Contra el desánimo, excelencia
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 27 de diciembre de 2013, 17:05h
El Borbón anduvo sobrado de buena intención cuando la otra noche de almagatos, colesteroles y alcoholímetros dijo por la tele que «en España cabemos todos».
El aserto samaritano hubiera quedado redondo de ternera, enmarcado en el dintel de la Carrera de San Jerónimo, como el «Todo por la patria» de los cuartelillos de la Guardia Civil, si en ese preciso instante Arenas hubiese hecho acto de presencia exclamando entre bambalinas ¡Majestad, ha estado su Augusto Señor cumbre!
El abajo firmante iba para leyenda de la radio y se ha quedado en escribidor de discursos, con lo que líbreme El Ángel Caído del Retiro de caer en la tentación de ejercer de exégeta de la prosa de mis colegas. Nada que objetar al The King’s Speech.
Si acaso, cabría reprocharle que obviara el «me llena de orgullo y satisfacción», que tantas nochebuenas gloriosas nos ha dado; y que no hilara o hilase un poco más fino sobre el ojal precisando a continuación que una cosa es que quepamos todos en el montacargas, y otra bien distinta que cometamos el error de permitir que suba a bordo un solo tonto más, pues hemos cumplido el cupo, Urbi et Orbi, con avaricia.
El presidente chino, Xi Jinping, el primer ministro Li Keqiang y el resto de la plana mayor del régimen comunista, han visitado el Mausoleo de Mao Zedong, en el ombligo de la Plaza de Tiananmen, para rendir tributo al cuerpo embalsamado del Gran Timonel en el 120 aniversario de su nacimiento.
Y Arturo, prophète en ses pays, para no ser menos que nadie ha hecho lo propio ante la tumba de la escalera invertida de Paco Maciá, para después presidir desde el mullido palco del Palau de la Música, con cara de monitor de esquí, una orgía casposa, provinciana y macarrónica de estelades a cuenta del Orfeó Català, la coral del Régimen.
Eufemismo de libro: «Hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia», ha afirmado el Soberano. (…) Con lo fácil que hubiera sido decir: tenemos que reformar de una puñetera vez la Constitución, a no más tardar, antes de que nos la reformen aquellos que quieren cargársela, y nos lleven a todos por delante, empezando por la Corona.
Aunque bien mirado ¿Para qué coño necesitamos una Constitución parcheada si la que tenemos se conculca? ¿No sería más lógico procurar hacerla cumplir antes de hacerla reformar? En Turquía no se respira mejor, por mucho que Erdogan haya relevado a una decena de sus ministros.
En El rey que rabió del maestro Chapí, la acción transcurre en un país imaginario que se parece mucho a España. Célebre es la indisposición intestinal que le entra a los consejeros de su Majestad cuando el monarca, aburrido como la mona Chita, tiene la ocurrencia de emprender una turné de incógnito por todo el país con el lúdico propósito de divertirse y de paso conocer la España real.
Temen los cortesanos que el rey acabará descubriendo que el cortijo entero es un camelo tirando a farsa de Rossini, que la Marina y el Ejército están a punto de rebelarse, que los diezmos son confiscatorios (pero no tanto como lo serían después, en tiempos de Cristóbal), y que el campesinado empobrecido clama por una revolución de los desposeídos.
Entonces traman un plan: uno de los consejeros ejercerá de canguro del rey, mientras que otro tomará la delantera e irá repartiendo dinero por los pueblos por donde su Majestad haya de pasar, para que a la llegada del monarca los encuentre de fiesta y tremolina. Y tal y tal…
Nos podemos poner estupendas con tal de huir de la realidad con una mentira; pero ojalá el de España fuera tan sólo un desajuste identitario nacional que tuviera fácil arreglo con una burda estratagema, y no una patología neuronal que se está enquistando en las meninges.
Spain’s Feast. Los vendedores callejeros del maestro Chueca ya no gritan ¡Agua, azucarillos y aguardiente! Madrid es testigo ausente de la decadencia irremisible de España; pero la música del organillo no consigue enjugar las lágrimas de Cibeles. Nadie está de humor para marcarse un chotis. Nobody, salvo Mariano, que parece el único habitante del Reino capaz de girar, como un chulapo, el tronco del body sobre su propio eje.
Da que pensar que ni Rajoy, ni ninguno de los políticos que nos desgobiernan, no la sociedad civil, hayan hecho méritos para estar en el once del año de la Gazzetta dello Sport.
«Cuando las palabras no bastan», bien pudiera ser el título de un folletín de Corín Tellado o de un capítulo de Lucecita. Pero es la descorazonadora conclusión que se puede extraer después de escuchar tantos alegatos navideños.
Triste consuelo podemos encontrar puestos a comparar el sermón de Zarzuela con el de Isabel II, La alegría de la huerta de Buckingham Palace, o con el mensaje navideño “alternativo” que soltó en Channel 4 el informático que trabajó de expía yanqui, Edward Snowden.
La corrala hispánica se retroalimenta de su incapacidad para sobreponerse a tanta mediocridad y maledicencia. Y así no va a haber manera de hacer tabula rasa de todos los lastres que le impiden levantar el vuelo. Ciclogénesis explosiva. ¡Qué oportunidad hemos perdido de reinventar el solar ibérico desde los cimientos, a partir de su destrucción total!
A España le vendría muy bien que le sucediera lo que al norteamericano que ha sido noticia por haber despertado en un hospital californiano, aquejado de la amnesia del tamborilero, hablando sueco y sin memoria de su pasado.
Rafa Nadal ha decidido arrancar la temporada en Abu Dabi en un torneo de exhibición; y este país nuestro sin remedio posible, la va a arrancar en el mismo pozo donde la acabó, con una nueva exhibición de ridículo. España entera es un carajal a treintayuno de diciembre, y volverá a serlo a vuelta de página de calendario. Del sainete, a la opereta. De Gigantes y Cabezudos. ¿Alguien recuerda la letra de La canción del olvido
Resulta comprensible que Monserrat Caballé (a la que todo le debe Cataluña y España) esté molesta con el maquillador y con el director del desternillante anuncio de la Lotería. Al uno y al otro deberían retirarles la licencia. Seguimos siendo un país de cuentachistes que no da para más; una verbena sin fin de galas tardofranquistas.
El villancico de España está por cantar. Y me temo que esta vez José Luis Moreno no se lo va a encargar a Raphael.
Que Sofía Vergara presuma de trasero, no tiene mérito, pues nunca estaremos suficientemente agradecidos con la señora madre que la parió; que lo haga Montoro, es una provocación, sabiendo, como dice Reina Reech, que «sin plumas, el desnudo pierde glamour».
Tanto dar la brasa, y al final está haciendo lo mismo que hizo José Blanco: criminalizar a los ricos para ahondar en la presión fiscal contra los asalariados de nómina. Digo lo que dice Joaquín Leguina, que «una fiscalidad injusta como la española, lo único que genera es mala leche».
España, Tierra de Lobos y de retóricas impostadas. Otro año más que nos quedamos sin aguinaldo todos aquellos anarcos -siempre dentro de un orden- a quienes nos la suda que España se haya situado en el punto de mira de lo más granado de la Lista Forbes. Maldita la gracia que le hace la noticia a los expatriados que han tenido que huir de esta tierra yerma de expectativas que también mancilló el talento del Poeta en Nueva York.
Ahora bien, que nadie espere un miligramo de pesimismo y desaliento en el último párrafo del año. Jodidos pero contentos, no podrán con nosotros. Me sumo a la última portada del año de El Cultural de Berasategui, Blanca, y de mi querido Anson: Contra el desánimo, excelencia.
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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