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Reliquias verdaderas

jueves 08 de mayo de 2008, 19:46h
Visitar Italia, fundamentalmente Roma, es contemplar una auténtica retahíla de presuntas reliquias sagradas del cristianismo, muchas de las cuales no pasan de la mera categoría de anécdotas históricas. Sólo un puñado de ellas resisten el análisis histórico con una cierta solvencia. Otras, lamentablemente para aquellos -un poco nos pasa a todos- que creen o quieren creer en las leyendas, se quedan en eso precisamente, leyendas. Tal es el caso de la iglesia de San Pietro in Vincoli, donde se veneran las cadenas con las que San Pedro estuvo preso en la Ciudad Eterna. O la Cuna de Jesús. O la punta del pilum con que Longinos atravesó el costado de Cristo; se dice que se halla en lo alto del baldaquino de Bernini, dentro de la basílica de San Pedro.

Frente a la basílica de San Juan de Letrán podemos subir, de rodillas, por la Santa Escala. Se cuenta que es la escalera del palacio de Poncio Pilatos, por donde subió Jesús para ser interrogado. Su presencia en Roma se debe a la madre del emperador Constantino, Santa Elena, auténtica precursora del futuro “tráfico de reliquias” que tan célebre se haría en la Europa medieval. A ella también hay que adjudicarle el hallazgo de los tres Reyes Magos (se guardan en la catedral de Colonia), y principalmente del lignum crucis o reliquia de la Santa Cruz. Es éste el objeto de culto más prolijo; hay quien dice que si se juntasen todos los lignum crucis que existen, podría hacerse un bosque entero. Por haber, hay reliquias tan peregrinas con gotas de leche de la Virgen o espinas de la Corona con que los legionarios romanos coronaron a Jesús.

Pero no todo es legendario. Una de las iglesias romanas “fuera de circuito” es la que se halla en el lugar donde dice la tradición que Cristo se apareció a San Pedro, el cual exclamó aquello de Quo vadis, Domine? Cerquita de allí si se sabe a ciencia cierta que, en las catacumbas de San Calixto, los antiguos cristianos se casaban en secreto ante un tosco altar –que aún se conserva-, cuyo oficio corría a cargo del obispo San Valentín. De ahí la tradición del patrón de los enamorados. Y por último, salimos de Roma para ir a Turín, donde está la Sindone. El lienzo que envolvió el cuerpo de Jesús ha suscitado enormes polémicas, y la discusión acerca de su veracidad sería muy extensa. De todos los datos ofrecidos, baste uno para apoyar su autenticidad; uno minúsculo, pero contundente: el polen. Y es que se han hallado más de 300 tipos de pólenes, muchos de los cuales corresponden a la región de Palestina, datándose su existencia en torno al siglo I de nuestra era. Algunos de ellos, además, formaron parte de plantas y arbustos ya extintos. Cuesta creer que un falsificador medieval reparase en tal detalle a la hora de impregnar la Sindone con semejante cóctel vegetal...

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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