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Canal Nou no se comerá el turrón

lunes 30 de diciembre de 2013, 08:18h
Este pasado fin de semana se cumplía un mes desde que el gobierno autonómico valenciano optase por cerrar su televisión pública, ante la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Valencia que tumbaba el ERE y, en consonancia, obligaba a readmitir a los más de 1000 trabajadores afectados. Será, pues, el primer año que Canal Nou no retransmita las campanadas de Fin de Año; habrá que ver si en 2014 alguna otra sigue su estela.

No sería para menos. A la Generalidad no le quedó más remedio que echar el cierre al ente público de radio y televisión, habida cuenta de la imposibilidad que suponía hacer frente a los gastos de personal de semejante plantilla. Máxime, con la deuda que arrastraba, por lo demás desmesurada. A día de hoy, no hay una sola televisión pública autonómica rentable. Antes al contrario, son auténticas trituradoras de dinero público, con un coste anual que se aproxima en total a los mil millones de euros. Huelga decir lo útil que sería destinar semejante partida a educación, sanidad o gasto social, en lugar de servir de altavoz político de las diferentes taifas autonómicas. O, simplemente, que el ciudadano-contribuyente español tenga conciencia que ese gasto público improductivo va en detrimento directo de la creación de puestos de trabajo.

Aquí no hay distinción partidista que valga, ya que nadie se salva: CIU y PNV en Cataluña y Euskadi, el PSOE en Andalucía y el PP en Madrid y en Valencia han hecho de TV3, ETB, Canal Sur y demás sus respectivas correas de transmisión ideológica, con cargo a los bolsillos de todos. La dramática situación que ahora atraviesan los ya ex trabajadores de Canal Nou es responsabilidad exclusiva de una clase política que sigue tirando con pólvora del rey en lo que se refiere al despilfarro de dinero público. Más de una televisión autonómica debería hacérselo mirar.
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