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El poder del Periodismo

domingo 01 de diciembre de 2013, 19:38h
El Washington Post derrocó a Nixon por el Watergate. Descubrió sus cutres y desmochados micrófonos de espionaje y provocó que perdiera las elecciones al demostrarse que era un torpe y un corrupto. Le Monde derribó a Sarkozy por su frivolidad y sus tacones, porque con Carla Bruni al lado tenía que elevarse un poco. Un síntoma de complejo. El ABC de Anson tumbó a Felipe González con sus potentes e inteligentes portadas al denunciar, entre otras muchas cosas, la aplastante y demoledora potencia del “rodillo” socialista. Aunque ahora atacan al PP por aprovechar la mayoría absoluta para sacar adelante sus leyes.

Bueno, también es un rodillo la mayoría absoluta del Gobierno, aunque menos indecoroso y menos torpe, pues las leyes que se aprueban en el Congreso (la reforma laboral, la de Educación, la de Transparencia, la de Seguridad…) son más sensatas e inteligentes que las que sacó adelante el PSOE, que terminó con un ministro, un director general de la Guardia Civil y un secretario de Estado en la cárcel. El rodillo les sirvió para delinquir y arrasar España. Luego vendría Zapatero y terminó de apuntillar al país con su ridícula sonrisa y sus cejas puntiagudas. Aspiraba a pasar a la Historia como el Gandhi del mundo del siglo XXI. Y pasará, pero por haber sido el peor presidente de la democracia. El más letal, el más perjudicial. Pero de Gandhi, nada de nada.

La Prensa, como dice el maestro Anson, no es un poder, sino un contrapoder. El papel del Periodismo, además de informar con la verdad por delante, consiste en denunciar los abusos del poder: vengan de donde vengan: de la política, de las empresas, del deporte, del mundo de la cultura…Y es el auténtico pilar de la democracia. Es la vía para que los ciudadanos puedan saber lo que urden sus dirigentes.

Ahora ha caído el líder de UGT en Andalucía. Y se ha visto obligado a dimitir por el torrente de denuncias que le llovían sobre los manejos del sindicato, descubiertos por los medios de comunicación. Las comilonas, subvenciones falsas y trinques a costa del erario público, del dinero de los parados y los pensionistas, con la ayuda y aquiescencia de la Junta de Andalucía presidida por Chaves, Griñán y compañía, han desvelado una de las más sucias corruptelas de la Historia de la democracia.

De momento, Cándido Méndez no se siente responsable y ha utilizado al líder de UGT andaluz como cabeza de turco para salvar el pescuezo, un pescuezo político que ya está bajo la guillotina. No dimite, porque se quedaría en la calle, pero más solo que la una. Se manifestaría él, con un par de amiguetes, a la intemperie. Eso sí, con una enorme pancarta contra la corrupción del PP bajo las barbas.

Lo divertido de este caso consiste en la batalla que libran muchos medios para presumir y erigirse en los autores del descubrimiento de las trampas y trinques sindicales. Este fin de semana, ABC, El País, El Mundo y hasta Libertad Digital sacaban pecho por haber descubierto y denunciado los abusos y trinques del sindicato andaluz. Y es probable que todos ellos, y muchos más, El Imparcial sin ir más lejos, hayan contribuido a extender el escándalo ante la opinión pública y a sacar a la luz los trapos sucios, corruptos y repugnantes de las prácticas sindicales para llenarse los bolsillos, comer a cuerpo de rey y festejar, por ejemplo, la Feria de Sevilla por todo lo alto gratis total.

La cuestión, en cualquier caso, es que, como decíamos, la importancia y trascendencia del poder (o contrapoder) de la Prensa, de los medios de comunicación. Los periódicos impresos, los digitales, las televisiones y las radios independientes suponen la mejor garantía para la democracia, para evitar los abusos de los prepotentes, para contar la verdad de lo que ocurre. Pero, ya se sabe, que la información es sagrada y las opiniones libres. Esa es la fuerza del Periodismo. Lo contrario es la dictadura. Como la de Franco en su día o la de los Castro o la de Maduro o la de los chinos hoy. Sin Prensa libre no hay democracia, ni seguridad. Y, aún así, hay que andarse con ojo.

Porque buena parte de los políticos mienten más que hablan y, a veces, cuelan informaciones falsas que se tragan los periodistas más ingenuos para atacar al contrincante. Hay que confirmar las informaciones antes de publicarlas. Y, luego, sacar los cañones y disparar. Con la letra impresa o con la palabra. Pero disparar sin piedad. Ése es el poder del Periodismo.
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