RESEÑA
Jean-François Duval: Kerouac y la generación beat
domingo 29 de septiembre de 2013, 14:14h
Jean-François Duval: Kerouac y la generación beat. Traducción de Francesc Rovira. Anagrama. Barcelona, 2013. 336 páginas. 14,99 €
Dean Moriarty, “el padre que nunca encontramos”. Así describía Sal, el protagonista de On the road a Dean; es decir, así describía Jack Kerouac a Neal Cassady. Jack Kerouac es el autor de On the road, En la carretera, publicado en 1957, seis años después de El guardián entre el centeno de Salinger, que cambió toda una visión del mundo hasta nuestros días. On the road es en la literatura lo que los Beatles fueron en la música: un contenedor y catalizador de miradas y sensibilidades. Nuestro orientalismo, nuestra santificación del aturdimiento, nuestra heroización del viaje, nuestro entusiasmo y nuestra decepción final, en definitiva, la bipolaridad rotunda y aceptada de nuestras sociedades modernas desarrolladas viene directamente de la visión de unos jóvenes insatisfechos que cristalizó en On the road. Pero, ¿de dónde viene On the road?
Jean-François Duval, un escritor y periodista suizo, fundador de la revista Construire, y desde hace décadas especialista en la beat generation nos lo cuenta en Kerouac y la generación beat, libro que acaba de salir en la colección Crónicas de Anagrama. El libro es una sucesión de entrevistas literalmente transcritas y hechas por Duval a Allen Ginsgberg -autor de El aullido-, Carolyn Cassady -la mujer de Cassady, el protohéroe de la generación beat-, Joycey Johnson -novia de Kerouac durante dos años-, Timothy Leary -el apóstol del LSD-, Anne Waldman -autora beat- y Ken Kesey -autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, y promotor de la aventura de “Further” (“Más allá”), el nombre del autobús psicodélico que recorrió los EEUU ofreciendo “Free Kool Acid Tests” (catas gratis de LSD) a quien quisiera probarlo.
Las entrevistas se abren con un texto de Duval en el que emparenta el estilo de Kerouac y su concepción temporal, nada menos que con la prosa de Proust. Para Duval, Kerouac es el “running Proust”. Se basa en cierta razón: el francofonismo de Kerouac, nacido en una comunidad de origen francés y bilingüe si no francófona (de la variante de Quebec denominada “joual”). Y en la pasión de Kerouac por el escritor francés. Tras este texto inicial, desfilan una a una las entrevistas transcritas, aparentemente, de forma literal. Allí está Jack, con su timidez, su empeño en llevar una vida cercana a Jack London en la postguerra mundial, su afán por encontrar su propia voz, su inicial fracaso, su tremendo éxito en el año 1957 cuando un crítico suplente del NY Times escribe una crítica en la que lo proclama la nueva voz de América… y su caída en los infiernos. Su disolución personal en el alcoholismo y en la dependencia de su madre.
También está Gingsberg, esa mezcla de gurú y profesor judío, la universidad de Columbia como epicentro inicial del grupo, las novias de Jack y Neal, supervivientes que declaran que de sexo y de locuras mucho menos de lo que se piensa, Timothy Leary y su delirio lisérgico contra el que solo pudo un cáncer de próstata, y Ken Kesey, fumándose un porro en el desierto con Duval en una recreación del viaje de “Further”. Como angelotes, sobrevuelan la escena Burroughs, Bukowski, Corso, Ferlinghetti, los dos santones del periodismo “gonzo” Hunter S. Thompson y Tom Wolf, y la hija repudiada de Kerouac, Jan Kerouac. Pero sobre todo, asoma la figura legendaria de Neal Cassady, ese ser enigmático reverenciado por todos, protagonista de varias novelas, ese padre al que todos buscaban y que murió junto a unas vías del tren en México tras una fiesta poco heroica.
Kerouac y la generación beat es un libro no muy bien escrito originalmente, y con algunas peculiaridades en la traducción que seguramente vienen del hecho de ser una traducción doble, del inglés al francés y del francés al español. Es, sin embargo, un libro muy bien editado: con amplia bibliografía, cronología y un útil “Who’s who”. Y, sobre todo, una lectura amena, vertiginosa y necesaria para cualquier amante de ese tiempo que tanto nos ha marcado sin haberlo vivido: la generación beat.
Por José Pazó Espinosa