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El conflicto con Gibraltar: ¿quién parpadea primero?

sábado 02 de noviembre de 2013, 19:34h
Como un grifo que se abre o se cierre caprichosamente, las colas de coches y de personas siguen formándose de vez en cuando para cruzar la frontera entre España y Gibraltar. La longitud de las colas depende de la hora y, parece, del clima de las autoridades españolas.

Los controles, supuestamente para combatir más enérgicamente el contrabando de tabaco (mucho más barato en Gibraltar), fueron impuestos en julio por el Gobierno español después del lanzamiento por Gibraltar de bloques de hormigón a sus disputadas aguas territoriales para construir un arrecife artificial y regenerar la pesca. La gran mayoría de los contrabandistas son españoles.

Cuando yo crucé la frontera en coche la semana pasada al mediodía para participar en el primer festival literario internacional en el Peñón, el clima era tan relajado en ambos lados que nadie ni siquiera me pidió mostrar mi pasaporte. Sin embargo, en la tarde de ese mismo día había una cola de personas de varias horas para cruzar la frontera. Un ciudadano irlandés estaba tan enojado que llamó a su embajador en Madrid para quejarse.

Algunos, incluyendo los más adinerados “llanitos” que viven en Sotogrande, estacionan sus coches cerca a la frontera y cruzan a pie, aunque es algo arriesgado. Dos coches con matrícula de Gibraltar han sido incendiados y otro rayado con la palabra “llanito”.

Las tiendas en Main Street (la principal calle) en Gibraltar están sufriendo un bajón en sus ventas, en particular las joyerías y tiendas de relojes caros; los restaurantes, en cambio, especialmente durante los fines de semana, están a tope debido a la caída de visitas a lugares en España para no quedarse atrapado en una cola; y ha bajado el comercio en La Línea de la Concepción, una área deprimida con un altísimo nivel de desempleo.

Los gibraltareños están muy irritados con el Gobierno español (no con los españoles), pero mantienen su sentido del humor. Un nuevo personaje ha aparecido en la vida de este extraño territorio, en manos de Gran Bretaña desde el Tratado de Utrecht en 1713 cuando fue cedido para poner fin a la Guerra de Sucesión española. Se llama “Reefy” (reef en inglés significa arrecife) y consiste en poner brazos, piernas, etc. a uno de los arrecifes de hormigón cuadrados. Figura también en camisetas y en caricaturas en la prensa local.

Los controles no solo afectan al movimiento de personas, incluyendo los varios miles de españoles que viven en La Línea y trabajan en Gibraltar. Debido a la prohibición desde agosto de la exportación de piedras y áridos a Gibraltar desde España, la semana pasada llegó el primer barco cargado con estos materiales desde Portugal. Gibraltar está construyendo dos espigones en la zona de Sandy Bay, en la cara este del peñón, como parte de un complejo residencial y para proteger esta zona de las embestidas del oleaje.

El arrecife cubre un minúsculo 0,2% de las aguas territoriales de Gibraltar que España no reconoce porque no están mencionadas en el Tratado de Utrecht. Aparentemente el arrecife afecta solamente a un barco de pesca español, llamado Divina Providencia.Se dice que el dueño de este barco ha tenido bastante éxito reclamando las compensaciones prometidas por el Gobierno español para las embarcaciones de Algeciras y La Línea que, faenando en las aguas que rodean Gibraltar, se vean implicadas en incidentes con el Gobierno del Peñón y queden impedidas para practicar correctamente la pesca.

Aunque el Tratado de Utrecht cedió únicamente las aguas del puerto, y la soberanía del Peñón (sin ceder su espacio aéreo), el Gobierno británico hace uso de las aguas colindantes como si fuesen parte de su espacio marítimo. En la primera mitad del siglo XVIII surgió el concepto de las 3 millas náuticas (5,6 km) para todo el mar territorial soberano y fue adoptado por la mayoría de los países en 1982 como base de la jurisdicción marítima, hasta que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Marde 1982, que entró en vigor en 1995, estableció un nuevo límite de 12 millas náuticas (22 km). Las aguas territoriales británicas de Gibraltar actualmente se extienden hasta las 3 millas náuticas.

Nunca han sido tan tensas las relaciones entre Gibraltar y el Gobierno español desde el cierre de la frontera en 1969 por el General Franco, que duró hasta 1985 cuando fue reabierta completamente.

El medio ambiente, incluyendo la política marítima, son competencias del Gobierno de Gibraltar de acuerdo a su constitución de 2006. Si el Partido Popular, nada más ganar las elecciones, no hubiera puesto fin al Foro Tripartito de Dialogo establecido en 2005 por el Gobierno socialista – quiere un foro de cuatro bandas incluyendo los intereses locales españoles, rechazado por Londres y Gibraltar– es más que probable que Fabián Picardo, el ministro principal del Peñón, habría planteado la cuestión del arrecife en esta instancia y esta absurda crisis no se habría agravado tanto.

En abril de 2012, durante el funeral de Margaret Thatcher en Londres, Picardo se acercó al titular de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, con el propósito de buscar una fórmula para poder hablar, pero García-Margallo le dio la espalda. Más tarde, Picardo no se sintió en la obligación de avisar Madrid o Londres del arrecife.

En el fondo, lo que el PP quiere es restablecer un mecanismo como el llamado Proceso de Bruselas (1984) para negociar directamente con Londres la soberanía compartida del Peñón, sin la participación de Gibraltar. La mera idea de una soberanía compartida fue rechazada por 98,9% de los gibraltareños en un referéndum en 2002.

Los llanitos tienen la última palabra en este asunto, y en el clima actual de las relaciones una soberanía compartida sería rechazada en un 100%.

Tanto Madrid como Gibraltar han establecido líneas rojas. Picardo asegura que “el infierno se congelará antes de que el Gobierno gibraltareño retire alguno de esos bloques”, y el PP quiere la retirada de los bloques antes de sentarse a hablar.

Madrid y Londres están negociando en secreto cómo desbloquear esta situación (¿a espaldas de Gibraltar?), mientras el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas urge más cooperación entre todos los partidos afectados sobre una base ad hoc.

Mientras,rechazados tanto el foro tripartito como el de a cuatro bandas, otro de cinco bandas (incluyendo la Comisión Europea por la primera vez) está cobrando forma para reunirse en Bruselas, territorio neutral. Picardo lo ha aceptado y solo espera la luz verde de Madrid. ¿Quién parpadea primero?
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