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Una asignatura pendiente

¿Quién quiere la reforma electoral en España?

miércoles 07 de mayo de 2008, 19:26h
El debate de la reforma electoral en España está en la calle desde hace años. Si se llevara a cabo, implicaría cambios extremos. Entre otros, desaparecería el actual reparto proporcional que preside la Cámara Alta. De modo que algunos partidos minoritarios apenas o nunca obtendrían representantes. Pese a la polémica que emerge de la decisión mayoritaria de los ciudadanos, según las encuestas, se trata de una demanda histórica, al menos para Izquierda Unida, la formación política que sale peor parada del resto cuando se habilita la adjudicación de escaños en el Congreso de los Diputados.

Hoy, en el fragor del debate, los hay defensores del modelo anglosajón. Aquí, cada futuro lord se pelea por su circunscripción uninominalmente, lo que conlleva una pelea fratricida entre compañeros. Otros, como el procedimiento francés, se fundamentan en las dos vueltas, sistema por el cual quedan en el arcén quienes no consiguen el mínimo establecido en la primera ronda. Por último, el alemán propugna la combinación entre un sistema proporcional y participativo; de modo que los candidatos favoritos obtienen escaños, mientras el resto se rellena con los nombres de las listas. Pero no todas las formaciones políticas están de acuerdo con esta transformación que envía al garete la debatida Ley D´Hont .

Reforma inacabada
A comienzos de esta Legislatura, el PSOE propuso una reforma constitucional donde viajaba implícita la reforma electoral. La subcomisión parlamentaria creada para tal asunto y presidida por Alfonso Guerra, contó desde el principio con el apoyo de IU. Éstos exigieron a su vez incluir el voto técnico de las personas discapacitadas y la participación de los inmigrantes en las elecciones. Las propuestas no sirvieron de nada. Desde el principio, CiU y PNV insuflaron la ruptura de la subcomisión. Los nacionalistas siempre han defendido a ultranza el sistema proporcional, mientras que los de Génova, que nunca dieron su beneplácito a las conclusiones, postulan un sistema inglés mayoritario para que gobierne el partido más votado

En esta disparidad de criterios, resulta paradójico que los partidos nacionalistas sean los primeros opositores a la reforma, alegando que es “contraria a la Constitución”. No admiten que “el Gobierno recaiga sobre el partido más votado pues entorpece el sistema proporcional”. Claro, que el argumento no es válido.

Hoy por hoy, escudriñando datos elocuentes, con el sistema electoral español en la mano, PNV, CiU y ERC obtienen más escaños, con menos votos, que Izquierda Unida. Es el caso del PNV, que con 420.000 votos logró 7 escaños frente a IU, que con 1.300.000, sólo consiguió 5 diputados.

Lo cierto es que ninguno de los dos principales partidos se ha tomado en serio la reforma pese a que pueda favorecerles. Quizá “porque no siempre beneficia a quien la postula”, apostillan algunos constitucionalistas, entre los que se encuentra Jiménez de Parga. De ahí su dificultad. Otros expertos aconsejan definir el ámbito de la reforma –bien nacional, autonómica o municipal-; e insisten en corregir el peso de los partidos nacionalistas con arraigo territorial que pueden decidir sobre la gobernabilidad del país y animan ampliar el número de diputados, elevando el umbral de los representantes.

Lo que nadie se atreve a plantear todavía son las listas abiertas. Para demoler dicho argumento se remiten a las listas del Senado. “Al final los ciudadanos votan a los partidos”, aseveran unos y otros.

Aunque el PSOE ha pretendido abanderar desde el comienzo de la Legislatura la reforma de la Ley Electoral –fue una promesa de Zapatero en 2004-, hoy suenan más las críticas dirigidas al PP que sus propias propuestas. Los socialistas censuran el ánimo de la reforma de los populares donde ponen de manifiesto que “no asumen su fracaso en las derrotas electorales”.

Sin embargo, hasta la fecha, sólo Rajoy se ha retratado en este sentido. El líder de la oposición parece decidido a ejecutar una reforma sin excesos, que al menos afecte a ayuntamientos y comunidades autónomas.

Falsos mitos de la reforma
Entre tanto, mitos y los falsos mitos perviven sobre la reforma de la Ley Electoral. La leyenda remacha que el Partido Popular es el más perjudicado de todos, pero algunos estudios lo desmienten. Sí afirman por el contrario, que el 3% no es porcentaje suficiente para obtener un escaño, o que los votos en blanco no van a parar al partido más votado como siempre se ha pensado. Con el actual sistema, es muy difícil que partidos como el fundado por Rosa Díez alcancen representación en el Congreso. Cuanto más con una reforma, que dejaría fuera de juego a nacionalistas o a partidos tan pequeños como Ciutadans.

Pero en la calle no hay mitos. Un reciente sondeo de un diario nacional manifiesta que más del sesenta por ciento de la población quiere una regeneración democrática, pide la disolución de la jerarquía de partidos y el establecimiento de mecanismos que mejoren la participación ciudadana. En definitiva, aquella máxima que dice: “un hombre, un voto”.
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