La amenaza terrorista tras la primavera árabe y la desestabilización del Sahel, a examen.

El primer Foro sobre Terrorismo Global que organizaba el Real Instituto Elcano –la Fundación Ortega y Gasset-Marañón lo ha organizado durante doce años- tocaba a su fin. El director general de la Casa Árabe,
Eduardo López Busquets, la consejera de diplomacia pública de la embajada de EEUU,
Kate M. Byrnes, y el presidente del Real Instituto Elcano,
Emilio Lamo de Espinosa, hacían balance de las dos jornadas, en las que diversos expertos han puesto de manifiesto algunos de los principales problemas de la lucha antiterrorista. En opinión de Lamo de Espinosa, el terrorismo continuará de manera inevitable. Es el precio, ha dicho, por la incontestable hegemonía militar de Occidente. “Como no pueden hacer la guerra, hacen el terrorismo”, ha sentenciado.
Así concluían unas jornadas que han comenzado
analizando el problema del terrorismo en Europa, para después cruzar el Mediterráneo y ver qué es lo que ocurre en la otra orilla. El experto en yihadismo del Washington Institute,
Aaron Y. Zelin, exponía durante el panel ‘Evolución de la amenaza y desafíos contraterroristas en el Magreb y el Sahel’, la situación en Túnez y Libia, tras la así llamada primavera árabe. En opinión de Zelin, los grupos islamistas han tomado ventajas en esos países de la inestabilidad y el vacío de poder que ha quedado tras las revueltas. En muchos casos, pasando de ser grupos meramente locales a ser parte del terrorismo local, apoyados en acciones no de combate, sino de apoyo a la comunidad, ha dicho.
Por su parte, el jefe de la Unidad de Terrorismo Internacional de la Guardia Civil,
Manuel Navarrete, se ha encargado de otros dos países fundamentales en el tablero: Marruecos y Argelia, donde, ha dicho, la prevención antiterrorista se ha impuesto, lo que ha permitido realizar hasta 22 operaciones que se han saldado con 196 detenidos en Marruecos, mientras que en Argelia, contra lo que cabría imaginar, la situación se está estabilizando, debido a los éxitos de la lucha antiterrorista. Sin embargo, los terroristas intentan buscar atentados cada vez más espectaculares y sangrientos para compensar su debilidad operativa.
El codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria,
Jesús Núñez Villaverde, ha dado una visión diferente, y ha hecho hincapié en la necesidad de mejorar la vida de los habitantes del Sahel –“estamos hablando de hambrunas”- para detener el avance del islamismo, que encuentra en la pobreza de la zona un excelente lugar de reclutamiento.
La respuesta contraterrorista, en sus diferentes planos, ha sido el hilo conductor del tercer panel de las jornadas, que ha contado con la presencia del subdirector general de Asuntos Internacionales de Terrorismo del Ministerio de Asuntos Exteriores,
Julio Herráiz, de la fiscal de la Audiencia Nacional y coordinadora de terrorismo internacional,
Dolores Delgado, del comisario de Información del Cuerpo Nacional de Policía,
Rafael Martínez, y del director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE),
Miguel Ángel Ballesteros.
En unas exposiciones en las que se ha explicado los distintos niveles de lucha –político, judicial, policial y militar-estratégico-, ha cruzado durante todas las ponencias la importancia de la operación Serval contra el islamismo en Mali, coordinada por Francia, pero también algunas de sus insuficiencias ya que no ha acabado con el terrorismo, sino que tan sólo ha ‘movido’ a los terroristas, que han escapado a otros países. Por ello, es importante la coordinación entre países, tanto europeos como africanos, como, de hecho, se está dando –la fiscal de la AN, Dolores Delgado, ha detallado la manera en que colaboran Marruecos, España, Francia y Bélgica en materia antiterrorista-.
Se trata de un problema, han dicho, de importancia creciente en la comunidad internacional. Como ha puesto de manifiesto el director del IEEE, Miguel Ángel Ballesteros, “los problemas del Sahel serán los de España y la Unión Europea”, ya que, de no resolverse la situación de crisis en la zona, el problema
rebasará el estrecho de Gibraltar, ha expuesto. Todo ello, a través de una estrategia que permita a los malienses ejercer su soberanía, ya que si las “botas occidentales permanecen durante un tiempo prolongado, habrá una llamada a la yihad” en el Sahel.