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RESEÑA

Adolfo García Ortega: Verdaderas historias extraordinarias

domingo 15 de diciembre de 2013, 15:29h
Adolfo García Ortega: Verdaderas historias extraordinarias. Seix Barral. Barcelona, 2013. 376 páginas. 20 €. Libro electrónico: 13,99 €
A pesar de cultivar con fruición otros géneros como la poesía, Fortuna (1993), Las cenizas del paraíso y otros poemas (1997), Travesía (2000), Te adoro Kafka (2006), Nuestra alegría (2011), un tipo de ensayo libérrimo como es la reflexión ficcionalizada de Un fin de siglo (1989), el diario de viajes literarios, Londres/ Edimburgo (2000), o el pensamiento descarnado, Contra la República Perfecta (2007), es la narrativa de creación más pura donde Adolfo García Ortega da solaz recreo a su pluma. Entre sus últimas novelas conviene destacar el tierno redescubrimiento del vivir en El mapa de la vida (2009) o un alucinado viaje entre las ruinas de nuestra destartalada Europa en Pasajero K (2012). Y es que, aunque siempre subyace la sutil vertiente investigadora del poeta entreverada con la capacidad de relatar del prosista, en toda la escritura del vallisoletano surge poderosa la ficción.

Verdaderas historias extraordinarias reúne todos los relatos breves del autor hasta la fecha. Desde Privado paraíso a La ruta de Waterloo, además de un conjunto de inéditos agrupados con el título de uno de ellos, La mujer de Sorrento. Casi cuarenta cuentos donde muestra una enérgica capacidad de relatar merced a su amplitud de registros y la posibilidad de embaucar que aun reside en cierta prosa de orfebre. La obsesiva frase: “Solo soy literatura y no puedo ni quiero ser otra cosa”, anotada numerosas veces en los diarios de Kafka, acaso preside uno de los más característicos relatos aquí recogidos, “La enfermedad de Flaubert”. Allí tropezamos con literatura sobre literatura, además de reflexiones muy cercanas a una propuesta de poética por parte del autor. Por ello no extraña cierto énfasis: “El escritor precisa de esa identidad que le da su escritura”. En ocasiones y sin demérito, los ecos de famosos cuentistas son inmediatos, como en el relato “Dos amigos”. Estas piezas mezclan por igual la narración con el ensayismo, aderezado todo con ligeras dosis de curiosidades literarias y pensamientos entreverados. La variedad temática y formal es, sin duda, constante vital de García Ortega, así el lector pasa de acompañar en el camastro a un moribundo Flaubert a patear junto a Larra un Madrid espectral. Teje nuestro escritor un laberinto tan hermoso como por momentos perturbador, esa oquedad llena de luces que resulta ser la memoria, el paraíso privado donde recrearse o abismarse. De tal modo, “la realidad, tantas veces insondable” queda trastocada en estos cuentos, como en esa biblioteca de libros huidizos que narra “La curiosa circunstancia de un taxidermista” donde el protagonista, un impenitente lector, asiste impasible a la desaparición de sus libros.

Resulta aconsejable la lectura para toda mujer medianamente madura (también hombres de cualquier índole y curiosos del alma humana en general) el interesantísimo ejercicio “Cosas que sé de las mujeres cuando pienso en los hombres” donde cierto monólogo femenino deja en entredicho el trastoque de papeles que esta modernidad acuosa asigna a los sexos. Todo aficionado al alcohol y las letras agradecerá de veras el reflexivo maridaje propuesto en “En el corazón de la resaca”. Metido en lectura y al paso de otros cuentos el lector advertirá el anhelo de un pasado ciertamente benévolo, la parálisis del tiempo o la búsqueda vana de nuestra personalidad, como bien condensa el inédito “La mujer de Sorrento”, notas acaso características de García Ortega. La fábrica de ilusiones que resultan ser estos cuentos no bucea tanto en el pasado, ni siquiera apunta a lo que pudiera existir en un futuro, sino que vaga con sugestiva estilización en una esfera conocida de soslayo: esa dimensión colateral y especular a la nuestra a la que convenimos en llamar literatura.


Por Francisco Estévez
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