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¿Hoy importa y aún interesa el zapatismo?

Marcos Marín Amezcua
miércoles 01 de enero de 2014, 18:23h
Nunca he sido simpatizante ni difusor de las ideas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y no lo seré a estas alturas del partido. Empero, no podemos obviar el vigésimo aniversario de su pronunciamiento, ocurrido el 1 de enero de 1994, pues al manifestarse abruptamente en Chiapas, su protesta le estalló en la cara a Carlos Salinas de Gortari, el presidente que olvidó que había muchos Méxicos qué atender, antes de contonearse presumiéndonos que nos conduciría al primer mundo, firmando un tratado de libre comercio con Canadá y los Estados Unidos. Porque bien reza el refrán: primero está comer que ser cristianos. El PRI de entonces no lo comprendió y dos décadas después parece estar en las mismas.

Así pues, el aniversario cae como anillo al dedo para cuestionar algunos tópicos en torno al zapatismo, desacralizándolo en la medida de lo posible y mientras la entidad en que surgió –saqueada por décadas en manos del PRI– sufría y sufre un atraso y una pobreza brutales, injusta e inmerecida, pese a ser la entidad acaso más rica en recursos naturales con que pueda contar México. Que aún existe el EZLN, es verdad y que todavía conserva los pasamontañas, también. Pero de eso a que sea influyente, hay un gran trecho. Todo hay que decirlo.

Tras veinte años, el estado mexicano de Chiapas ahora es “gobernado” por un sujeto nefasto –niñato inexperto–: Manuel Velasco Coello, que dilapida los recursos de la entidad no para bien de sus conciudadanos, sino para promover por todo el país su cara, su rostro, su jeta, porque no hallo cómo denominarla de mejor manera, sonriente el párvulo en tono más de burla o de frivolidad que de bonhomía, sin lugar a dudas; y digo “jeta” por resultar más que ofensiva e indignante a la ciudadanía mexicana, de forma abiertamente mayoritaria, tanto por su actitud como por su actuación, en un reto a la paciencia y a la tolerancia de los chiapanecos y de los mexicanos de bien. Se está gastando millones para decir que gobierna estupendamente, sin sabérsele un solo problema resuelto, pese a que su estado los tiene para aventar pa’rriba. El año antepasado pavoneaba sus amores en Nueva York, vía revistas del corazón, en vez de ponerse a trabajar. Proviene del desprestigiado partido Verde Ecologista de México, que ni verde ni ecologista y sí abiertamente salpicado de corrupción.

Con semejantes conductas no puede negársele razón al EZLN, que apremia soluciones a múltiples asuntos que las aguardan en Chiapas. La cosa pinta candente y el aniversario redondo ha servido para catapultar a un EZLN ahora muy diluido, que reporta nuevas amenazas y persecuciones a sus seguidores. La justicia social, aún muy precaria en Chiapas y que justificara el movimiento armado zapatista, no ha mejorado. Por eso sostengo que tal causa y tal reclamo son justos y son verdaderos los temas que plantea. Porque los pueblos indios poco han ganado; y que poco hemos cambiado hacia ellos, también es verdad y es una responsabilidad nuestra, no del EZLN; una indiferencia que debe avergonzarnos como país. Pero también poco ganaron tales pueblos, más allá de las tierras que sigue controlando el EZLN, por fuera del estado de Derecho y en una especie de limbo jurídico. El EZLN no ha sido eficaz en su lucha al suponer que una veintena de comunidades rurales en sus manos ahora gozan de más derechos, a menos que se reconozca que su liza era estrictamente local en sus pretensiones. Habrá quien lo justifique diciendo que lo importante es la utopía. No me convencen, porque el hambre y la necesidad no son utópicos.

El zapatismo sigue cubierto con un fuerte halo de misterio. El Subcomandante Marcos, poeta antes que guerrillero, jamás quiso desencapucharse ni conformar un partido político arguyendo que ante un sistema de partidos podrido, se corrompería el movimiento. Obviaba que las urnas podían poner las cosas en su sitio, barriéndolo como le sucedió a guerrillas de Guatemala y Colombia. O encumbrándolo, como le pasó al Frente Farabundo Martí en El Salvador, pero siempre mediando la voz atronadora de una urna que rehuyó, porque pagaba más mantener el mito de “todo México nos apoya”. No lo sabemos porque las urnas jamás lo han dejado claro. No supo leer los tiempos.

La situación anómala persiste y no hay funcionarios capaces de armonizar las demandas zapatistas con un sistema que garantice libertades, derechos humanos y sujeción y apego a la ley para todos, incorporándolos a un estado general de Derecho, asimilándolos al resto de los mexicanos. A cambio, los zapatistas mantienen como el que más y sin inmutarse, “sus comunidades”, “suyas de ellos” para que nos entendamos; un modelo que no lo incorporan a una estructura nacional, condenándose de cualquier forma a vivir al margen, y tal parece que han de permanecer bajo sus leyes y no bajo la ley general que ha de imperar en todos los mexicanos, si de verdad queremos un México más igualitario. Se amparan en un estado de excepción contraproducente.

Estamos en presencia de un callejón sin salida. Pero la lucha en discursos más que en escaramuzas, es tan local, que es su talón de Aquiles, porque las ideas zapatistas poco han calado más allá de Chiapas, por mucho que corran por internet. No incorporarse y no incorporarlos los hace más vulnerables y seguirá siendo endeble toda su obra. Justo por eso han arreciado las agresiones contra sus simpatizantes. Así, el Subcomandante Marcos ha sido rebasado por un país que no lo secundó en su día ni lo exalta en este vigésimo aniversario. Tal vez el zapatismo tiene más cartel afuera de México que adentro. Y en el exterior, según se mire.

Y para Chiapas no cambiarán las cosas con Manuel Velasco Coello al frente, con torpes maneras y carencia de oficio político. Miembro de la casta política que siempre ha gobernado Chiapas desde tiempo inmemorial, el personaje de frívolo comportamiento responde más a intereses del grupo empresarial de Salinas Pliego, que lidera a TV Azteca –la competencia de Grupo Televisa– para engullirse Chiapas, pues se dice que Velasco no ha llegado al puesto a servir a la sociedad chiapaneca, sino solo a servir a determinados intereses, dilapidando la ingente cantidad de ¡10 millones de dólares! en promover su imagen.

Al final la injusticia ha prevalecido, la desigualdad lacera y los políticos de todos los colores han gobernado Chiapas, sin que aquello mejorara en 20 años. En el fondo es muy penoso que así prevalezca la situación que el EZLN denunciara hace dos décadas. Desafortunadamente.

Pero con comunicados esporádicos, conjeturas, peso nulo del EZLN en la política nacional y por lo tanto, que vaya por allí sin influir de manera alguna en la determinación del rumbo del país –que sí, que eso es achacable a mil y un factores más– en muy poco ayudan al zapatismo para ser tomado más en serio. Y así, me resta recordar que hace veinte años el grito de batalla recurrente en pro de apoyar al movimiento del EZLN, consistía en una divisa de fácil difusión para encarnar y sumar a todos en una lucha que nacía y se gritaba a voz en cuello, diciendo: “¡Todos somos Marcos!” Dos decenios después sigo pensando lo mismo que el primer día que la oí y lo comparto aquí: “¿Todos somos Marcos? Bueno…yo sí. Ni idea tengo del resto.” A ello coloque usted enseguida mi guiño y una carita feliz. Que tenga un espléndido año 2014. Nos lo merecemos.
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