurilingüe se espera poco más que del equivalente chino. Por cierto, China, que no ve bien que los americanos intervengan en Siria, advierte, no de las desgracias humanas con la intervención militar, sino de las malas consecuencias para la coyuntura de los negocios internacionales.
Brasil, Rusia, India y Sudáfrica siguen a China en su estrategia. Estados Unidos está más bien solo en el mundo. Los países del antiguo Tercer Mundo, por causas no del todo claras, le pondrán sutiles excusas para no acompañarle en su acción contra Siria.
Y ahora, por si fuera poco, nos encontramos con la política exterior del papa Francisco. El nuevo papa, seguro defendiendo las causas de los pequeños y humildes, no le importa perder el aprecio de las clases dirigentes de los viejos países occidentales. Pero Roma y el Vaticano son parte del antiguo mundo. ¿Se acerca el papa Francisco a un conflicto dentro de las iglesias católicas “nacionales”? Sería apropiado para esta nueva era que no tiene nombre.
En este desorden sólo permanece la ONU y su Consejo de Seguridad, el único organismo que tiene legitimidad para autorizar una acción armada. Esa conquista de la razón (tiene mucho de kantiana) puede ser ignorado. Igual que con Bush, el Consejo de Seguridad puede ser sustituido -¿suplantado?- por Obama y por sus aliados. Aunque éstos tengan justificaciones para su acción militar, se volverán a burlar las normas de la ONU. ¿No será urgente reformar el Consejo de Seguridad para que los Estados no vuelvan a tener el derecho a declarar la guerra?
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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