Hace 12 años cambió el mundo. Tres aviones colisionaron contra las Torres Gemelas de Manhattan y contra el Pentágono, en Washington. Estados Unidos recuerda a las 3.000 víctimas en pleno debate sobre una guerra contra Siria. El acto de homenaje a los muertos en los atentados ha comenzado ya en Nueva York con la lectura de sus nombres.
La
ceremonia para conmemorar el duodécimo aniversario de los
atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 comenzó este miércoles en Nueva York en el memorial en recuerdo a las casi 3.000 víctimas de aquellos ataques con el himno de Estados Unidos interpretado por el coro de Brooklyn.
Justo después, a las 8:46 hora local (12.46 GMT), se guardó un
primer minuto de silencio para recordar el momento exacto del impacto del primer avión contra la Torre Norte del World Trade Center, seguido por una melodía interpretada por una banda de gaiteros.
El presidente de Estados Unidos,
Barack Obama, afirmó que la fuerza militar "es necesaria", "pero la fuerza por sí sola no basta ni es lo que buscamos". En una ceremonia celebrada en el Pentágono, en
recuerdo de las víctimas , Obama rindió homenaje a las víctimas, a los servicios de emergencia y a los que "defienden a nuestra nación".
"Nuestros corazones todavía sienten congoja", dijo Obama en la ceremonia del Pentágono, donde el 11 S los terroristas estrellaron un avión de pasajeros en un ataque suicida. "Rendimos honor a la grandeza de todos aquellos que respondieron de inmediato a los ataques", añadió el presidente. "Y honramos la memoria de casi tres mil vidas inocentes perdidas y cuya pérdida todavía acongoja nuestros corazones", enfatizó Obama.
El mandatario señaló que los ataques terroristas pusieron a Estados Unidos en camino a "años de guerra, y hoy recordamos no sólo a quienes perecieron, sino a quienes defienden a nuestra nación". "Nuestra fuerza es necesaria, pero la fuerza por sí sola no basta ni es lo que buscamos", continuó. "Buscamos la
colaboración y el respeto mutuo para hacer un mundo mejor, y en esa brega no debemos olvidar los valores fundamentales de esta nación", dijo el presidente de Estados Unidos.
Mientras, en Nueva York ha comenzado la
lectura de los nombres de las 2.983 víctimas de los cuatro atentados perpetrados con aviones secuestrados -dos contra las torres, otro contra el Pentágono y uno más que se estrelló cuando se dirigía hacia Washington-, así como en el atentado de 1993.
Han pasado 12 años desde que los atentados del
11S cambiaran Estados Unidos y una muestra de ello es cómo la Administración del presidente Barack Obama, "cansada de la guerra", está afrontando la posibilidad de un ataque en Siria. Según indicó Obama en una entrevista a CNN el lunes, Estados Unidos es ahora más seguro que antes del fatídico día de los ataques de Al Qaeda sobre
Nueva York, Washington y Pensilvania, y aunque aún existen amenazas, abogó por "no actuar precipitadamente", una de las lecciones de una década de conflictos.
El 20 de septiembre de 2001, aún con
Washington y Nueva York humeantes y en estado de shock, los talibanes en Afganistán intentaron evitar en un último momento el inicio de los bombardeos estadounidenses sobre su territorio pidiendo a Osama bin Laden que abandonara el país, donde se refugiaba. Pero para la Casa Blanca de
George W. Bush era tiempo de la "acción, no de las palabras", pese a que aseguró en un primer momento que entregar a Bin Laden y otros operativos de Al Qaeda evitaría la guerra. La opinión pública apoyaba en un abrumador 90 % los bombardeos.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001, el ataque más grave sobre suelo estadounidense, justificaron una respuesta militar, policial y política sin precedentes.

Esa predisposición para la acción hace 12 años se ha agotado, a juzgar por cómo Obama y el Congreso dividido están gestionando la respuesta al supuesto uso de armas químicas por parte del régimen de Bachar al Asad. Ahora el presidente y su equipo han medido muy bien sus pasos a la hora de avanzar hacia una intervención militar en el extranjero, para la que terminaron pidiendo la autorización del Congreso, cuyas deliberaciones se han puesto inesperadamente en suspenso en espera de una solución diplomática.
"La historia nos ha enseñado que los conflictos en
Oriente Medio no son simples, fáciles o limpios. Una intervención como la de Siria tiene que suponer una alta amenaza para la seguridad nacional e intereses diplomáticos y morales y esto no se cumple en Siria", escribió en una columna de opinión este lunes la congresista Tulsi Gabbard, veterana de la guerra de Irak. Que estos son otros tiempos lo demuestra la rápida acogida en Washington de la propuesta rusa para que el régimen sirio, acusado de matar a más de 1.400 personas con armas químicas a finales de agosto, evite un ataque militar de castigo si accede a un plan de desarme borroso y con pocas garantías.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 aún estaban frescos en la mente de los estadounidenses cuando en 2003 la Administración Bush atacó Irak con un 73 % de apoyo público, con el argumento, que se demostraría infundado, de que su presidente,
Sadam Husein, era una amenaza para la seguridad nacional por poseer armas de destrucción masiva, entre ellas armas químicas. Precisamente el desencadenante de esa guerra fue el incumplimiento a finales de los 90 por parte del régimen iraquí de sus compromisos de desmantelar bajo supervisión de la ONU sus arsenales.
Con un 55 % de la opinión pública en contra de intervenir en
Siria, ese tortuoso proceso de control y destrucción de armamento podría repetirse, porque como dijo esta semana el secretario de Estado, John Kerry, "es claramente la opción preferible" si se logra con garantías. Tras más de una década de guerra en Afganistán e Irak y más de 6.000 muertos, Estados Unidos prefiere evitar una acción militar de consecuencias imprevisibles, consciente de que la opinión pública no quiere volver a embarcarse en costosos despliegues de resultados poco tangibles.
En opinión de Obama, "a lo que hemos asistido en la última década (desde el 11S) es al heroísmo de nuestras tropas, a los enormes sacrificios de ellos y sus familias". No obstante, advirtió también el presidente, las principales amenazas de Estados Unidos seguirán estando "especialmente, fuera de nuestras fronteras".