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RESEÑA

Benjamín Prado: Ajuste de cuentas

domingo 24 de noviembre de 2013, 13:40h
Benjamín Prado: Ajuste de cuentas. Alfaguara. Madrid, 2013. 275 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €
Sometido a escasa colaboración en los medios por culpa de la crisis, ansioso y hundido, falto de inspiración y de auxilio… Así se nos muestra el escritor y profesor de instituto Juan Urbano al comienzo de la última entrega de su creador, el popular y prolífico Benjamín Prado, Ajuste de cuentas, tercera novela de una saga precedida por Mala gente que camina (2006) y Operación Gladio (2011). Si en la primera de ellas, Prado “ajustaba las cuentas” a la represión franquista a través de un episodio tan turbio como el robo de niños a las familias republicanas, y en la segunda indagaba en algunos de los aspectos más sórdidos del proceso de la Transición, en esta oportunidad las investigaciones de su personaje se trasladan al pasado reciente de la llamada España del pelotazo, causa y origen de la calamitosa situación que asola actualmente nuestro país.

Así, el planteamiento narrativo de Ajuste de cuentas no difiere mucho de aquellos relatos: se trata de reconstruir una parcela de la historia española -no tanto de los acontecimientos históricos como de los efectos que estos tienen en las personas comunes- al amparo de una trama cuyo hilo conductor es el encargo –degradante- que Urbano, en situación angustiosa a causa de su estado económico, se ve apremiado a aceptar: escribir una biografía novelada por requerimiento del acaudalado empresario Martín Duque, icono del nuevo millonario hecho a sí mismo, caído en desgracia posteriormente por delitos propios e intrigas ajenas, con evidentes similitudes al exbanquero Mario Conde y otros hombres de negocios de la misma época. Su falta de sustento (“cuando naufragas te sirve cualquier barco”) hacen de Urbano un candidato idóneo a rebajarse y vender su pluma, contradiciendo su propia afirmación de que “…escribe ficción para evitar que otros falseen la realidad”.

Sin embargo, los datos que logrará ir reuniendo sobre el empresario pronto le causarán múltiples problemas de índole moral, debatiéndose entre la posibilidad de hacer una buena investigación o un libro al dictado, entre el dinero o la nada. A partir de entonces, se desgrana, en primera persona, una narración sobre la epopeya de Martín Duque y su biógrafo, en un ejercicio metaliterario de viaje constante de la realidad a la ficción, de novela dentro de otra novela, que sirve muy bien a Prado para explicar el conflicto que vive su personaje, construyendo una obra, requisitoria contra el capitalismo neoliberal, donde no faltan pinceladas de género negro, de repulsa hacia la figura de Duque pero –también- de atracción por aquello que le rodea; como su secretaria, femme fatale de la historia, calculadora, ambiciosa, impasible… y seductora. Todo lo cual, narrado desde un estilo ágil y directo, ornado por buen número de citas literarias y frases ocurrentes que revelan el gusto, confesado, del autor por las paradojas y los aforismos.

El sumario de la crisis (“boom” inmobiliario, especulación, corrupción urbanística, malversación de fondos, fraude fiscal, evasión de capitales, activos tóxicos, paro… e impunidad) se interpone y forma parte a la vez de la trama novelesca, del “ajuste de cuentas” a una actualidad cuyo análisis, si pretende ser lúcido, no puede no ser menos crítico: “Lo que estaba ocurriendo parecía una historia que hubiese empezado Dickens y fuera a acabar Kafka, es decir, que era muy triste y que no iba a tener un final feliz”. Pesimismo es realismo en este caso. Pero, claro está, uno siempre puede elegir, libremente, ser optimista; y así -quizá- el desenlace de la novela, en el que Urbano, como buen antihéroe, tomará el camino correcto y al menos, “…podía estar orgulloso, por primera vez en mucho tiempo, de las cosas a las que había dicho que no”.

Por José Miguel G. Soriano
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