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embajador de Corea del Sur en España

Oh Dae-sung: "No tenemos recursos naturales, pero sí buenos recursos humanos"

jueves 19 de septiembre de 2013, 16:01h
De mirada expeditiva y con un perfecto castellano, Oh Dae-sung, embajador de Corea del Sur en España, recibe a EL IMPARCIAL en su despacho de Madrid para dar a conocer un poco más la cultura surcoreana, aún a la sombra de la de sus vecinos China y Japón, y los secretos que se esconden detrás del 'boom' económico y comercial que ha protagonizado su país en las últimas décadas, si bien el espinoso asunto de Corea del Norte también tiene cabida en la charla.
Corea se ha convertido en los últimos años en un creciente actor en el escenario internacional asiático llegando a ser un interlocutor casi al nivel de China o de Japón. ¿Sobre qué bases se asienta esta creciente influencia económica y comercial?
Durante el siglo XX, Corea del Sur sufrió mucho por la Segunda Guerra Mundial, por ser colonia de Japón durante más de tres décadas y por la división de la península en dos, con una guerra civil de por medio en la década de los 50 y en la que murieron tres millones de personas.

Todo esto dejó un país destruido, pero los coreanos se levantaron de entre las cenizas logrando el milagro económico. La gente se pregunta cómo pudimos superar todo esto y mi opinión personal es que fue gracias al liderazgo político personificado en la figura del presidente Park Chung-hee, ya que nuestro sistema político le da un peso muy importante al jefe del Gobierno.

Él se implicó de una manera considerable en conseguir durante su mandato el desarrollo económico y fue el precursor del despegue del país. Todo en base a un cambio de perspectiva y de la comunidad surcoreana, porque el país era en un 65 por ciento rural y agrícola. Esto motivó a los campesinos, a los agricultores y también a los empresarios a trabajar mucho para mejorar su nivel y calidad de vida bajo su liderazgo.

El segundo factor que me gustaría destacar fue el liderazgo creativo y el espíritu de desafío de las empresas surcoreanas, que comenzaron de la nada, casi con las manos vacías, pero hoy en día son grupos líderes mundiales en sus respectivos campos. Es de apreciar su carácter.

En tercer lugar, hay que mencionar también el fervor y la pasión con el que mis compatriotas viven la educación. Corea del Sur no tiene ningún recurso natural, pero tenemos muchos y muy buenos recursos humanos.

Para nuestro país, Corea del Sur sigue siendo un país ciertamente desconocido. ¿Cuál es la carta de presentación de su país y que barreras se deben superar para acercar ambos países?
Corea del Sur es un miembro muy activo en el G20 y nuestra economía es la decimocuarta del mundo, sólo superada en Asia por la de China, Japón e India. En cuanto a las exportaciones, somos el séptimo país del mundo, la misma posición en lo que se refiere a las reservas internacionales. Somos octavos en el ranking de lo que se llama "twin business", de hacer negocios, entre 183 países, según el Banco Mundial.

Asimismo, somos el único país asiático que ha firmado un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea al mismo tiempo. Nuestro mercado es el más abierto de toda Asia, puesto que tiene firmados acuerdos con más 60 del por ciento de la economía mundial, incluyendo la ASEAN, India, Chile, Singapur, Perú, Colombia...

También destacamos en construcción naval, donde somos los mejores del mundo, en la producción de móviles, en siderurgia, donde ocupamos el sexto lugar mundial, en construcción, químicos, petroquímicos, en la tecnología de la imagen y en la industria automovilística, en la que somos el país que más coches produce en su territorio: 4,8 millones de unidades al año.

Quiero destacar además que nuestra inversión directa en I+D es la quinta del mundo por detrás de Estados Unidos, China, Alemania y Japón. El año pasado fue de más de 50.000 millones de dólares, por encima del 4 por ciento del PIB, un porcentaje sólo superado por Israel. El objetivo es mantener el crecimiento a través de un desarrollo sostenible y de las nuevas tecnologías.



¿Qué puede aprender España de la filosofía surcoreana y viceversa?
Tradicionalmente, en Corea ha habido un espíritu de cooperar entre la gente de la comunidad. En el campo, la sociedad rural se une para sembrar y cosechar en común por el bien de todos. Todos trabajan juntos, es nuestra filosofía.

En este sentido, somos un pueblo muy homogéneo, aunque desde hace veinte años más o menos ha habido muchos extranjeros que se han casado con surcoreanos y eso ha provocado algunos problemas derivados de la multiculturalidad en las familias, que han padecido cierto desprecio.

Eso sí, estamos haciendo un gran esfuerzo por abrazarlos considerando que ellos también son ciudadanos nacionales. En este aspecto, tenemos que aprender de España, porque su sociedad es cosmopolita y multicultural, existe una gran variedad, y en la que conviven varias religiones y razas en paz.

Corea del Sur ha demostrado contar con una economía saneada y fuerte en las últimas décadas y sus previsiones son francamente positivas. ¿Cómo cree que debería afrontar nuestro país la salida de la crisis?
Como ya he dicho, tenemos la tradición de cooperar en nuestra sociedad. Quiero mencionar que, cuando se dio la primera crisis económica asiática en 1997, nuestro Gobierno no tenía dinero para pagar las deudas a corto plazo y sólo disponía de 3.000 millones de dólares en reservas internacionales, lo que nos obligó a pedir al FMI un préstamo por valor de 65.000 millones de dólares.

De repente, los surcoreanos, entre ellos mi propia mujer, empezaron, de manera altruista y voluntariamente, a donar sus joyas y sus bienes al Estado para poder disponer de fondos. Dijeron, "¡Vamos a salvar a nuestra patria!". Así, se recaudaron más de 2.000 millones de dólares en 200 toneladas de oro.

Años más tarde, en 2008, llegó la actual crisis financiera mundial. Al principio, nosotros también tuvimos un crecimiento negativo, aunque a finales de 2009 se logró un gran pacto social entre los empresarios y los trabajadores con el apoyo de los líderes sociales y religiosos. El acuerdo se basaba en que no se despediría a ningún empleado y estos serían enviados de vacaciones por turnos para asumir el gasto. Además, los grandes empresarios rebajaron sus salarios para compartir el sufrimiento de sus plantillas.

Gracias a este pacto social, en 2010 se logró un crecimiento del 6,3 por ciento del PIB. Pasamos en apenas dos años de crecer negativamente a hacerlo positivamente basándonos en la solidaridad y en la unidad de todo el país para superar la crisis bajo el liderazgo del Gobierno.

Su país cuenta con uno de los mejores sistemas educativos en todo el mundo mientras que el nuestro retrocede año tras año. ¿Cuáles son sus puntos fuertes?
La educación ha sido clave para lograr el desarrollo económico. El secreto no es otro que la pasión y el fervor de los padres surcoreanos con la formación de sus hijos. Después de la guerra, no había nada, el país estaba destruido. En esta situación miserable, nuestros padres se sacrificaron con la esperanza de que sus hijos pudieran llevar una vida mejor que la que ellos habían tenido. Además, la sociedad surcoreana se enorgullece de favorecer la igualdad de oportunidades.

También ha habido una tradición de apreciar a los intelectuales y nuestro Gobierno, además, invirtió mucho en el sector educativo para responder a las demandas del pueblo. Un ejemplo es que los salarios de los profesores de primaria, de bachillerato o los universitarios son muy altos, de los mejores.

Asimismo, destacamos en la internacionalización de nuestros estudiantes. El primer lugar por alumnos en Estados Unidos lo ocupa China, luego India y, en tercer lugar, Corea del Sur, a pesar de que somos un país pequeño. En cambio, en China, los surcoreanos son el grupo mayor. También hay muchos en Inglaterra, Francia, Alemania...

En cuanto a la tensión con su vecino del norte, ¿cómo cree que se desarrollarán las relaciones en los próximos años?
Hasta 2007, y durante diez años, tuvimos dos presidentes liberales que abanderaron la política de reconciliación con el objetivo de cambiar el régimen norcoreano sacándolo de su aislamiento de la comunidad internacional. Se abrió ligeramente el mercado y la industria y se hizo llegar ayuda humanitaria.

Sin embargo, la sociedad surcoreana decidió, en 2008, cuando tomó posesión un Gobierno muy conservador, cambiar de rumbo creyendo que esta política de acercamiento había fracasado y que incluso se había ayudado indirectamente mediante inversiones a Corea del Norte a desarrollar su programa de misiles y la bomba atómica. Entonces las relaciones se enfriaron y por eso Pyonyang atacó una corbeta y unas islas a modo de protesta.

En febrero pasado, la hija del expresidente Park Chung-hee, Park Geun-hye, fue nombrada presidenta. Es la primera mujer en ocupar el cargo en la historia del país. Siendo conservadora, su política respecto al norte se basa en dos puntos: principios y confianza. Por eso sigue pidiendo al Gobierno norcoreano que se siente a la mesa de diálogo con responsabilidad y transparencia abandonando el programa nuclear.

No sé cuándo habrá una reunificación pacífica entre las dos Coreas, no lo veo cercano, pero sí digo que es muy difícil que haya un conflicto armado porque la situación ha cambiado mucho, sobre todo después del cambio de estrategia del nuevo Gobierno chino, que pide a Pyonyang que actúe de manera responsable dejando atrás sus aspiraciones nucleares manteniendo la paz en la península coreana.

Pero el asunto de la reunificación es un problema que afecta a varios países al mismo tiempo, a actores con diferentes intereses, no sólo a ustedes. ¿Cómo calificaría sus relaciones diplomáticas con China y con Japón?
La relación con China ha cambiado mucho. La gente tiene la percepción de que Pekín es el mayor aliado de Pyonyang, su gran apoyo, pero, hoy en día, nosotros y ellos somos inseparables económicamente. El comercio bilateral fue en 2012 de 225.000 millones de dólares y este año está previsto que suba hasta los 250.000 millones y el intercambio de personas es de 7 millones anuales.

Es nuestro mayor socio comercial y financiero. China nos ha pedido comenzar la negociación de un acuerdo de libre comercio y estamos en ello. En este sentido, nuestra presidenta viajó hace poco para reunirse con Xi Jingping.

Al mismo tiempo, Japón no quiere quedarse atrás y también está participando en el diálogo para formar un bloque muy importante en el mundo. Pero con ellos existe el problema de la herencia de la guerra. Han sido muy importantes política y económicamente durante muchos años, pero la ultraderecha ha ido ganando fuerza por causa de la crisis económica e insisten en negar los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial por los soldados japoneses contra mujeres chinas y coreanas a las que convirtieron en esclavas sexuales. Es por esto que nuestra presidenta rehúsa reunirse con el Gobierno japonés.

En caso de una hipotética reunificación, un objetivo largo tiempo esperado, su país, por peso económico, tendría que hacer frente a la inmensa mayoría de los costes del proceso. ¿Aprueba la sociedad surcoreana asumir este sacrificio?
Los jóvenes son los que se oponen a la unificación porque no quieren asumir ese coste. No hay que olvidar que el PIB per cápita de Corea del Sur es de 30.000 dólares al año, mientras que el del Norte es inferior a los 1.000 dólares anuales. Sin embargo, las personas de entre 50 y 60 años sí apoyan este proceso.

La unificación llegará algún día, como fue el caso de Alemania, y entonces tendremos que asumir esa carga como parte de nuestro destino y nos beneficiaremos de una sinergia entre ambos países. Nosotros tenemos tecnología y capital y ellos mano de obra barata.
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