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Aviso a navegantes: la Eta que deja la cárcel no es la del “proceso de paz”

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 23 de octubre de 2013, 20:36h
El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo es muy dueño de decir que hay que ser amable y considerado con los asesinos en serie que han poblado la reciente historia de España. Porque ser considerado es decidir la mejor de las opciones jurídicas posible para tales asesinos en serie. Ya se sabe: en la duda, a favor del reo. Muy a favor, diría yo.

Extraordinariamente compasivos estos jueces, que entienden que un año de cárcel por asesinato es mucho. Que es lo que han decidido, aunque aparentemente han fallado sobre otra cosa.

Son muy dueños, y los ciudadanos muy sumisos. Es la diferencia entre respetar la ley y no hacerlo. Y, desde la razón y no desde el corazón, me quedo con el respeto a la decisión de este santo tribunal. Porque, de acuerdo con los cálculos de éste, si alguien matara a los treinta y siete terroristas que ahora saldrán de la cárcel, realmente sólo sería condenado a un máximo de cuarenta años de cárcel (menos beneficios penitenciarios), y cada etarra costaría unos meses. Gracias a que la democracia y el acatamiento de la legalidad es un bien muy superior a cualquier otro, esto no se va a producir, y debemos alegrarnos todos por ello.

Porque, aunque duela, es mejor no ser ese miserable Henri Parot, el que dio nombre a la doctrina que pretendió un imposible: que los asesinos no se beneficiaran de la debilidad de una ley que nunca se pensó para la brutalidad del terrorismo, sino para un régimen que mantenía la pena de muerte para los delitos más graves. Por ello, los delitos no capitales se consideraban redimibles a través de beneficios penitenciarios.

Pero se eliminó (correctamente) la pena de muerte, y siguieron (incorrectamente) los beneficios, esa cosa discrecional de la Administración que el Tribunal de Estrasburgo ha elevado a fuerza de Ley. Por eso, ha considerado que la descatalogación de esos beneficios (su aplicación para cada una de las penas, y no para el resumen de ellas) era retroactiva. Lo era, en efecto, aunque es discutible que fuera Ley. Ya es lo mismo: los etarras saldrán a la calle algunos (pocos, por cierto) años antes de lo que hubieran debido hacerlo, lo que ha revivido el dolor de sus crímenes y ha humillado a las víctimas y a quienes comparten con ellas su dolor.

Lo inquietante de este caso, sin embargo, no ha sido tanto el hecho de la excarcelación de asesinos, ni siquiera la sonrisa de victoria de los proetarras o el choteo con los españoles de quienes se sienten vencedores (como si la Justicia diera la razón al terrorismo). No es nada de eso. Lo peor es la sospecha instalada en la sociedad de que la decisión judicial europea, avalada hasta por un juez español (socialista y alto cargo en el Gobierno Zapatero) ha formado parte de un enjuague, de una maniobra integrada en el llamado “proceso de paz”. Un proceso que los más malpensados incluyen a Rajoy (no de forma activa sino por “dejar hacer”).

Pues bien, para quien así piensa, que sólo tenga en cuenta un dato. Si alguien ha creído que la excarcelación de etarras puede ser entendido por ese mundo como un gesto de buena voluntad, puede estar muy equivocado. De entre los etarras que pueden (que van a) salir de la cárcel, hay alguno irreductible. Alguno que ha mantenido el llamado frente carcelario de Eta, que desde dentro de la cárcel se ha opuesto al “proceso de paz” y que cuando llegue a la calle no va a ser para repartir caramelos ni para retirarse a un tranquilo asueto.

Pienso, sin ir demasiado lejos, en un personaje como Juan Lorenzo Lasa Michelena, “Txiquierdi”,al que no veo pasando la tarde en partidas de mus con antiguos terroristas. Pienso en aquellos que van a ir disparados (nunca mejor dicho) a listas electorales, para que después de sus asesinatos suframos el escarnio de verles en despachos a cuenta del dinero público. ¿O cuánto tardarán en presentar por Tafalla a ese angelito llamado Inés del Río, que si se llega a descuidar y le deja la Policía, hubiera causado tantos muertos pasados como electores futuros?

Atención, pues. El “confortable” mundo del “proceso de paz”, que ya tiene instalados en la moqueta a los beneficiarios del terrorismo etarra, con sus Sortus y Bildus, va a dejar pronto de ser un oasis. Porque en un mundo de radicales, el más bestia gana. Y nadie más brutal que el que tiene el pedigrí de un revólver lleno de muescas.

Y atención, también, para los bienintencionados de la otra parte. Los que creen que la desaparición de Eta es irreversible. Los que esperan que en cualquier momento corran jubilosos a entregar las armas.

El Tribunal de Estrasburgo ha abierto la caja de Pandora. Exactamente igual que hizo la bienintencionada democracia española con la Amnistía de 1978. Los etarras fueron a la calle (porque alguien, especialmente la izquierda, los confundió con presos políticos) y sembraron de muertos las calles españolas durante dos décadas.

Se repasan los nombres de las perlas que van a volver a la calle, ésos antes mencionados más el conocido Bolinaga, los hermanos Troitiño y toda la ralea, y no cabe sino el escalofrío. Para el conjunto de la sociedad, pero no menos para los actuales“corbatasunos”, los que se pasean por el Congreso de los Diputados y por el Parlamento y las alcaldías vascas. O para el PNV. Para todos, esos etarras en la calle son una amenaza potencial, si no real.

Sólo por recordar algo: algunos de los que saldrán libres están en la cárcel por asesinar a sus compañeros etarras disidentes, como la emblemática “Yoyes”. Y yo no sé si en veinte años de presidio, alguno de estos veteranos del terror no tendrá guardadas cuentas pendientes con los propios, incluso más que con los extraños.

Igual por eso les van a hacer homenajes. Para hacerse perdonar por haberse aprovechado de Eta sin arriesgar lo que Eta. Que, por cierto, tampoco fue tanto. Unos meses por muerto. Barato, barato, ofertón de Estrasburgo y del pusilánime y acomplejado postfranquismo.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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