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Por luis racionero

Julio del 68

viernes 09 de mayo de 2008, 10:37h
A mi entender el mayo de París fue una rebelión política, el movimiento hippy de San Francisco fue una revolución cultural. Luis XVI preguntó con su característica candidez bobalicona: “¿Es una rebelión? No, sire, es una revolución” le contestó su ministro, no distinguir ese matiz le costó la cabeza. No es lo mismo rebelión que revolución y no es lo mismo en política que en cultura.

Revolución cultural es un cambio de valores, sensibilidades y costumbres. El cristianismo fue una revolución cultural, el Renacimiento y el Romanticismo fueron revoluciones culturales como lo fue la Contracultura de los años 60. Las palabras de Sarkozy en Bercy durante su campaña son un cúmulo de dislates urdidos con mala fe: “Hay que liquidar la herencia de Mayo del 68 de una vez por todas. Nos impuso el relativismo intelectual y moral, introdujo el cinismo en la sociedad y en la política. Ved como el culto al rey dinero, al beneficio a corto plazo, como las derivas del capitalismo financiero han sido traídas por los valores de Mayo del 68. Puesto que ya no hay reglas, ni respeto, ni autoridad; puesto que todo vale”.

Como si el capitalismo financiero necesitara a un puñado de estudiantes idealistas para perpetrar sus “derivas”. Nada más lejos del hippy que el culto al dinero, o el relativismo moral: los hippies tenían una moral distinta de la puritana, pero moral al fín. Y como pude comprobarlo en persona durante mis dos años en Berkeley, voy a tratar de exponer los tres componentes de la Revolución Cultural Hippy: cambio de valores, de sensibilidad y de costumbres.


El profesor Herbert Marcuse en la imagen


Marcuse acuñó el concepto: “excedente de represión” para explicar ese cambio de valores: los jóvenes de las sociedades opulentas abandonan el puritanismo laboralista porque ven que hay un exceso de represión innecesario en el “american way of life”. Cambian tiempo libre por dinero, experiencias por posesiones, colectivismo por individualismo. Dejan de ser puritanos materialistas para hacerse hedonistas solidarios. Muchos se basan en las filosofías orientales para hallar nuevos valores budistas, taoístas, zen o hinduístas. Yo fui uno de ellos y no me arrepiento, al contrario, me ha sido de gran utilidad.

Cambio de sensibilidad: la música rock y el LSD la cambiaron. Quien ha experimentado con las diversas sustancias que probaron Huxley, Leary, Watts y muchos más, ha expandido su mente hacia ámbitos que superan –sin eliminarlo – el racionalismo cartesiano y la filosofía occidental. Una sensibilidad no racionalista es algo muy serio, muy distinto, muy útil, pero que, por definición, no se puede explicar con palabras. O sea, que no lo intento. Quien ha probado lo sabe. Dicen los chinos que un cambio en la música causa o refleja un cambio de sensibilidad, porque la música es el lenguaje de las emociones. Heindrix, Janice Joplin, The Doors, Traffic, Marvin Gaye o Richie Heavens representan un cambio radical respecto a la música de los cincuenta, pero siguen válidos, o sea, en la onda, ahora, cuarenta años más tarde.



Cambio de costumbres: las comunas, el free love, los be-in, los conciertos de rock, que ahora celebran nuestros hijos, salen de esa década. Los cambios se han incorporado tanto a la vida diaria que ya no se dan cuenta que eso comenzó en los 60. Repasemos los movimientos aún vigentes que se iniciaron entonces: Women’s Lib, Ecologismo, Gay Power, Black Power y Flower Power.

El feminismo actual y la Ecología continúan aquí y ahora, los derechos de los gays y lesbianas, de los negros. Están aquí todos menos los hippies. (Flower Power). Pobres hippies, esos sí que desaparecieron porque los jóvenes de las nuevas generaciones se hicieron punk, grundge, yuppies, o góticos. Un hippy de mi edad resulta penoso y por eso sigo ocultando mi condición bajo un disfraz de burgués catalán, pero todo lo que no se ve, en mí, es hippy. “We shall overcome”. Creo que la propuesta contracultural sigue vigente, no ha sido mejorada y se volverá a plantear cuando el excedente de represión agobie a los “white collars” o yuppies, que son explotados en sus empleos terciarios y quaternarios. Faltan un par de generaciones.



La rebelión de París no quedó en casi nada: la revolución de Berkeley cambió las costumbres y aún ejerce su influjo.