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¿Tiene Pedro Jota un Watergate o un Caso Naseiro?

jueves 12 de septiembre de 2013, 19:09h
La pasada semana hablaba con un redactor del periódico El Mundo y me confesaba que las exclusivas de su diario con respecto al Caso Bárcenas no habían supuesto un aumento en ventas. No sé si es verdad o no, lo peor es que no me extraña. La situación periodística y política de este país ha llegado a un nivel de apatía tal que un escándalo mayúsculo como puede ser ese o el de los ERE de Andalucía pasa de puntillas entre la ciudadanía, que lo toma como una taza más de la sopa fría, sin inmutarse, sin ilusiones.

El momento es verdaderamente delicado y ya he dicho varias veces en esta columna que cualquier cosa es preferible a una reacción encendida, sea en forma de populismo radical, golpe de estado o cualquier tipo de acción directa de las que en este país sabemos tanto. Ahora bien, entre eso y este triste dejarse llevar, esta procesión resignada, tiene que haber un punto medio. No puede ser que ande pasando medio PP y medio PSOE por las salas de justicia... y resulte que PP y PSOE sigan liderando las encuestas, aunque su voto conjunto sea cada vez menor y aunque, muy probablemente, el porcentaje de voto válido en las próximas elecciones europeas vaya a alcanzar un record negativo.

Volvamos, en cualquier caso, a El Mundo y su apuesta por tirar de la manta Bárcenas, una apuesta en la que ha dejado atrás a El País, que pareció empezar fuerte y se ha quedado en nada, en esa tibieza que encaja con la de la sociedad. En El País ya no queda nadie y el que queda prefiere no moverse, lo que nos deja un periódico para fotos de Paz Vega y poco más, porque no hay valor, no hay empuje, no hay ganas y no hay dinero, ni siquiera para atacar al enemigo.

Mientras tanto, la pregunta en la Avenida de San Luis es: ¿Hasta qué punto Pedro Jota Ramírez tiene en sus manos un Watergate o tiene un Caso Naseiro? La diferencia es notable y puede que su propio futuro le vaya en ello. Se puede decir que Nixon perdió la presidencia por montar un sistema de escuchas ilegales al partido demócrata en el complejo Watergate y sin duda será cierto, pero si algo acabó definitivamente con “Tricky Dicky” fue su capacidad para mentir constantemente, para negar los rumores que se convertían en pruebas pocos días después gracias al trabajo de Woodward y Bernstein, por supuesto, pero sobre todo gracias al de la maquinaria judicial estadounidense.

Pongamos el caso en contexto para el lector: las escuchas se produjeron a lo largo del año 1972, el de la re-elección de Nixon. Unas escuchas de por sí bastante estúpidas, porque el presidente ganó esos comicios por 520 votos electorales a 17. Una manera de demostrar que si uno es un tramposo lo es hasta cuando no lo necesita. La posible implicación del partido republicano se conoce a partir del asalto a la sede demócrata por parte de unos matones de Nixon en junio de 1972 y el propio FBI apunta a una posible relación Partido Republicano-Watergate en septiembre de ese año, dos meses antes de la re-elección abrumadora.

Para ahorrarles párrafos y párrafos sobre la investigación, tengan en cuenta que Nixon es obligado a dimitir amenazado de “impeachment” por sus propios compañeros de partido en agosto de 1974, dos años después.

¿Qué aprendemos de esto? Que se puede mentir durante dos años y ganar elecciones de manera impune, pero que más de dos años es complicado si las pruebas son sólidas. Ahora queda por saber si las pruebas son sólidas y quién las tiene. Por supuesto, el juez Ruz, pero, ¿también el director de El Mundo?, ¿hasta dónde va a poder mantener la apuesta?, ¿qué represalias en forma de publicidad institucional recortada va a tener que pagar su periódico –y sus trabajadores- por mover las arenas del poder? Será interesante saberlo.

Puede que todo esto acabe como un nuevo caso Naseiro o un nuevo caso Filesa, es decir, poca cosa. Mucho ruido y pocas nueces. Puede, sin embargo, que Pedro Jota sepa lo que está haciendo y simplemente esté racionando la información: tú niegas que estuviera dado de alta en el partido, yo saco el papel del alta en la Seguridad Social; tú niegas haber cobrado en “B” yo saco una firma tuya aceptando ese pago... La clave del Watergate fue que Nixon nunca supo con qué cartas jugaba la justicia ni el Washington Post y por eso estaba vendido. Podía cambiar fiscales generales si quería pero las pruebas ya estaban ahí, pasando de mano en mano, y en dos años pasó de ser uno de los presidentes más votados de la Historia a quedar en la memoria como el mayor mentiroso del mundo.

¿Será ese el camino de Rajoy? Dependerá de las pruebas, no de las intenciones. Afortunadamente, sin pruebas aún no hay condena. A veces incluso con pruebas no la hay, así que es normal que no parezca demasiado preocupado. Si el país sigue dormido, el rumor pasará, el periódico callará y la publicidad seguirá llegando o no. Si el país se levanta para algo más que para defender o atacar cadenas humanas y se pone serio, entonces los Rajoy, Griñán y compañía tendrán problemas.

Aunque tampoco muchos, ojo: Nixon fue indultado por su sucesor al poco de tomar el cargo. Al final, ya saben, todo queda en casa y ese vicio no es exclusivamente español.

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

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