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RESEÑA

Hannah Arendt: Sobre la revolución

domingo 03 de noviembre de 2013, 12:50h
Hannah Arendt: Sobre la revolución. Traducción de Pedro Bravo Gala. Alianza. Madrid. 2013. 476 páginas. 12,50 €
Leer las obras de Hannah Arendt (1906-1975) es abrirse a una visión de la Historia y la política totalmente novedosa respecto a todo lo que se ha fraguado en los dos últimos siglos: idealismo, materialismo, historicismo, nihilismo... A través de ellas accedemos a unas categorías asentadas en el universo político clásico (griego y romano), reconstruidas para el análisis y crítica de la Modernidad por medio de un vigoroso humanismo que la autora fue tejiendo a partir de su formación fenomenológica -no en vano fue discípula de Husserl y Heidegger-. Por eso solo entendemos bien su pensamiento político cuando conocemos las claves de su discurso sobre “la condición humana” (título de su obra más emblemática). La idea clave de aquel libro que subyace a este ensayo sobre la revolución es la diferencia entre “fuerza” y “poder”, por la que éste “solo aparece allí y donde los hombres se reúnen con el propósito de realizar algo en común”. En realidad, Sobre la revolución es el más lúcido análisis que haya sido publicado sobre la naturaleza e implicaciones del concepto: “poder del pueblo”. Tratar de llevar el poder al pueblo no es lo mismo que darle libertad, lo que supone garantizar la existencia de un espacio donde ésta pudiera manifestarse. La esfera política no es otra cosa que el ámbito donde los seres humanos, por medio de la palabra y la acción, pueden llevar a cabo la prueba de la libertad.

Ese espacio estuvo encarnado por la organización popular espontánea, tales como los Consejos revolucionarios que surgieron en numerosas ocasiones, (por ejemplo, los soviets en Rusia). Con una estructura análoga contaba la población de las colonias británicas en Norteamérica, y la revolución que condujo a la independencia de los Estados Unidos logró establecer la base de una república democrática estable. Otro muy distinto fue el sino de la Revolución francesa y la rusa, en las que, una vez marginados y anulados los Consejos, se abocó al terror y la dictadura. En estos procesos las necesidades prepolíticas del pueblo se impusieron al objetivo de lograr que los desheredados pudieran conducirse como ciudadanos. De ese modo, este libro establece una tesis diametralmente opuesta a todas las ideas ampliamente difundidas provenientes de la escolástica marxista, al contraponer la “fundación de la libertad” al afán por propiciar la abundancia que termine con la pobreza.

En su conjunto, la filosofía social de Arendt se extiende en torno a las dos experiencias radicales que sustentan toda la trama de la política moderna y contemporánea: la disolución de la libertad pública bajo los regímenes totalitarios (como se recoge en su obra Los orígenes del totalitarismo), y la instauración revolucionaria de la libertad política (entendida ante todo como “derecho a participar en el gobierno”). Cabe pensar que este tipo de formulación desplaza la gravedad de los problemas derivados de la pobreza impuesta estructuralmente, al tratarlos como problemas de índole técnica; de todos modos, la reflexión aquí desplegada contribuye ante todo a revitalizar el modelo republicano de la solidaridad social, en el que el desarrollo del espacio público puede leerse como crecimiento de los derechos de la libertad.

Al publicar en 1963 On revolution, H. Arendt ofreció al mundo un texto político que parece haber sido hecho específicamente para el momento actual, en el que el abuso del sistema representativo convierte al sistema democrático en una serie de totalitarismos “legítimos” renovables cada cuatro años. Un entramado en el que se suprime toda posibilidad de participación popular y en el que las virtudes políticas se difuminan, convertidas en insubstanciales valores sociales. Tal como recoge el libro: “Cuando el gobierno se ha transformado realmente en administración, el sistema de partidos solo puede producir incompetencia y despilfarro. La única función no anticuada que el sistema de partidos puede llevar a cabo en tal régimen sería mantenerlo a salvo de la corrupción de los funcionarios públicos” [...]. Todo un diagnóstico premonitorio.

Por José Antonio González
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