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el PPC cae en picado en las encuestas frente al secesionismo

Sánchez-Camacho: ¿renunciar ahora o catarsis en el futuro?

martes 29 de octubre de 2013, 15:39h
No corren buenos tiempos para la presidenta del Partido Popular en Cataluña. Al desplome en las encuestas de su formación y el de su popularidad se suma el escándalo de supuesto espionaje a manos de la agencia Método 3 y el verse en los foros del corazón tras destaparse la paternidad de su hijo. No son pocas las voces que claman por una remodelación seria dentro del PPC, empezando por su máxima dirigente. La gran duda es si hacerlo ahora, con margen hasta las elecciones de 2016, si no antes, o tras los comicios autonómicos.
A comienzos de octubre, el sondeo del Centro de Estudios de Opinión, el ente demoscópico de la Generalidad de Cataluña, caía como una losa en el seno del Partido Popular. No sólo se evidenciaba la poca acogida que tiene Alicia Sánchez-Camacho entre el electorado catalán, siendo la líder regional menos valorada con una nota de 2,02 puntos, a más de un punto y medio de diferencia de Albert Rivera, el segundo con peores simpatías, sino que además se ponía de manifiesto la debacle en número de votos que está sufriendo el PPC en los últimos tiempos.

La larga travesía por el desierto que está llevando a cabo Sánchez-Camacho en Cataluña, con la difícil misión de defender las políticas y la postura de Madrid en materia de financiación, de educación, de corrupción o sobre la convocatoria de la consulta soberanista, entre otros frentes, le ha pasado una gran factura, llegando incluso a provocar que no sean pocas las voces dentro del propio PPC que abogan por un cambio inmediato de rumbo y, por qué no, de líder.

Tras suceder a Daniel Sirera a mediados de 2008 al frente de la Presidencia del PPC, Sánchez-Camacho, una de las favoritas e incondicionales de Mariano Rajoy, nunca ha logrado situarse como una alternativa real a CiU, ERC o PSC, ni siquiera como partido llave de cara a un hipotético Ejecutivo de coalición. Buena prueba de ello es que el centroderecha catalán liderado por Artur Mas ha preferido aliarse con la izquierda independentista antes que con sus colegas del PPC a la hora de formar el último Ejecutivo autonómico.

Es más, el retroceso en el número de votantes en favor de formaciones como Ciutadans de Albert Rivera o UPyD, que se están ganando la calificación de voto útil para los defensores de la unidad de España a tenor de los sondeos, preocupa y mucho en Génova, que ve cómo su formación podría quedar relegada a una representación testimonial en el Parlament de no cambiar de estrategia.

Todo, mientras Artur Mas recrudece su mensaje secesionista al calor de la promesa de un referéndum en 2014 o en 2015 y Sánchez-Camacho se ve envuelta en el escándalo de escuchas ilegales a políticos catalanes por parte de la agencia de detectives Método 3.

Con el objetivo de recuperar el terreno perdido frente al resto de partidos catalanes, Sánchez-Camacho se descolgaba hace unas semanas con una sorprendente propuesta: una financiación singular para Cataluña. Unos han visto en la idea un guiño patrocinado por el Gobierno para apaciguar a Mas. Otros, el último coletazo desesperado de la presidenta del PPC por sacar el barco a flote.

Por lo pronto, y con el objetivo de intentar reforzar su imagen tanto dentro como fuera del Partido Popular, Mariano Rajoy ha 'colocado' a su lugarteniente catalana en el comité de dirección en Génova, un ente que reúne semanalmente a lo más selecto del PP nacional en el cuartel general de Madrid.

El problema de la sucesión
A día de hoy, la disyuntiva del PPC es clara: aguantar como sea hasta los próximos comicios autonómicos previstos para 2016 capeando los envites secesionistas y la pérdida de votos en favor de Ciutadans alzando la bandera de la unidad de España o sucumbir a la catarsis, renovar la cúpula y empezar a construir, con margen suficiente hasta el juicio de las urnas, una estrategia sólida y de futuro que reenganche al electorado en plena fuga.

Asumido el riesgo de la primera opción, que podría acabar con el PPC a la cola de la Generalidad codo con codo con los radicales de la CUP, cada vez son más los que abogan por la vía de la regeneración. Sin embargo, otro problema se presenta: ¿Quién podría tomar las riendas a estas alturas?

Sánchez-Camacho, sabedora de contar con todo el respaldo de Mariano Rajoy, ha asumido durante estos años en gran medida el peso de la formación en la región, delegando muy poco en las apariciones en público y centralizando el protagonismo de la formación. De este modo, no se atisba con claridad un 'delfín' que pueda recoger el testigo que dejaría tras de sí la actual presidenta e incluso es difícil reconocer a otra cara destacada del PPC.

Llegó a sonar el nombre del exministro Josep Piqué, aunque su reciente fichaje por OHL, pospuesto durante unos días por un revés en su salud, ha descartado rápidamente esta opción.

Otro de los postulables es Alberto Fernández Díaz, máximo responsable del PPC en Barcelona y muy del corte renovador que, en otros frentes, representan los Borja Semper en el País Vasco, José Ramón Bauzá en Baleares o Alberto Núñez Feijóo en Galicia. En su contra juega cierta erosión de su imagen fruto de su pasada experiencia como presidente del PPC entre 1996 y 2003 y la falta de confianza en él del propio Rajoy.

También ha pasado por el 'casting' su hermano, el actual responsable de Interior en Madrid, Jorge Fernández Díaz, amigo personal de Sánchez-Camacho y presidente del PPC entre 1989 y 1991. Sin embargo, su buen hacer al frente de su Ministerio y su actual peso específico dentro del Ejecutivo le hacen perder enteros en Cataluña, aunque se le sigue viendo como una posible opción.

En conversación con este periódico, fuentes del Partido Popular tanto en Madrid como en Barcelona guardan un precavido silencio, sabedoras quizás de que el debate está abierto pero que la formación no se puede permitir, en tiempos de proclamas secesionistas, una batalla interna.

El tiempo apremia y un futuro nada halagüeño se le presenta por delante a los populares catalanes de no tomar cartas en el asunto, ya sea ahora o de cara a las próximas elecciones autonómicas, comicios que podrían dar la puntilla política a Sánchez-Camacho en caso de seguir al frente del PPC.
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