Eurovegas: Nos lo tenemos merecido
domingo 15 de diciembre de 2013, 19:50h
Pensaba escribir sobre las bondades del nuevo desafío secesionista de Cataluña… pero la noticia del proyecto fallido de Eurovegas me ha hecho cambiar de tercio.
¿Por qué he cambiado de tema? Porque a día de hoy, la consulta secesionista es una quimera, alejada en el tiempo, con fácil solución.
¿A qué solución me refiero? Tenemos unas leyes y una constitución que son de obligatorio cumplimiento, y hay que hacer que se cumplan, y si alguien no las cumple, estará cometiendo un delito, y como tal, deberá ser juzgado y condenado.
Por ello, el problema secesionista catalán no es tal, si actuamos así, pero si andamos dando vueltas y vueltas de tuerca… entonces sí tendremos un grave problema de Estado, veremos que nos deparan los próximos días-semanas-meses.
El tema de hoy es Eurovegas, hoy el Gobierno ha anunciado que no aceptará las condiciones de Adelson, y por tanto, se desvanece el sueño, y con él, los más de 200.000 empleos anunciados.
Ninguna persona puede chantajear al gobierno de un país, sea cual sea su nombre o su cargo, y por supuesto, ninguna persona es más que otra por tener mayor o menor riqueza. Adelson pedía unas condiciones exclusivas para su complejo faraónico, condiciones a las que el resto de españoles no podemos tener acceso. O todos o ninguno.
Dicho esto, hay que analizar genéricamente lo ocurrido, una empresa extranjera, quiere invertir en nuestro país, y ¿qué ocurre? Que no encuentra más que problemas y trabas. Tenemos un sistema sobre legislado, con demasiada burocracia y regulación, que lo único que consigue es entorpecer la atracción de inversiones, y en la mayoría de casos “ahuyentarlas”.
No es el fiasco de Eurovegas, es la imagen que damos, es la sensación de un país complicado para invertir, un país con demasiados impuestos y regulaciones… Yo creo que el modelo “Eurovegas” nos hubiera abierto mercados y oportunidades de atraer inversiones extranjeras.
Permitirme simplificar el problema, hablando de la ley del tabaco. Yo no fumo, pero respeto a los que fuman. Yo prefiero tomar un café en un bar sin humos, pero también entiendo a los que quieren tomar un café fumando. La actual ley, favorece a unos y arrincona a otros. ¿Por qué no respetemos la decisión de los bares de dejar fumar o no? ¿ Por qué no damos libertad que cada negocio vea a qué tipo de público (fumador o no fumador) se quiere dirigir? ¿Por qué no dejamos de legislar la vida de las personas? ¿ Cuánto ha perjudicado la ley del tabaco a los bares económicamente hablando?
Pues sí, somos un país sobre regulado, poco atractivo y poco competitivo, así difícil mantener el sobredimensionado Estado de bienestar al que nos hemos acostumbrado.