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RESEÑA

Jean Echenoz: 14

domingo 15 de diciembre de 2013, 17:07h
Jean Echenoz: 14. Traducción de Javier Albiñana. Anagrama. Barcelona, 2013. 104 páginas. 12, 90 €. Libro electrónico: 9,99 €
A poco tiempo de que comience 2014, año en el que se cumple el primer centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial, son ya numerosos los libros de historia que sobre el asunto están llegando a nuestro país. Por ejemplo, 1914. El año de la catástrofe (Crítica), del historiador y periodista británico Max Hasting, y 1914. De la paz a la guerra (Turner), de la canadiense Margaret MacMillan. Pero no solo la Historia puede ofrecernos un conocimiento de esa terrible conflagración, o de cualquier otro suceso histórico. La literatura es una insustituible herramienta para sumergirnos en la intrahistoria, y brindarnos un acercamiento a los latidos más humanos y concretos de los hechos. Como ocurre en la novela 14, del escritor francés Jean Echenoz, cuya brevedad, tanto en su título como en sus páginas, encierra un intenso relato, que se desarrolla, sin embargo, sin dramatismo ni cargar las tintas. Lo que cuenta es de por sí tan devastador que no necesita acentuarlo. Muy al contrario, su estilo es en apariencia distante, como el de quien observa y disecciona la realidad con un preciso bisturí. La tragedia, y cuál mayor que esa contienda bélica que arrasó Europa y la sembró de cadáveres, se queda en sordina. Y precisamente por eso, a través de la habilidad de Echenoz, cala más hondo.

Al comienzo de la novela, que no es una novela histórica en el sentido habitual, vemos cómo el joven Anthime sale a dar una vuelta en bicicleta y se dispone a pasar un agradable sábado: “Sus proyectos: aprovechar el espléndido sol de agosto, hacer un poco de ejercicio, respirar el aire del campo y seguramente leer tumbado en la hierba, pues llevaba amarrado a la máquina con un pulpo un libro demasiado gordo para el portabultos de alambre”. Pero esos planes van a trastocarse y romperse en pedazos, al igual que su propia vida, y la de sus amigos Charles, Padioleau, Bossis y Arcenel. Anthime es consciente de la situación por la que atraviesa el mundo. Por eso, al oír el toque de rebato de las campanas piensa que el motivo solo puede ser la movilización: “Anthime se la esperaba un poco, pero no se imaginaba que pudiese caer en un sábado”.

Tampoco nadie se imaginaba que la guerra iba a ser tan larga y tan aniquiladora, aspecto en el que se insiste varias veces en la novela: “La gente sonreía confiada, pues a todas luces aquello duraría poco”. No fue así. Anthime y sus amigos tienen que ir al frente, y cada uno de ellos correrá una suerte distinta. Casi no tienen una idea exacta de por qué están allí, pero pronto, como miles y miles de combatientes, serán presa de la enfermedad y las calamidades y se verán sometidos a maratonianas marchas en medio de la desolación y el desconcierto. Hasta el punto de que algunos soldados sucumben a la tentación de la huida o la autolesión. Lejos de las trincheras, aunque marcada por la guerra, la vida sigue en el pueblo de esos jóvenes, donde está Blanche, el personaje femenino que da pie al despliegue de una historia de amor a tres bandas.

El relato que nos presenta Echenoz no se edulcora con ningún componente grandiosamente épico, aunque tampoco se interna por un discurso antimilitarista simplista y explícito. Al autor galo le basta con poner ante nuestros ojos esta especie de “ópera sórdida y pestilente” que fue la guerra, mediante una prosa elegante y sobria. Tras obras como El meridiano de Greenwich, Me voy, o su celebrado tríptico de carácter biográfico sobre el músico Ravel, el atleta Emil Zátopek y el científico Nikola Tesla -Ravel, Correr y Relámpagos-, en 14, que nos evoca el 93, de Víctor Hugo, Jean Echenoz vuelve a demostrar que no es casual que sea considerado uno de los grandes novelistas de hoy.


Por Adrián Sanmartín
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