Reformar con criterio
jueves 08 de mayo de 2008, 20:42h
Se vuelve a oír un runrún sobre la reforma constitucional, en concreto sobre la referida al Senado. La cuestión, como se sabe, es amplia y presenta diversas perspectivas. Déjenme en torno a ella adelantar dos consideraciones, que sólo bordean su problemática, pero propiamente no la afrontan. Lo primero que hay que decir es que no hay nada excepcional en pensar en la reforma constitucional, tan es así que las propias constituciones la prevén, empezando por la nuestra. Se trata justamente de una institución cuya función es conservar la Constitución. Lo que no parece correcto es prescindir de la reforma cuando se dan circunstancias que requieren un cambio o una innovación que no son verificables por el límite de la Constitución. Si la mejora del sistema político demanda, en el caso que nos ocupa, una nueva composición o una redefinición funcional y competencial del Senado, no se hace ningún servicio al orden constitucional impidiendo la alteración de la Norma Fundamental que obstruye dicha modificación institucional. La supremacía constitucional, básica en el Estado de derecho, se dificulta cuando se fuerzan las costuras del edificio institucional o se impide el encaje en el mismo de estructuras que la comunidad política pide con claridad.
La segunda consideración pediría prudencia a las expectativas de la modificación constitucional referidas al Senado, como si la salud de nuestro Estado dependiese en exclusiva de la existencia de una verdadera cámara autonómica. La reforma del Senado se plantea en el nivel de la articulación más que en el de la integración, con un carácter antes técnico que político. Se trata de hacer un Estado más eficiente, capaz de aprovechar sus potencialidades, resolviendo así problemas o carencias que el sistema autonómico tiene en su funcionamiento, especialmente en lo que toca a la colaboración de sus integrantes a la tarea común. Por ello poco tiene que ver entonces la reforma del Senado con el nivel de la integración, o de la cultura política de nuestro sistema, que es donde residen nuestras dificultades mas serias, y en el que ha de llevarse a cabo el acomodo de las diversas vinculaciones políticas. Pero no ignoramos, ni que una articulación descompensada puede acabar afectando a la propia viabilidad del Estado ni que las reformas técnicas son más abordables en una comunidad convencida de la solidez compartida de su base espiritual.
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Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
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