¿Qué pasa con la democracia mexicana?
miércoles 06 de noviembre de 2013, 20:06h
Hace cien años, en febrero de 1913, cuando fueron asesinados el presidente Francisco Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, por el golpe de Estado perpetrado por el general Victoriano Huerta, los historiadores comentaron que esta etapa significaba la democracia frustrada. La Revolución Mexicana continuó pese a los intentos contrarrevolucionarios de Huerta y sus sicarios.
La Revolución Mexicana finalmente triunfó, pero no garantizó el acceso a la democracia. El Partido Nacional Revolucionario creado en 1929 por Plutarco Elías Calles a la usanza del corporativismo fascista italiano, se transformó en el Partido de la Revolución Mexicana en 1938 para luego tomar el nombre paradójico de Partido Revolucionario Institucional en 1946. Los partidos emanados de la Revolución Mexicana gobernaron de 1929 a 2000. Los priistas utilizaron todos los instrumentos legales y algunos ilegales para permanecer en el poder. En 1987, el entonces presidente de la república, Miguel de la Madrid, impuso entre los priistas como candidato a Carlos Salinas y después en 1988, a través de una trampa electoral enorme, lo hizo presidente de la república. El gobierno de Salinas ha sido no sólo uno de los más polémicos, además fue en materia económica uno de los peores en la historia de México, al final de su gobierno dejó las finanzas públicas tan endebles, que su sucesor con un mal manejo de la política económica desató una crisis terrible: en 1995 se perdieron más de medio millón de empleos, las tasas de interés subieron por arriba de 100% anual y México tuvo que endeudarse una vez más.
El PRI y sus gobiernos tuvieron a pesar de sus escándalos financieros y políticos, más estabilidad que las dictaduras de Centro y Sudamérica. De ahí que el novelista Mario Vargas Llosa haya acuñado en septiembre de 1990 la frase de “México es la dictadura perfecta”.
Hoy a fines de 2013, trece años después de haber alternancia en el poder y tras los rotundos fracasos de los panistas Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012), la vuelta del Partido Revolucionario Institucional no ha garantizado mejoría en diferentes asignaturas: seguridad pública, lucha contra la corrupción y la inflación, empleo y educación. Desde luego, en todo esto, hay algunos triunfos, pero también es cierto que el gobierno de Peña con un gabinete mediocre, y un conjunto de gobernadores, en su mayoría ineficiente y de extracción priista, no logra mostrar que hay mejores condiciones sociales, económicas y políticas.
El aumento de impuestos ha provocado cierto malestar en la sociedad mexicana. El esquema para 2014 es endeudarse más con acreedores internacionales, no tener un gasto público austero donde debe ser así, y peor aún, el gobierno de Peña para quedar bien con los dictadores cubanos, los eternos hermanos Castro, ha condonado una deuda de Cuba con México cercana a los 500 millones de dólares, cuando en México hay mucho por hacer después de las tormentas tropicales y huracanes que azotaron a medio país y que hay muchísima gente con necesidades primarias sin satisfacer.
De no haber crecimiento económico ni lucha eficaz contra corrupción y si no bajan los índices reales de criminalidad en 2014, el gobierno de Peña estará enfrentando antes de cumplir un tercio de su mandato, serios problemas de rechazo de la población y de ingobernabilidad. La popularidad de Peña desciende muy rápido y es alarmante cómo su equipo no cambia de actitud frente a los errores propios del gobierno.
La democracia mexicana se apoya en un tripartidismo: PAN, PRI y PRD, con un presidencialismo autoritario sin visión de Estado y con reformas estructurales a medio hacer.
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Profesor de Derecho
Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
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