Las cadenas del nacionalismo catalán
jueves 12 de septiembre de 2013, 01:16h
La puesta en escena ayer de la última ocurrencia nacionalista, la cadena humana “por la independencia”, tiene dos lecturas inmediatas: la primera, que el órdago secesionista sigue siendo el único punto en la agenda política de la comunidad autónoma; y la segunda, que definitivamente CIU ha consentido en ser fagocitada por Esquerra. Voluntariamente, por cuanto el apoyo dado por la plana mayor de Convergencia -y parte de Unió, pese a que Durán ayer no quisiera salir en la foto- se daba sin ambages, aun a sabiendas de que algo así daba a Esquerra un protagonismo sumamente peligroso.
El problema no es que tuvieran más o menos repercusión internacional -que fue escasa, dicho sea de paso-, sino la constatación de la deriva que ha tomado Cataluña de un tiempo a esta parte. Es evidente que un nutrido sector de la sociedad catalana es claramente partidaria del secesionismo, aunque menos de lo que se quiere hacer creer. (Eso, si, conviene no confundirse, se entiende que ellos se separan, el resto –en relación al nuevo estado- debe quedarse donde está). Por otra parte, el papel de los dos grandes partidos de ámbito nacional en todo este asunto no ayuda precisamente a arreglar las cosas. El PP a nivel local sufre el desgaste de su marca nacional como partido gobernante, si bien ello no es óbice para afirmar que la labor del equipo de Alicia Sánchez Camacho es encomiable y valerosa, pero manifiestamente mejorable.
Por parte del PSC, ha llegado al actual proceso de descomposición interno por méritos propios. Es lo que le ocurre a un partido de ciudadanos, que no de territorios, e internacionalista cuando quiere jugar a ser nacionalista, espantando así a las bases propias sin lograr atraer a las ajenas. El resultado, una caída en picado en resultados e intención de voto. Da la impresión de que ni PP ni PSOE son conscientes del problema. Sería prioritario que aparcasen sus diferencias y se dedicasen en esta materia a construir en lo que tienen e común, cual es el interés nacional. Y eso empieza por hacer pedagogía de que lo que supondría para Cataluña dejar de pertenecer a España, no pertenencia a Europa, no moneda única y no beneficiarse de los principales tratados internacionales, amén de la deslocalización de las principales empresas.