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Malas noticias de la política francesa

viernes 11 de octubre de 2013, 00:20h
Los sondeos demoscópicos hacen llegar cada vez con más claridad noticias preocupantes desde Francia. La más negativa señala que el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen obtendría hoy la mayoría de votos, superando a la derecha gaullista y aún con más rotundidad se alzaría por encima del Partido Socialista del actual presidente François Hollande. La ultraderecha xenófoba del Frente Nacional ha dejado de ser una fuerza testimonial situada en la periferia del antisistema, para convertirse en un partido hegemónico sin el cual será difícil gobernar en el futuro en Francia. Son muchos los datos que atestiguan esta desastrosa noticia de la vida política francesa. Entre otros síntomas, el Frente Nacional ha conseguido triplicar el número de sus militantes, es percibido por el electorado como la auténtica alternativa a la tradicional alternancia entre gaullistas y socialistas y se perfila en todas las encuestas como la formación vencedora en las próximas elecciones europeas.

Este éxito lamentable de la fuerza emergente hoy en Francia no se debe única, ni fundamentalmente, a los aciertos de un Frente Nacional que solo ha retocado la estética de su fundador, Jean-Marie Le Pen, apenas modernizada por su hija y sucesora Marine Le Pen. El FN se ha limitado a cosechar la creciente frustración de la ciudadanía francesa que contempla cómo los políticos tradicionales incumplen sus promesas electorales y se abandonan a una inercia descorazonadora. Un dato altamente significativo de los sondeos estriba en que Le Pen hace crecer su partido entre los electores frustrados que votaron al socialista François Hollande en las últimas presidenciales. Hollande alcanzó el poder con un discurso contrario a los recortes en el gasto de la Administración, crítico con la política económica de Angela Merkel y prometiendo un giro a favor de grandes inversiones que impulsaran el crecimiento. Entre las promesas electorales y la acción de Gobierno ha mediado un abismo. A la hora de hacerse cargo de la situación real, el Partido Socialista francés no ha podido endeudarse más y ha acometido el mayor recorte de gasto de la historia francesa. O bien Hollande hizo la peor demagogia, o bien llegó al Elíseo con un profundo desconocimiento de la realidad económica.

Frente a las promesas, el paro aumenta, el poder adquisitivo disminuye y la ley de recortes presupuestarios se impone en el socialismo que ocupa el poder. Es esta frustración la que alimenta sin tregua de nuevos seguidores al FN de Le Pen. Las malas noticias no acaban aquí. El Gobierno francés se haya atenazado por sus prejuicios ideológicos para acometer las grandes reformas que requiere la sociedad francesa para salir del círculo vicioso en el ha entrado. En tanto no haya coraje para realizar esas profundas reformas, el miedo, el resentimiento y el desengaño seguirán nutriendo al dañino y cada vez más poderoso ultraderechismo galo.
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