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Para Correa la corte de Derechos Humanos es una “payasada”

viernes 01 de noviembre de 2013, 00:30h
Más de 15 organizaciones sociales han presentado reclamaciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) contra las actuaciones del Gobierno de Rafael Correa en Ecuador. Las principales denuncias se concentran en un cúmulo de leyes y decretos promulgados por Correa destinados a limitar la libertad de prensa y de asociación. No es un mal exclusivo del Gobierno ecuatoriano en el contexto de Hispanoamérica. Las últimas décadas han supuesto un indudable avance de los sistemas democráticos latinoamericanos, pero al mismo tiempo algunas de esas democracias han puesto en práctica formas de ejercer el poder con un espíritu autoritario que vienen a frenar todo el desarrollo y progreso que los vientos favorables han propiciado en la región.
Los casos de Venezuela, Argentina o Bolivia, con todas sus singularidades, coinciden en un ejercicio del poder autoritario dentro de marcos democráticos. En cuanto a Ecuador, las demandas aceptadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se cifran muy especialmente en la Ley de Comunicación, que restringe de forma intolerable el pluralismo informativo, y en el conocido como Decreto Ejecutivo 16, que introduce una regulación asfixiante de las organizaciones de la sociedad civil, a las que Rafael Correa observa con recelo, pues no las puede someter arbitrariamente a su control personal.

La contestación de Correa a las recién iniciadas audiencias en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha sido toda una declaración de principios dominada por la arrogancia y el desprecio a las instituciones de justicia internacional. El presidente ecuatoriano se encontraba de visita oficial en Rusia y no se le ocurrió mejor vía para pronunciarse sobre la corte de Derechos Humanos que utilizando la popular red social de Twitter. Ahí tuvo a bien dejar escritas unas elocuentes palabras: “No nos vamos a prestar a estas payasadas, más aún mientras la Comisión Interamericana de Derechos Humanos continúe en Washington.” A propósito de localizaciones, su estancia en Moscú parece estimular su locuacidad autoritaria.

Considerar la actividad de una corte de Derechos Humanos como una “payasada” ya habla por sí mismo del talante despótico de quien así se manifiesta. Algo que además hace todavía más creíbles las denuncias ante el alto tribunal. Los ecuatorianos tienen ante sí el difícil reto de hacer frente a un concepción del poder que rebaja muchos enteros la calidad democrática, fomentando la exclusión política y frenando el impulso renovador ciudadano. Actitudes como esta no deberían quedar sin respuesta ni ante los tribunales ni entre la población.
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