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Caroline Kennedy, nueva embajadora de EEUU en Tokio

miércoles 20 de noviembre de 2013, 20:13h
Después de la aprobación por unanimidad en el Senado de Washinton, Caroline Kennedy, hija del Presidente John F. Kennedy asesinado en Dallas en 1963, llegó a Tokio el viernes pasado para tomar posesión de su cargo de embajadora de EEUU en Tokio y se prevé para el martes 19 la presentación de sus credenciales al Emperador Akihito en una protocolaria ceremonia en el palacio imperial.

Ya desde que había empezado a correr el rumor de esta posibilidad hacia el pasado mes de abril, el pueblo japonés en general recibió la noticia con agrado por tratarse de una celebridad tan bien querida en la vida pública de EEUU, perteneciente al cuasi mítico clan Kennedy, considerando este gesto del gobierno de Obama como muestra de buena amistad y de alta estimación hacia el pueblo nipón.

Pero por otro lado hay que reconocer que un cierto sector de la opinión pública japonesa, aunque minoritario, miraba con precaución este nombramiento y señalaba, sobre todo, la poca (o mejor dicho nula) experiencia en el mundo político y diplomático de la nueva embajadora. De hecho Caroline Kennedy, que cuenta con 55 años de edad y autora de unos diez libros, había estudiado en las Universidades de Harvard y de Columbia consiguiendo la titulación de abogada, pero sin conexión alguna con el mundo político del país. Y toda la prensa coincide en indicar además que el presidente Obama le ha “adjudicado” a ella este puesto como prueba de gratitud y recompensa por el fuerte respaldo que había dado ella a Obama durante la campaña electoral de 2008 junto con su tío Edward Kennedy.

Sin embargo, habrá que decir también que esta fórmula de nombramiento por recompensa es bastante común en la diplomacia de EEUU. De hecho en la totalidad de embajadores estadounidenses repartidos por toda la geografía del mundo, el 70% de ellos son diplomáticos de carrera mientras el resto son personalidades profesionalmente ajenas a la diplomacia, pero designadas a dedo por el gobierno en turno. Y dicen que esta tendencia se acusa más cuando se trata de sus delegaciones diplomáticas en los países europeos, donde predominan estos nombramientos “políticos” como premio al meritoria contribución en pro de las fuerzas políticas en el poder.

Hasta hace relativamente pocos años, el puesto del embajador estadounidense en Japón había sido ocupado en general por los políticos de peso: Michael Mansfield, líder del partido demócrata en el Senado(1977-89), Walter F. Mondale, ex vicepresidente en el gobierno del Presidente Jimmy Carter (1993-97), Thomas S. Foley, ex Presidente de Cámara de Representantes(1997-2001), Howard H. Baker, líder del partido republicado en el Senado(2001-05), etc.,etc. Pero el último embajador John V. Roos (2009-13), a quien sucede en el cargo ahora Caroline Kennedy, es un caso aparte y no ha sido embajador de esa estirpe. Es abogado de profesión y toda la prensa coincide en que había conseguido el puesto por haber facilitado una gran cantidad de fondos para costear la campaña electoral de 2008 en apoyo al actual Presidente Obama. Pero Mr. Roos, ya siendo embajador, ha desarrollado sus actividades diplomáticas con eficacia y demostrado sus dotes de buen diplomático que han merecido un gran aprecio del pueblo japonés, demostrados por ejemplo en su enérgico apoyo a los damnificados del tsunami de la región de Tohoku, su interés por las consecuencias originadas por las dos bombas atómicas, siendo él el primer embajador norteamericano que asistió oficialmente a los actos conmemorativos de las bombas en Hiroshima y Nagasaki. En ese sentido también Caroline Kennedy puede ser su buena secesora en el cargo aunque no cuenta con la experiencia diplomática hasta ahora.

Caroline ya había estado en Japón varias veces. Visitó Hiroshima cuando tenía veinte años con su tío Edward para ofrecer un ramo de flores al monumento de las víctimas de la bomba atómica y más tarde también conoció las tradicionales ciudades de Kioto y Nara en su viaje de luna de miel. Ella comentó en una reciente rueda de prensa que su padre, al ser elegido Presidente, tenía un deseo ardiente de realizar un viaje oficial a Japón como el primero de los presidentes norteamericanos y que por tanto a ella no se le ocurre pensar en ningún otro país más idóneo que Japón para desempeñar su labor de embajadora y cumplir de esta forma con el deseo de su padre, frustrado por su repentina muerte en Dallas.

Es verdad que existe en el mapa político actual entre Japón y EEUU una serie de problemas importantes a tratar y resolver: el reajuste del despliegue de las bases norteamericanas en el territorio nipón, sobre todo en las islas de Okinawa, y la difícil negociación en torno al convenio comercial multinacional del TPP (Trans-Pacific Strategic Economic Partnership Agreement), por ejemplo.

Algunos críticos muestran su inquietud por esta embajadora “amateur”, no estrenada profesionalmente. Veremos si resulta o no el nombramiento por Obama de esta embajadora, amante y buena conocedora de la cultura y las costumbres tradicionales de este país del sol.

Hidehito Higashitani

Catedrático de la Dokkyo University

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