Artur Mas pierde el partido
martes 31 de diciembre de 2013, 19:21h
Como todos los años por estas fechas, algunas selecciones autonómicas juegan partidos amistosos en sus respectivos territorios. Son menos de las que eran, por dos motivos fundamentales: la crisis y la falta de tirón. Es el caso del disputado por la selección catalana. Ante un rival del “empaque” de Cabo Verde, apenas 20.000 personas se congregaron en el estadio Luis Companys, con capacidad para casi 60.000. Lo que más pudo verse, pues, fue el cemento de las gradas vacías y no las banderas esteladas que portaban los asistentes.
Es lo que ocurre cuando la política se intenta imbuir en ámbitos que no le corresponden, como el deportivo. De hecho, política y deporte nunca han maridado bien, pese a los intentos nacionalistas. Los asistentes al partido de fútbol entre Cataluña y Cabo Verde posiblemente lo hicieron movidos más por intereses secesionistas que deportivos, y eso se nota. Precisamente, una de las consecuencias de una eventual secesión sería que el Barcelona dejaría de jugar contra el Real Madrid, Atlético de Madrid o Valencia para hacerlo contra el Hsopitalet o el Sant Andreu. Tampoco disputaría la Champions europea, ni el Mundialito de Clubes. Tendrían que quedarse para exhibiciones como la del Luis Companys ante Cabo Verde y unas gradas semi vacías: no hay metáfora que escenifique mejor el futuro de una Cataluña fuera de España.