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Los Premios Nobel de Literatura

Alejandro San Francisco
lunes 02 de diciembre de 2013, 20:11h
Ser escritor es un privilegio que pocos gozan y que muchos habrían querido ejercer. Quien asume el desafío de la creación novelística o poética lo hacen, en general, por gusto, por una íntima vocación e interés, superando muchas veces las adversidades, los momentos de esterilidad creadora, el desconocimiento o el rechazo del público o algún fracaso puntual. Junto a cada libro, una de las cuestiones que va alimentando la vida de un escritor son los premios nacionales o editoriales, los galardones específicos por una obra o por la carrera. Algunos pocos elegidos logran el máximo reconocimiento de la literatura universal, el añorado Premio Nobel de Literatura.

Este año 2013 la ganadora ha sido Alice Munro, escritora canadiense, nacida en 1931, considerada como una maestra del relato breve. Lamentablemente, según se ha sabido, ella no podrá viajar a Estocolmo a recibir el reconocimiento, y por tanto no podrá pronunciar aquel siempre esperado discurso donde las figuras de la literatura mundial expresan sus convicciones literarias e incluso políticas, así como su visión del mundo y algunos aspectos autobiográficos. Es un momento especial, único, irrepetible. Es una entrada por la puerta ancha a la historia.

Entre 1901 y 2013 han sido 110 los escritores laureados con el Nobel, de los cuales la lengua inglesa muestra una clara primacía con 27 figuras, seguidos por el idioma alemán y el francés con 13 cada uno, y por la lengua de Cervantes con 11 autores. Estos son los españoles Vicente Aleixandre, Jacinto Benavente, Camilo José Cela, José de Echegaray y Juan Ramón Jiménez, unto a los latinoamericanos Gabriela Mistral y Pablo Neruda (chilenos), Miguel Ángel Asturias (guatemalteco), Gabriel García Márquez (colombiano), Octavio Paz (mexicano) y Mario Vargas Llosa (peruano). En otro ámbito, Munro es la décima tercera mujer en ostentar el reconocimiento, que primero distinguió a Selma Lagerlöf en 1909, que en 1945 recibió Gabriela Mistral como única mujer de habla castellana. En esta última década han sido cuatro las galardonadas: Elfriede Jelinek (2004), Doris Lessing (2007), Herta Müller (2009) y Alice Munro este año.

La máxima distinción de las letras universales siempre ha estado rodeada de interés, admiración y polémicas, donde se combinan los aspectos propiamente literarios con otros de carácter político e incluso con algún lobby nacionalista o de otra naturaleza. También las circunstancias que vive el mundo en un momento determinado han alterado la historia de los Premios Nobel de Literatura, que no se entregaron en 1914 y 1918, y tampoco entre 1940 y 1943, cuando Europa y otros lugares del orbe estaban sumidos en la destrucción y el dolor de las guerras mundiales.

Hay tres cosas que podríamos mencionar en relación al galardón universal. En primer lugar, efectivamente se puede apreciar en la lista de los galardonados a quienes son en sin duda algunos de los grandes escritores del siglo XX: Kipling y Tagore, Thomas Mann y Faulkner, Camus y Kawabata, Montale y Milosz, Coetzee y Solzhenitsyn, además de los mencionados anteriormente y otras tantas figuras de la literatura universal. Autores para leer, narradores y poetas, con estilos e historias diferentes, pero siempre atractivos y en varios casos con obras cumbres de la literatura contemporánea.

Un segundo aspecto es que no están todos los grandes escritores en la lista de los Nobel. Las razones se discuten y los personajes también, pero es evidente que hubo algunas figuras que podrían haber estado entre los premiados, y que muchos señalan que deberían haber recibido el galardón, que sin embargo no lo recibieron o derechamente fueron excluidos. Entre otros, podemos destacar sin duda a Marcel Proust, quien hace exactamente cien años comenzó a publicar su monumental En busca del tiempo perdido, o bien James Joyce, Tolstoi o Kafka, y sin duda el incomparable Jorge Luis Borges, cuya exclusión enloda más al Premio Nobel que al escritor argentino.

Un tercer tema interesante es la relación entre política y literatura, asociado al reconocimiento que entrega cada año la Academia Sueca. En un interesante y bien documentado libro de Kjell Espmark, El Premio Nobel de Literatura. Cien años con la misión (Palencia, Nórdica, 2008), quien fue presidente del Comité que decidía el Premio Nobel, explica que durante la Guerra Fría era muy habitual que los debates literarios estuvieran mezclados también con algunas consideraciones geoestratégicas o discusiones políticas, resultando “perjudicados” o “beneficiados” algunos autores. Sabemos de los esfuerzos de la KGB contra el ruso Solzhenitsyn y de la CIA norteamericana contra el poeta comunista chileno Pablo Neruda (no se podía premiar a un poeta estaliniano, se argumentaba), pero ambos recibieron finalmente el galardón en 1970 y 1971, respectivamente. Muchos comentaban que Vargas Llosa jamás recibiría el galardón, al optar en sus últimos años por ser un intelectual público promotor del ideario liberal en todo el mundo, muchas veces con posturas “políticamente incorrectas”. Felizmente no se cumplieron esos malos presagios. Quien sí fue perjudicado por motivaciones extra literarias es Borges, debido a sus “impulsivos actos en dirección fascista”, según argumentaba el experto de la Academia Arthur Lundkvist (a su vez gran defensor de Neruda), por lo que el escritor argentino sería “inapropiado para el premio por razones éticas y humanas”. Sin comentarios.

En los próximos días será la premiación sin premiada. Sin discurso presente para analizar y recordar tantos momentos estelares en la historia del Premio Nobel de Literatura (ya hablaremos de los discursos en una próxima ocasión). Con independencia de nuestros particulares gustos literarios, también será una ocasión para celebrar la creación, las letras, los libros y la lectura. Después de todo se trata de eso, de que los premios y los autores nos lleven a leer, nos transporten a esos mundos que conocemos gracias a la literatura

Por lo mismo, y sin perjuicio de las anécdotas y todos los demás detalles, no debemos perder el asunto de fondo, cual es la maravillosa posibilidad de conocer y de leer a los grandes autores del siglo XX y de comienzos del siglo XXI.
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