Ahora ya sí se puede gastar lo que no tenemos
domingo 20 de octubre de 2013, 18:58h
La magnitud de la crisis económica, especialmente en sus años más duros para España, es decir, de 2009 a 2012, se reflejó en su narrativa mejor que en cualquier otro índice macroeconómico. Esa manera de hablar sin sentido, de repetir mantras incompetentes y de intentar aborregar a la gente desde un desconocimiento real o fingido eran la mejor muestra de que la situación era crítica. El otro día hablaba con una amiga sobre qué hacer cuando discursos así aparecen en todos lados y la prensa les da carta de validez. ¿Protestar, denunciar que lo que se dice es un disparate o simplemente echarse a un lado y negarse a perder tiempo afirmando que el blanco es blanco y el negro es negro y no al revés?
Ella apostaba por lo primero, yo me estoy pasando más a lo segundo aunque esta columna al menos me dé un desahogo semanal.
La principal animalada repetida hasta la saciedad junto al “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” fue el “no se puede gastar lo que no se tiene”, que como consejo de abuela puede que no esté mal pero va en contra de lo que es la esencia del capitalismo como tal, y que, dicho por los gestores de un sistema que se considera capitalista, sonaba directamente a burla. Nuestros políticos –y no solo los nuestros- se referían sobre todo al Estado y a sus distintas e intrincadas administraciones, pero ya de paso, por si colaba, hacían extensiva la receta a toda la sociedad, aunque solo fuera para que pareciera que sabían lo que hacían y que efectivamente había una solución a sus males y ellos sabían cuál era.
Gastar lo que no se tiene, es decir, la dinámica del crédito y el capital que fluye, como digo, es el pan y la sal del capitalismo. De hecho, no se suele llamar “deuda” sino más bien “inversión”. Sin “inversión” no hay emprendedores, no hay nuevas empresas y no se genera riqueza. Eso es de primero de economía. La inversión, es decir, la inversión con sentido, y eso descarta circuitos de Fórmula Uno junto al mar, es necesaria para reactivar cualquier economía y desde luego lo que no se puede hacer es decir “el futuro está en los emprendedores”, frase de por sí algo discutible, y pedirles al mismo tiempo que no se gasten lo que no tienen, es decir, que no se endeuden, que no inviertan.
La reciente y sorprendente afirmación de Emilio Botín, alegrándose de que en España ahora el dinero llega de todos lados, nos ha pillado a muchos con el paso cambiado porque habría que definir exactamente a qué España se refiere. Si estos cinco años han servido para que el señor Botín gane aún más dinero, bien empleados estarán, desde luego, pero el resto seguimos un poco en las mismas. Precisamente para repartir las alegrías, el presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, Ignacio González, ha pedido a Botín que ese dinero que le llega sin freno lo emplee en dar crédito a familias y empresas.
¿Para qué quieren créditos las familias y las empresas? ¿Para qué quieren un dinero que no es suyo si no es para gastárselo, reactivar el consumo y que el capital vuelva a fluir? Ignacio González lo sabe ahora como lo sabía hace dos años pero afirmaba lo contrario. Bien está que ahora los bancos puedan dar créditos de nuevo y las familias puedan endeudarse como lo han hecho toda la vida. Otra cosa es que se haga sin freno y sin control, por supuesto, y de la mala praxis vendrán los malos resultados. El problema es que, teniendo en cuenta que los responsables, a un lado y a otro, son básicamente los mismos y no les ha ido tan mal, poca esperanza podemos tener de que esta vez las cosas se hagan con un mínimo de racionalidad.
Precisamente porque la racionalidad es lo que ha faltado durante demasiados años: en la gestión del país, en la gestión del capital y en la posterior explicación de los desmanes, cuyo futuro parece estar debajo de una alfombra, bien barridos, para poder decir “aquí no pasó nada” y confiar en que repitiéndolo mil veces, de nuevo, la gente se lo crea.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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