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Un beso en Marruecos

miércoles 16 de octubre de 2013, 20:32h
Sucedía la semana pasada. Una pareja de adolescentes, él 15 años y ella 14, se dieron un beso al salir del instituto. Un amigo de ambos, también de 15 años, hizo una foto con el móvil y la subió a Facebook. Nada de particular, excepto porque semejante muestra de “exhibicionismo indecente” fue cometida en Nador -Marruecos-, y los “culpables” pasaron cinco días recluidos en un centro de menores a la espera de juicio. Les pueden caer dos años por el delito de “exhibicionismo indecente”.

Hablamos de Marruecos, no de Pakistán o Arabia Saudí. Sobre el papel, en el reino alauí las mujeres no van disfrazadas de buzón de correos y gozan de cierta libertad. Hablamos, por tanto, de un Islam más moderado…pero Islam a fin de cuentas. En Irán se le sigue cortando las manos a los ladrones y ahorcando a los homosexuales en grúas para que su cadáver sea más visible que desde un modesto patíbulo. En Pakistán hay cientos de mujeres cumpliendo condena por “adúlteras”: han sido violadas y, por tanto, han mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. A la cárcel con ellas. Y en Arabia Saudí no pueden ni conducir, amén -perdón por lo de “amén”- de que pueden llevarse una somanta de latigazos por cualquier menudencia. En otros sitios simplifican algo más; directamente las lapidan y punto.

Marruecos. Socio preferente de Estados Unidos en el Magreb, amiguito de Francia y protector del Sahara. Además, democracia “modélica”. Claro que, en la zona donde está, se cumple aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Sin embargo, hay un incipiente sector de la población marroquí, joven fundamentalmente, que quiere estar por encima de semejante majadería sin por ello renunciar a sus creencias. Son esos mismos jóvenes los que empezaron a subir masivamente a las redes sociales fotos idénticas a las de Mouhsin y Raja -que así se llaman los jóvenes “delincuentes”-, y los que organizaron una concentración pública para “delinquir”: se atrevieron a besarse en público. Olé. Fueron increpados, insultados y zarandeados pero, por fortuna, los besos vencieron a los rebuznos.

Es muy posible que la justicia marroquí sobresea el caso, ante la que se ha montado. Me quedo con la frase de un activista marroquí pro derechos humanos, Chakib Al Khayari, quien denunciaba el hecho de que sea “delito besar a una mujer, pero no golpearla”. Incluso un popular islamista radical, Abu Hafs, animaba a los “defensores de la virtud” a criticar otros crímenes que de verdad merecen ser condenados en lugar de perder el tiempo con un simple beso. Hay esperanza, pues; son musulmanes y marroquíes quienes claman contra semejante despropósito. Frente a ellos, un buen puñado de intolerantes cuya frustración hay que buscara en que, a buen seguro, nunca han “perdido en tiempo con un simple beso”. Pues hala, que besen más y rebuznen menos. Y si no saben, pedagogía al canto: organicemos una “clase práctica” a la puerta de cada embajada y consulado marroquí a lo largo del mundo. No se me ocurre una forma mejor de protestar.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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