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El sentido de futuro de Nelson Mandela

viernes 13 de diciembre de 2013, 20:20h
Retomo el hilo de mis argumentos -que escribí aquí hace unos pocos meses- sobre Mandela, cuando superó la enfermedad que finalmente ha acabado con su vida. Opinaba entonces que “Nelson Mandela hizo la grandiosa tarea de conducir el ANC (su plataforma política) de sus tesis revolucionarias, a sus propuestas de reconciliación nacional, por las que se hizo famoso. Mandela, como Gandhi, fue un artista que creó la nación. Pero tuvo más éxito, incluso éxito vital personal. Mientras Gandhi fue desplazado por líderes más políticos, como Nehru, no pudo evitar la secesión y guerra con Paquistán, y fue asesinado por un fanático, Nelson Mandela ha triunfado en retos comparables.”

Me surgió la inspiración de este artículo cuando escuché las palabras de un prestigioso escritor y periodista, Juan José Millás, sobre Mandela. Millás opinó que Mandela era un “marciano”, queriendo decir con eso que era un ejemplar raro dentro de un género -el de los dirigentes políticos y “hombres de Estado”- constituido por seres sin los rasgos virtuosos, como los que se reconocían al líder africano fallecido.

En el transcurso de la conversación radiofónica, Juan José Millás se interrogó sobre si la rareza virtuosa de Mandela se debía a su condición de revolucionario comunista.

Voy a profundizar un poco más en esa valoración que hice de Mandela este pasado mes de junio, y que reproduzco arriba. Resalto de ella el argumento siguiente: Mandela fue un artista que creó la nación, pero esa creación fue posible ¡en 1994! porque Mandela rechazó la vía revolucionaria, y optó ¡desde 1964! por una vía reformista, vía que suponía la aceptación de la “democracia liberal o burguesa” (denominación peyorativa frente a la “democracia real” de los regímenes revolucionarios comunistas).

Mandela no fue un “marciano”, un raro político bondadoso que tuvo una excepcional suerte. Tampoco fue un comunista, aunque colaboró con los comunistas en las luchas clandestinas contra el apartheid.

El 24 de abril de 1964, Mandela hizo un alegato en el Tribunal Supremo de Sudáfrica con el que se defendía de unos delitos políticos, que finalmente le costaron la pena de cadena perpetua.

Son las palabras de Mandela en ese alegato: “Aunque nunca he sido miembro del Partido Comunista, he sido encarcelado conforme a esa ley. Siempre me he considerado, en primer lugar, un patriota africano. Hoy día me siento atraído por la idea de una sociedad sin clases, y es una atracción que proviene en parte de las lecturas marxistas y, en parte, de mi admiración por la estructura de las primeras sociedades africanas.”

Y a continuación concreta sus ideales políticos: “Pero esto no significa que seamos marxistas. Tengo la impresión de que los comunistas consideran que el sistema parlamentario occidental es reaccionario. Pero, por el contrario, yo lo admiro. La Carta Magna, la Petición de Derechos y la Declaración de Derechos son documentos venerados por los demócratas en todo el mundo. Siento un gran respeto por las instituciones británicas y por el sistema judicial del país. Considero que el parlamento británico es la institución más democrática del mundo, y la imparcialidad de su poder judicial nunca deja de suscitar mi admiración. El Congreso estadounidense, la separación de poderes de ese país y también la independencia de su poder judicial suscitan en mí unos sentimientos parecidos.”

Nelson Mandela fue un dirigente que buscó la coherencia entre lo que pensaba (¡y pensar requiere lecturas, diálogo con “los otros” y meditación!) y su acción política. En su biografía hay muchos rasgos que permiten entender su pensamiento, y por qué llegó a anticiparse a unos valores que ahora empiezan a mostrarse propios de nuestra presente época “post-contemporánea”. Lo cierto fue que Mandela adivinó un futuro político en el que “la revolución” y el “nacionalismo” acabarían desapareciendo.

Comparemos sus visionarias palabras de 1964 con los argumentos de ese mismo año de Jorge Semprúm, Fernando Claudín y Javier Pradera, cuando fueron expulsados del PCE (Esta semana se ha estudiado el pensamiento de Jorge Semprúm en la Fundación Pablo Iglesias y en la UNED). Aunque abandonaban el comunismo, como muchos intelectuales de izquierda europeos, siguieron teniendo desconfianza con las “democracias formales”, muchos años después de que Mandela declarara su compromiso con ese tipo de gobiernos representativos.

Mandela no fue un “marciano” en Sudáfrica, como tampoco lo fueron los constituyentes españoles de 1978. La reconciliación de Mandela de 1994, sigue la senda del consenso español de 1978. Nelson Mandela murió el 5 de diciembre de 2013, casi coincidiendo con el 35 Aniversario de la Constitución de un país que le otorgó el premio Príncipe de Asturias de 1992.

Su muerte nos muestra la buena dirección hacia el futuro: reformas, reflexión y comprensión para el adversario. ¡Su herencia ideológica sigue viva, especialmente en nuestro país!
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