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Terror en el nombre de Alá

miércoles 25 de septiembre de 2013, 20:16h
El ataque islamista contra un centro comercial en Nairobi -Kenia- ha conmocionado al mundo. Bastante más desapercibido pasó el atentado que sufrió una iglesia hace apenas una semana en la ciudad pakistaní de Peshawar; allí, 81 cristianos fueron asesinados por fundamentalistas islámicos. Por desgracia, en este tema las estadísticas son tan frías como numerosas; y lo que es peor, cada vez son más. Claro que, como todo lo anterior sucede “lejos”, parece que importa menos. Nigeria, Egipto, Irak o India son sólo algunos ejemplos de países donde se mata impunemente “en nombre de Alá” -tal es el principio y fin de cada reivindicación terrorista, la haga quien la haga-.

No estamos hablando de cuatro desarrapados carentes de toda instrucción y que siguen al dedillo los manejos de una cabeza pensante por encima de ellos. Todo parece indicar que el atentado de Kenia ha habido ciudadanos británicos y estadounidenses implicados. Otro tanto sucedió con los ataques al metro de Londres hace unos años. Y hay más. Jóvenes de diversas nacionalidades acuden a Siria no precisamente a liberarla de la tiranía de al Assad sino para exterminar infieles e instaurar allí la Sharia o ley islámica. Esos mismos jóvenes que, en mezquitas de Francia, Reino Unido y España, acrecientan su odio erga omnes.

Por lo general, el odio no conoce fronteras ni proporciones; tal es el caso. En las Torres Gemelas murieron musulmanes, al igual que en el metro de Londres o en los atentados de Madrid. En Pakistán, más de 90.000 personas han perdido la vida de forma violenta durante los últimos años; musulmanes contra musulmanes. No obstante, tanto aquí como en Irak hay un cierto componente cainita, por cuanto sunitas y chiítas llevan siglos machacándose. Digo esto porque las generalizaciones son siempre injustas, y mas aquí. Pongo la mano por todos y cada uno de los musulmanes de mi entorno. Todos ellos por igual abominan de la lacra terrorista. Los asesinos no suelen hacer distingos en función de credos, y buena prueba de ello es el modo indiscriminado con que suelen actuar.

Sin embargo, a nadie escapa que hoy el Islam tiene un problema; un problema que sólo el Islam puede resolver. No se mata en nombre de Dios, Buda o Jehová, se mata en nombre de Alá. Y eso mancilla a una gran mayoría de musulmanes que no merecen que se les mezcle con semejantes alimañas. Ahora bien, esto sólo se puede parar en tanto en cuanto surjan voces autorizadas entre la comunidad de creyentes que fijen claramente su posición. Que digan que nada ni nadie justifique la muerte de una sola persona. Que se pasen por el forro ciertas fetuas -veredictos dictados por algún clérigo; una así condenaba a muerte al escritor Salman Rushdie por haber escrito el infumable Los Versos Satánicos-. Que mujeres y hombres sean iguales ante la ley. Que no se obligue a las primeras a vestirse como buzones de correos y se respeten sus derechos. Que dejen de culpar a Occidente de todos los males del mundo. Y que quien practique la violencia sea excluido de la Umma -comunidad de creyentes-. Hacen falta, pues, musulmanes que den un paso al frente. Hasta que eso no pase, seguirá habiendo muertes. Y ya ha habido demasiadas.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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