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RESEÑA

Tawni O’Dell: Caminos ocultos

sábado 21 de septiembre de 2013, 22:41h
Tawni O’Dell: Caminos ocultos. Traducción de Clara Ministral. Siruela. Madrid, 2013. 329 páginas. 19,95 €. Libro electrónico: 8,99 €
En un pequeño pueblo de Pennsylvania ocurre una historia familiar con todos los componentes dramáticos imaginables. La vida rutinaria se ve interrumpida con el asesinato de un hombre por parte de su propia mujer. Como resultado, cuatro hijos quedan a la vez huérfanos de padre y abandonados por la madre, que va a parar a la cárcel de por vida.

Harley, el hijo mayor de dieciocho años, se tiene que hacer cargo de sus tres hermanas menores, Amber, Jody y Misty. Las mantiene con los dos sueldos que recibe por dos trabajos extenuantes pero necesarios. Resulta interesante que, a pesar de sus dificultades en las relaciones personales, su baja autoestima, la increíble situación familiar que enfrenta y las dificultades económicas, en general Harley logra cumplir con sus hermanas y llevan adelante una vida “relativamente” normal.

La causa originaria de los problemas fue la violencia intrafamiliar. En concreto, un padre que golpeaba con frecuencia a sus hijos, con una violencia incontrolable y por motivos nimios, causándoles dolor físico y moral, además de terror y otros traumas infantiles que los acompañarían largo tiempo. La madre no era golpeada y, al parecer, tampoco detenía los excesos paternos.

Harley vive apesadumbrado por las dificultades económicas y la situación familiar, pero también por su virginidad, aunque rechaza una posibilidad que le consigue su hermana Amber con una amiga. La razón era que el joven se había “enamorado” de Callie, una mujer de treinta y tres años, pero casada y madre de dos hijos. Finalmente y en secreto se involucra con ella, en el inicio de una situación llamada a terminar muy mal. En la práctica, la disfuncionalidad familiar lleva a que Harley, también a Amber, y ciertamente a otros, a que busquen el sexo sin amor, meramente utilitario, a veces triste y en ocasiones causante de un placer efímero.

Algunos temas aparecen insinuados en medio de una escritura en varios tiempos cronológicos, que avanza y retrocede en las historias, las entremezcla de manera atractiva al punto que requiere gran concentración pero que hace muy difícil dejar de leer. Por ejemplo, en diversas conversaciones y momentos aparecen los supuestos abusos sexuales del papá sobre Misty, cuestión que va enredando las circunstancias del parricidio. Otro asunto es la disponibilidad de armas a la vista y alcance de los niños, con consecuencias que se podrán apreciar en la obra. Un tercer aspecto es una sexualidad juvenil apta para todo: para amar o para vengarse, para huir o gozar o sufrir.

De manera creciente va adquiriendo importancia Betty, la psiquiatra de Harley, que ejerce su labor con gran vocación y no por dinero en centros estatales. Aunque aparece ocasionalmente, termina convirtiéndose en un personaje crucial, todavía más cuando van apareciendo algunos temas y cuando se van resolviendo ciertos asuntos complejos de la historia. Es, por ejemplo, quien recibe la confesión sobre la relación incestuosa, enfermiza y dolorosa de Harley con Amber (por decisión de ella, que se escudaba en su hermano ante las palizas de su padre). Relación que marca el final de la historia.

Todo esto cobra importancia porque el libro tiene giros sorprendentes y dramáticos, tanto en el amor como en las muertes. Sí, por cuanto hacia el final la propia Callie es asesinada y Harley, confeso del crimen, va a parar a la cárcel, aunque el asunto es más complejo y tendrá una resolución diferente. Por lo mismo, hay dos momentos clave cuya explicación resulta difícil y cambiante, como son las muertes del papá y de Callie, las causas de esos asesinatos y los responsables de esa fatalidad.

A través de todo el relato se trasunta una pesadumbre moral que a veces se vuelve insoportable (no en términos literarios, sino en la persona del lector). Son demasiadas las dificultades de la vida, los dolores y tristezas, los síntomas negativos de una vida que no vale la pena, tan repetidos que forman un cuadro duro de leer a pesar de ser narrado con una prosa riquísima y un estilo atractivo.

De esa manera aparecen reflexiones que, escondidas en una frase o pequeña historia, van definiendo tristemente el ambiente que cruza transversalmente toda la obra: “No había nada que aliviara el peso de la vida”; “en casa todo es una mierda”; “me parecía que era normal” (que el padre les pegara, como le cuenta Harley a Betty); “Me alegré. Quería herir sus sentimientos”.

Como se puede prever, se va desarrollando una historia donde un final feliz se hace inviable, mientras nuevos dramas y traumas no solo son posibles sino que también resultan verosímiles.

Por Alejandro San Francisco
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